Por fin lo han aclarado oficialmente: quienes no han superado las pruebas de estrés planteadas por el Banco Central Europeo son 25 de las 130 grandes instituciones financieras examinadas. En total, tienen que hacer una recapitalización de 25.000 millones de euros. Doce instituciones financieras ya la han llevado a cabo. Así que solo quedan trece por tapar ese agujero contable.

¿Todavía no está claro? "Ha sido una prueba muy exigente que ha sido tomada muy en serio por todos los participantes", explica a DW el presidente de la autoridad financiera supervisora en Alemania, Elke König.

A mí, sin embargo, me ha dejado una impresión diferente. En el mejor de los casos, es un ejercicio gimnástico con un valor limitado a la hora de determinar la verdadera condición física de los examinados. En el peor, una intensa labor para seleccionar a qué bancos tendrá que comprar sus activos tóxicos el BCE de Mario Draghi, actuando como el máximo chatarrero financiero.

La prueba de estrés busca fundamentalmente saber si las reservas de los bancos son razonables en proporción al riesgo en sus préstamos y si lo seguirían siendo en caso de que la situación económica empeorara. Así, se simulan artificialmente las condiciones de una recesión económica o el estallido de una burbuja inmobiliaria.

Suena razonable. Después de todo, el BCE empezará el 4 de noviembre como supervisor bancario para las instituciones financieras más importantes de Europa. Y, naturalmente, no quiere arrastrar riesgos previos. Un error de diseño de estas pruebas, de todas formas, es que deja en gran medida a cada banco la evaluación del riesgo de sus propios activos. Es tentador, entonces, dibujar un panorama mejor del real.