No es un secreto que las principales exportaciones chilenas son commodities sin gran valor agregado. Cobre y maderas con escaso procesamiento son sólo dos ejemplos. Por eso no es casualidad que un economista haya declarado hace algunos años que, si el país aspira a un desarrollo real, debe dejar de vender al mundo palos y piedras.

El recado está claro. Hay que sumar valor. Y aunque las cosas no han variado en lo general, sí hay quienes entendieron el mensaje. Un ejemplo es la tecnología Cu-Tech. ¿En qué consiste? Creada por Copper Andino y promovida junto al joint venture chileno-hongkonés ICC Biotech y Codelco, a través de INCuBA, este invento le saca lustre a las propiedades biocidas del cobre, eliminando hasta el 99,9% de bacterias, virus y hongos.

Si bien esa característica del metal rojo ya se conocía, lo innovador es la nanotecnología empleada: en un polímero –estructura molecular que puede almacenar materiales– se insertan sales de cobre y zinc, que puede aplicarse en distintos componentes para la prevención de infecciones por contacto.

Textiles como hilo, poliéster y nylon son algunas de los soportes que lo pueden alojar. También plásticos como ABS, EVA, policarbonato, polipropileno, polietileno y melamina, sin olvidar las resinas, siliconas y maderas. Por esta razón, su potencial comercial es difícil de cuantificar.

Como todo avance científico, Cu-Tech ha requerido validaciones. Para demostrar que elimina el 99,9% de virus, bacterias y hongos, fue testeado en el Hospital Changhai. Para ese recinto de la ciudad china de Shanghai se elaboró ropa de cama, vestuario y otros objetos de uso quirúrgico como mascarillas.

Como las pruebas arrojaron que la indumentaria mantiene su inocuidad para la piel y que, aún después de 60 lavados, sigue siendo 60% antimicrobiana, el uso de estos artículos se está expandiendo por todo el sistema hospitalario estatal de China.

Justamente una de las gracias de este invento es que, a diferencia de otros artículos que introducen cobre con fines biocidas, al incorporar sales de zinc en la nanotecnología, se consigue su inocuidad. Se evitan así efectos nocivos que el metal rojo podría provocar al contacto con la piel de las personas, como la enfermedad de Wilson, en la que el exceso de cobre en tejidos puede afectar al hígado y al sistema nervioso.

Lo de China es muy significativo, dice Jaime Ubilla, director legal de ICC Biotech. “Nunca había pasado antes. Vernos como fuente de tecnología y como un puente de relacionamiento con Asia Pacífico es algo que merece crédito”.

Se realizan, de igual modo, estudios para insertar en vidrio Cu-Tech, que por otro lado ya se incorporó en pinturas de inyección fina. Gracias a este avance, en los próximos meses saldrá a la venta el primer teléfono celular antibacteriano, en cooperación con una de las tecnológicas líderes de China.

Lo propio sucederá con uno de los más grandes fabricantes de computadores de la nación asiática. Pronto se podrían ver en el mercado carcasas, ratones, pantallas de monitores y teclados que eliminan hasta el 99,9% de los gérmenes. Y esto no es casual. El laboratorio sueco PegasusLab determinó que los teclados son como la Alameda de estos patógenos: por cada centímetro cuadrado de esas superficies se pasean 33.000 bacterias. Es decir, 260 veces más que en un inodoro.

Pero se trata de una excepción a la regla. Lo normal es que el metal rojo cruce las fronteras en forma de concentrado o cátodos. Por eso es que innovaciones como ésta constituyen uno de los caminos para sacar la máxima utilidad a la principal exportación local, dice Juan Carlos Guajardo, director ejecutivo del Centro de Estudios del Cobre (Cesco).

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También hay aplicaciones que han tenido éxito en Chile. En alianza con Copec, se vendieron 300.000 unidades de sandalias en una promoción que duró 45 días. Lo mismo sucede con Monarch, que fabrica al mes cerca de 120.000 pares de calcetines deportivos para niños con Cu-Tech. También, junto a Vicsa, se elaboró una línea de vestuario de seguridad industrial que incluye, entre otros, primeras capas, ropa interior, plantillas, zapatos, toallas, sábanas y guantes.

Si bien su aplicación en ropa lleva un tiempo en el mercado, el uso de cobre en artículos de baño y cocina con características antimicrobianas es totalmente nuevo. Los creadores firmaron un contrato con el retailer Sodimac para manufacturar estos productos.

Innovar y asociarse. Tanto la creación como la búsqueda de nuevos usos de esta tecnología requirieron de un intenso proceso de innovación, que hoy escasea en el mercado chileno. Para desencadenar estos procesos masivos, dice Guajardo de Cesco, se requieren capacidades de liderazgo y articulación que por el momento están ausentes. “Nuestra cultura tiene carencias a la hora de generar vinculaciones virtuosas y prima un tanto la desconfianza, que aniquila las soluciones cooperativas”.

Eso es precisamente lo contrario a lo ocurrido en esta propuesta. En su ofensiva por agregar valor, no sólo se unieron ICC Biotech, Copper Andino y Codelco. Además, sumaron alianzas para desarrollar y posicionar productos basados en Cu-Tech. Por nombrar algunos, en China figuran el estatal Centro de Innovación CIDI, la empresa S-Point, la escuela de negocios China Europe International (CEIBS) y el Centro de Innovación China LatinAmerica.

El futuro se auspicioso. Hay conversaciones con el mayor fabricante de filtros de aire del mundo y pronto se espera cerrar un trato para ingresar en una de las industrias deportivas de mayor arrastre en Estados Unidos.

La confección de este polímero es destacable, dice Orlando Jiménez, director de la sede chilena del Centro de Excelencia Internacional en Minería (Csiro). “Lo mismo que el esfuerzo que por años hizo Codelco para demostrar la biocidad del cobre”. Y los beneficios de la suma de valor agregado son indiscutibles. “Se crean puestos de trabajo más sofisticados, demandando mano de obra calificada que percibe remuneraciones mayores”.

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¿Y los millones? Cuantificar el monto de las inversiones involucradas en este proyecto es difícil, plantea Ubilla, de ICC Biotech. Pero, se trata de muchos millones de dólares destinados a investigación, implementación y registro de patentes a nivel global.

Sin embargo, el potencial de la tecnología y el próximo ingreso a Europa y Norteamérica, además de Asia, dan lugar a grandes expectativas. “Los flujos de los últimos 15 meses han comenzado a sostener la plataforma parcialmente”, dice Ubilla. De todos modos, a mediados de 2014 ya habrá cifras azules: “Para un emprendimiento tecnológico, lograr eso en tres años es bastante exitoso”, dice.

Los actores arriba de este escenario no están pensando en abrir las puertas a otros inversionistas. Pese a esto, el desarrollo de aplicaciones específicas podría requerir de capitales adicionales. “Tenemos flexibilidad para relacionarnos con todas las contrapartes para incursionar en estos ámbitos (…) Uno no puede hacerlo todo”.

Quizás esté llegando el momento de comenzar a dejar atrás la incertidumbre de la dependencia de la demanda externa por commodities, principalmente de China y vender al mundo más que palos y piedras.