Los números son más que claros: tras corroborarse un alza de 55,1% en el precio de los bienes agrícolas durante los últimos 12 meses, es innegable que sobre la deficitaria producción del campo venezolano descansa buena parte de la inflación que golpea el bolsillo de los consumidores venezolanos.

Y no es una exageración tal afirmación. El informe del Banco Central de Venezuela (BCV) correspondiente a diciembre de 2010 señala que los bienes agrícolas registraron un alza que supera en 102,5% la inflación general, mientras que supera en más de 21 puntos porcentuales el aumento de todo el rubro alimentos.

Desde que el Gobierno nacional dio inicio al plan de lucha contra el latifundio, a finales de 2004, han sido intervenidas más de 3 millones de hectáreas de tierra, de las cuales, apenas se encuentra en producción entre 50.000 y 100.000 hectáreas.

Si la comparación se realiza con respecto a los números de 2009, el resultado es más alarmante. Al cierre de ese período, los bienes agrícolas sufrieron un incremento de 18,4% y en 2010 fue de 55,1%, lo que significa que el alza del año pasado fue de casi 200% en relación con 2009.

Carlos Albornoz, director general de Fedeagro, es de la opinión de que este fuerte incremento de precios obedece no solo a la incidencia de la inflación general sobre la producción vegetal y pecuaria, sino también a estrategias erradas que han traído como consecuencia la destrucción del tejido agrícola del país.

"Apenas tres o cuatro rubros crecieron en 2010, pues la mayoría ha venido decreciendo de manera sostenida en los últimos años", afirma.

No se equivoca. Al cierre del 2010, Fedeagro reportó caídas de entre 11% y 60% en siete de los 12 principales cultivos del país. Solo en los tres cereales básicos (arroz, maíz y sorgo) la caída se calcula 46% por debajo de los números alcanzados en 2007.

"Se está acabando con la agricultura y eso no es un secreto", acotó Albornoz, cuya opinión concuerda con lo expresado recientemente por el experto en temas agroalimentarios Carlos Machado Allison, cuando señaló que las malas políticas aplicadas en los últimos años son la principal causa de la caída de la oferta nacional, lo que ha presionado el alza de los precios de los alimentos en general.

El resultado salta a la vista: en 2010 los alimentos registraron un aumento de precios de 33,8%, más de 13 puntos porcentuales del alcanzado en 2009, cuando el indicador cerró en 20,2%.

Ello pese a que el año pasado debieron verse los primeros resultados del aumento de la producción prevista en el Plan Integral de Desarrollo Agrícola (Pida) 2010- 2011, que estimó un crecimiento de 27,9% en el sector vegetal y de 14,4% para el pecuario, en comparación con las estadísticas de 2009.

Alza más que significativa. El director del Centro de Documentación y Análisis Social (Cendas) de la Federación Venezolana de Maestros, Oscar Meza, ofrece una razón más que convincente para medir el efecto del alza de los productos agrícolas en el bolsillo de los venezolanos.

"Antiguamente, la proteína animal consumía la mayor parte del presupuesto alimentario familiar, pero la regulación de precios y el congelamiento de éstos, ha hecho que hoy apenas represente 18% de ese presupuesto. Por el contrario, hoy las familias destinan 30,3% de su inversión en alimentos a la compra de frutas y hortalizas".

En otras palabras, casi un tercio del presupuesto familiar para los alimentos es dirigido a la adquisición de especies vegetales, lo que significa que el alza de estos rubros tiene un impacto mayor que otros en el gasto alimentario.

Los efectos del incremento de precios de estos rubros son más que significativos cuando se toma en cuenta que cerca de 60% del presupuesto de una familia promedio de cinco miembros está destinado a la adquisición de alimentos, por lo que cualquier alza en el precio de los nutrientes básicos reduce el monto disponible para cubrir el resto de las necesidades esenciales.

De aquí y de allá. La historia vuelve a repetirse. Como en años anteriores, las estadísticas del Banco Central dan cuenta de que producir en Venezuela resulta más costoso que importar.

El reporte sobre el Índice Nacional de Precios al Consumidor correspondiente a diciembre de 2010 señala que la inflación acumulada de bienes importados fue de 25,1%, dos puntos porcentuales por debajo del alza registrada por los bienes producidos en el país, cuyos precios se elevaron 27,1% en los últimos 12 meses.

Analistas del sector han tratado de explicar este desequilibrio, al señalar que mientras muchos productos (alimentos, medicinas, materias primas y bienes de capital, entre otros) pudieron ser importados a la tasa de cambio preferencial de Bs.F. 2,60 por dólar, buena parte de los productores nacionales debieron acudir al hasta ahora llamado dólar petrolero (Bs.F. 4,30) para realizar sus adquisiciones en el exterior.

¿De quién es la culpa? Una revisión exhaustiva de las cifras del BCV permite comprobar otra hipótesis: la cadena comercial no es responsable del alza experimentado por los bienes agrícolas el 2010.

El porqué de ello queda demostrado cuando se tiene que, según el ente emisor, los precios al mayor de estos productos se elevaron el año pasado 51,6%, lo que significa que solo 3,5% del alza de éstos puede ser atribuida a los minoristas.

En comparación, durante el mismo período, el precio de los productos avícolas y pecuarios a nivel de mayoristas subieron 21,2%; mientras que los pescados y mariscos solo subieron 20,2%.

Por otra parte, no puede atribuirse este fuerte incremento a la situación climática, pues -tal como afirma Carlos Albornoz- en 2009 el país vivió la peor sequía de los últimos 40 años y pese a ello el precio de los productos vegetales no subieron en la misma medida gracias a una cosecha bastante más elevada a la alcanzada en 2010.

Aclara igualmente que las inundaciones de finales del año pasado afectaron más de 27% de la superficie sembrada de hortalizas y cerca de 5% de otros rubros, lo que repercutió en los resultados del agro de 2010, pues los efectos reales de esa contingencia comenzarán a apreciarse en los próximos meses.

Sin embargo, tanto Albornoz como Manuel Cipriano Heredia, presidente de la Federación Nacional de Ganaderos (Fedenaga), atribuyen este resultado adverso a los procesos de confiscaciones y expropiaciones de tierras y empresas, así como a la inseguridad jurídica, que han obstaculizado la reinversión para el aumento de la producción nacional.

Heredia recuerda que desde que el Gobierno nacional dio inicio al plan de lucha contra el latifundio, a finales de 2004, han sido intervenidas más de 3 millones de hectáreas de tierra, de las cuales - según datos aportados por Machado Allison- apenas se encuentra en producción entre 50.000 y 100.000 hectáreas.