Una economía desacelerada no afecta por igual a todos los sectores. De hecho, a los bancos brasileños apenas les ha tocado el ‘pibinho’, como se le dice en el país al bajo crecimiento de los últimos trimestres.

En 2014, con un crecimiento de apenas 2,3%, los cuatro mayores bancos, Itaú Unibanco, Bradesco, Banco do Brasil y Santander, ganaron US$20.500 millones. Y siguen ganando: mientras el país entraba en recesión técnica durante el primer semestre de 2014, los cuatro grandes tuvieron rentabilidades de dos dígitos. Un 19,6% en el caso de Bradesco, según los datos publicados por el Banco Central. Si se amplía la mirada a los 96 mayores bancos que les siguen, la rentabilidad sigue siendo un potente 14%.

Erivelto Rodrigues, presidente de la consultora Austin Asis, sigue la banca brasileña desde hace tres décadas. Vio pasar el tequilazo, la crisis asiática, la rusa y la subprime, y afirma que la banca siempre ha logrado sortear los problemas. “Es difícil encontrar en la economía brasileña otro sector con tanta resiliencia”, afirma.

Los analistas atribuyen los buenos resultados de la banca, incluso en un entorno desfavorable, a ajustes introducidos en tiempos donde las vacas, si no gordas, estaban menos flacas que ahora. Según Rodrigues, los bancos están bien administrados e hicieron provisiones el año pasado, cuando el crecimiento comenzó a flaquear. “Provisionaron anticipándose a eventuales pérdidas, pero como la morosidad no se salió de control, están usando esos recursos ahora”, afirma el experto.

Rodrigues recuerda un patrón ya previsible a estas alturas: apenas salta la morosidad en alguna de las áreas de negocios, los bancos cierran el grifo. Fue lo que ocurrió en 2011 y 2012 en el financiamiento de vehículos y con los préstamos de capital de trabajo a empresas pequeñas y medianas, donde la morosidad aumentó. Los bancos endurecieron las condiciones en estos mercados y se volcaron a actividades de menor riesgo, como los préstamos por planilla y el financiamiento inmobiliario. Reforzaron también las exigencias de avales y garantías de manera horizontal.

lo que empujó los márgenes de todo el sector hacia arriba fueron las mayores tasas de interés, que aumentaron los spreads pese a que el crédito no se expandió como se esperaba. Los intereses más elevados también aseguraron buenos resultados de tesorería.

Los bancos estatales, en cambio, caminaron en la dirección contraria, “desempeñando un papel anticíclico e irrigando la economía desde 2008”, afirma Rodrigues. Tanto el Banco do Brasil como la Caixa Econômica Federal ganaron participación de mercado durante ese periodo, pero muchos analistas brasileños ponen en duda la calidad de sus carteras. Hay quienes sospechan incluso que su deterioro podría obligarlos a recapitalizarse.

Son los intereses. Pero lo que empujó los márgenes de todo el sector hacia arriba fueron las mayores tasas de interés, que aumentaron los spreads pese a que el crédito no se expandió como se esperaba. Los intereses más elevados también aseguraron buenos resultados de tesorería, y se sumaron a los ingresos por servicios, como fondos de inversión, de jubilación y de capitalización.

Robert Daniel Stoll, director de instituciones financieras de la agencia de calificación de riesgo Fitch, recuerda que los bancos brasileños también se han preocupado activamente de sus costos. Crearon comités con metas ambiciosas para estudiar las remuneraciones de los ejecutivos, que se tradujeron en “índices de eficiencia bastante impresionantes”.
Las inversiones en tecnología y autoatención, dos de las obsesiones del sector, son una estrategia para economizar en agencias y personal. “Los costos son como el cabello, siempre hay que cortarlos”, dice Rodrigues.

Stoll recuerda, sin embargo, que habrá importantes desafíos en los próximos meses. “El nuevo gobierno tiene que hacer ajustes para contener el déficit fiscal; tendrá que apretar un poco”, afirma. Según él, tomará un par de años recuperar las metas de inflación y alcanzar un umbral de crecimiento aceptable.

Moody’s fue una de las agencias que rebajaron la calificación de estable a negativa en setiembre. Al mes siguiente lo mismo se aplicó a las instituciones financieras brasileñas. Moody’s argumentó que el ambiente operacional más difícil, con un crecimiento por debajo del 1% en 2014 y levemente superior en 2015, y con una menor demanda de crédito, afectará los bottom line de los bancos.

La agencia estima el crecimiento de los créditos en 12% en 2014, por debajo del 15% obtenido en 2013. Si la economía sigue letárgica, la morosidad debiera aumentar también y sobrepasar el 3% actual. De ser así, los bancos debieran aumentar sus gastos debido a las mayores provisiones, aunque los más afectados serán los estatales.

Por el lado positivo, la holgada liquidez de los grandes bancos y la menor demanda de crédito reducirán las necesidades de fondos, lo que, a su vez, aliviará la presión por incrementar la capitalización para cumplir con las normas de Basilea III.
Pese a los buenos resultados de la banca, el nivel de rentabilidad anual promedio del sector difícilmente volverá al 25% de antes de la crisis mundial. Lejos se mantendrá también del 17% de 2010, cuando el PIB crecía a 7,5%. El ‘pibinho’ tarde o temprano los golpeará.