La Paz. Los campos agrícolas y viviendas de 70 campesinos de la comunidad El Palomar, cantón del municipio Mecapaca, de la provincia Murillo en Bolivia, están en riesgo de desaparecer ante la crecida de las aguas de dos ríos, advirtieron este martes los damnificados por una tromba de barro y piedra.

Los comunarios analizan la posibilidad de evacuar a sus familias a una zona más alta, sin embargo, temen por su ganado. Son más de 300 personas, entre hombres, mujeres, ancianos y niños, que necesitan el resguardo para evitar daños personales ante otro desborde de los ríos. “Tenemos que protegernos a nosotros porque las autoridades nos abandonaron”, dijo uno de los vecinos.

A las 07.00 a.m. del pasado viernes, el río Kapaña se desbordó y el aluvión sepultó bajo una capa de barro y piedra, de entre 50 centímetros a dos metros de altura, 60 hectáreas de cultivos agrícolas y de flores, además de enterrar a cinco reses.

“Nuestra comunidad está en riesgo de desaparecer. Ya son tres días de desastre y las autoridades no hacen nada por nosotros. Hemos tenido que ir a tocar puertas para que nos atiendan porque necesitamos con urgencia maquinaria pesada”, afirmó el ejecutivo del Sindicato Agrario de la comunidad, Andrés Pongo.

Dicho fenómeno fue provocado por una intensa lluvia que duró unos 15 minutos, según testimonios recogidos en el lugar. En una visita al lugar, se constató que la limpieza de los campos afectados es imposible sin la intervención de maquinaria pesada, que aún no había llegado al lugar.

“La Alcaldía (de Mecapaca) sólo tiene una retroexcavadora, una topadora, una volqueta y una pala mecánica con lo que debe atender a las 38 comunidades del municipio. Por eso queremos que el lugar se declare en emergencia para que la Gobernación de La Paz nos pueda ayudar a construir defensivos para que no haya más daños a nuestras viviendas y terrenos”, dijo el secretario de Previsión Social del Sindicato Agrario de El Palomar, Juan Poma.

La falta de defensivos en los ríos Kapaña y La Paz amenaza a las viviendas y a los campos agrícolas. Los habitantes de este cantón explicaron que el barro y las piedras son parte del material de construcción de la carretera que se construye en la parte alta de este valle, que unirá Mecapaca con El Palomar.

La tierra de cultivo y las viviendas no cuentan con la protección de muros defensivos que puedan evitar la arremetida de otro torrente similar. “Tenemos miedo de que vuelva a llover. Más bien en estos días no ha pasado nada y hemos podido hacer algo para proteger nuestras casas y lo poco que queda en cultivos”, explicó Gregorio Castillo Pati, uno de los agricultores afectados.

La falta de prevención no sólo pone en riesgo el ganado y los cultivos, sino la integridad de los habitantes de la zona. Los comunarios temen por sus hijos pequeños que los acompañan en sus tareas agrícolas. Aseguran que otra riada puede ser letal para ellos.

“Hay toros que han quedado totalmente enterrados por la piedra y el lodo, no los hemos podido rescatar porque están a más de dos metros de profundidad. ¿Se imagina lo que podría pasar con uno de nosotros o con nuestros hijos?”, dijo Zenobio Sejas afectado que perdió tres cabezas de ganado en su parcela.

Los damnificados se han organizado en cuatro comisiones y construyen defensivos precarios con piedras y ramas de árboles en distintos puntos del curso del río Kapaña, donde se ve un solitario tractor que hace el trabajo de dragado.

Pérdidas. Cada familia ha perdido un promedio de Bs 5 mil en cultivos, según dicen sus dirigentes, y dos debieron lamentar la muerte de cinco toros (a razón de dos y tres) cotizados en Bs 7 mil cada uno. En algunos casos se han pedido cultivos que debían ser cosechados durante estos días como el choclo, el repollo, la betarraga y la acelga.

“Cotizamos el arado de la tierra en más de Bs 1.000 y el resto invertimos en mano de obra, abono y semilla. El trabajo de seis meses no se podrá recuperar y necesitamos la ayuda del Gobierno para tener provisiones y alimentos debido a que hemos perdido casi todo”, comentó Castillo.

Los comunarios dicen que tardarían tres meses en recuperar los terrenos de labranza porque el barro que los cubre tiene gran cantidad de salitre. La tierra para el trabajo agrícola está dañada y los damnificados creen que sus parcelas dejaron de ser cultivables y requieren de un tratamiento a largo plazo.

Los afectados están dispuestos a poner la mano de obra para la construcción de muros defensivos y la operación de la maquinaria pesada. Afirman que necesitan al menos tres retroexcavadoras para el cavado de zanjas y la limpieza del lodazal.

Ayer, una comisión conformada por dirigentes del sindicato agrario de El Palomar viajó a La Paz y solicitó a través de un memorial al gobernador, César Cocarico, que declare estado de emergencia en el municipio de Mecapaca.

“Nos reunimos con técnicos en Secretaría General y nos adelantaron que tendremos una respuesta hasta este viernes. Nos parece mucho tiempo porque requerimos de una ayuda inmediata. Estamos pidiendo una audiencia con el Gobernador para que se considere en la Asamblea Departamental la declaratoria de emergencia”, explicó Poma.

Cultivos de Choclo, los más afectados. Los cultivos más afectados por la tromba de barro y piedras en El Palomar, Mecapaca, son de choclo. Se calcula que este producto representa el 65% de toda la producción en las 60 hectáreas afectadas. Es choclo que se comercializa en La Paz y debía ser cosechado la segunda semana de enero junto con el repollo, que representa el 20% de todos los cultivos. El restante 15% son otras hortalizas, verduras y flores. En la zona se cultiva el girasol y las rosas para el mercado local.

Daños. Sus dos toros quedaron enterrados bajo el lodo Zenobio Sejas sólo se quedó con las pitas con las que amarró a sus dos toros, sepultados por las piedras y el lodo. La pérdida implica un gasto de inversión de Bs 14 mil por los animales y Bs 5 mil por sus sembradíos de hortalizas y choclo. El comunario pide víveres para alimentar a su familia en el transcurso de este año.

20 lugareños construyen a mano los defensivos
Una cuadrilla de 20 lugareños construye a mano un defensivo sólo con ramas y piedras para resguardar 20 hectáreas de terreno que está cerca del lugar donde se encuentran los ríos Kapaña y La Paz. La ausencia de maquinaria pesada hace que el trabajo sea precario y que no garantice que otro aluvión vuelva a afectar los terrenos.

Sólo una pala cargadora encauza el río Kapaña
La falta de maquinaria pesada impide que los trabajos avancen rápido en los ríos Kapaña y La Paz. Los afluentes que riegan los cultivos se constituyen en una amenaza real para más de 70 familias asentadas con sus cultivos en el cantón de El Palomar en Mecapaca, municipio que desplazó hasta el río Kapaña su única pala cargadora.

Los maizales están enterrados bajo el lodo
Una hectárea enterrada bajo una gruesa capa de barro es lo único que se ve de lo que hasta el viernes pasado era una huerta de maíz. Comunarios, como el de la foto, no pueden rescatar sus productos que fueron cultivados desde hace seis meses y que estaban casi listos para la cosecha. La pérdida familiar supera los Bs 5 mil.