En agosto de 2010 Eduardo Uribe, un analista de la calificadora de riesgo Standard & Poor’s en Ciudad de México, tenía los ojos fijos en los resultados de Molymet, el mayor productor de molibdeno del mundo. La empresa chilena, calificada por la agencia desde Buenos Aires, estaba lanzando un bono por US$ 100 millones, su segunda emisión mexicana.

¡Resultado? Más de 400 inversionistas se presentaron, los pedidos superaron la emisión en 1,32 vez y el bono (a cinco años) alcanzó un spread de 135 puntos base sobre la tasa de interés interbancaria. Tras este éxito, los planes son emitir deuda en Brasil y Colombia.

El círculo virtuoso por el que atraviesan las economías emergentes, sumado a la estrechez económica de las potencias, hacen que aparezcan condiciones más ventajosas en la región a la hora de financiar proyectos. Esto explica el auge de los azteca bonds, inca bonds y huaso bonds. “Quizá muy pronto veamos compañías colombianas o peruanas emitiendo en mercados como Chile, Brasil, México”, dice Uribe.

Según un informe de Standard & Poor’s, de aquí a 2015 vencerán US$ 69.000 millones en deuda de empresas latinoamericanas. Casi el 45% está denominado en moneda extranjera, y cerca de 40% tiene calificación de grado especulativo.

“Las compañías tendrán que refinanciarse”, dice Uribe, autor del estudio. Agrega que la mayor parte de los vencimientos se producirá en 2014 y 2015, pero generalmente las compañías se anticipan al menos en un año con nuevas emisiones. “Esperamos que muchas compañías empiecen a refinanciar en 2012”.

¿Dónde lo harán? Tradicionalmente, Estados Unidos y los mercados desarrollados han sido atractivos por su profundidad, pero tienen altas exigencias de calificaciones y montos de emisión mínimos. Con la crisis, algunos se cerraron y otros operan con altos costos. “Eso está beneficiando el financiamiento en algunos países de América Latina”, dice Héctor Pérez, vicepresidente de Banca de Inversiones y Corporativa de Scotiabank, en Santiago. Ve un menor financiamiento corporativo desde Asia y Europa, y un mayor apetito por deuda con alto grado de calificación crediticia.

“Los volúmenes que se colocan hoy en el mercado local son mucho mayores de los que se colocaban 10 años atrás”, dice Gonzalo Ferrer, director ejecutivo de Celfin Capital. En 2009 se colocaron en Chile unos US$ 7.000 millones en bonos corporativos, prácticamente el doble que en 2008 y casi tres veces el promedio de años anteriores.

Durante los últimos años, además, la demanda de fondos institucionales por invertir en papeles locales ha crecido mucho. En Chile, los fondos de pensiones ya suman US$ 150.000 millones. En México alcanzan US$ 110.000 millones y la regulación obliga a invertir buena parte de los recursos en renta fija. Según Uribe, cerca del 40% de ese dinero se invierte en deuda de compañías del mercado local. “Hemos visto una tendencia de las compañías a diversificar sus fuentes de fondeo: en México, Colombia, Brasil, Perú y Chile están tratando de refinanciar sus deudas en mercados locales, donde pueden tomar plazos largos gracias al interés de los inversionistas institucionales”, dice. Las colocaciones de empresas latinoamericanas en Estados Unidos y Europa que han crecido son de corto plazo, aclara. “Los inversionistas buscan sólo bonos de este tipo, porque las expectativas son que las tasas de interés suban”.

 

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Otro factor son las multilatinas. “Las empresas son cada día más globales y se financian en los mercados que les ofrecen las mejores condiciones”, dice Sebastián Cereceda, gerente de Finanzas Corporativas del banco de inversión chileno LarrainVial.

Tener operaciones en mercados con monedas distintas las obliga a buscar financiamiento en esas monedas para disminuir el riesgo cambiario. Es el caso de los retailer chilenos, como Cencosud y Falabella. “Esta última comenzó a operar con el nuevo sol, y para evitar descalces buscaron financiarse con bonos en soles en Perú”, dice Cereceda.

Según el gerente de renta fija internacional del banco chileno Penta, Christian Villouta, deberían comenzar a verse más colocaciones de bonos corporativos en países distintos al de origen, tomando mayor importancia operaciones en yuanes chinos y reales brasileños. “Brasil tiene tasas de interés altas, lo que hace que muchas empresas brasileñas miren los mercados extranjeros”, agrega.

La moneda que usen las empresas va a estar determinada en una buena parte por la tasa de interés de cada mercado y el impacto que ella trae en su costo de capital. Como atractivo también se agregan monedas e instrumentos de países latinoamericanos que tienen un mercado de capitales robusto, entrando en esa categoría Perú y Chile, según Pedro Silva, gerente de División Finanzas e Internacional del banco Corpbanca.

Por otro lado, emitir en el mismo lugar en que se invierte también tiene un sentido político: cuando las empresas tienen inversionistas locales, no son miradas por las autoridades locales como extranjeras, lo que para muchas es una ventaja. Además, el inversionista local está más dispuesto a invertir en una empresa que conoce respecto de un extranjero, alejado de la información del entorno, los negocios y la economía local.

Sin embargo, muchos de los ejecutivos consultados coinciden en que la burocracia de algunos mercados es un freno. Cuando se emite en otro país, se deben incorporar todos los costos: legales, auditores, requerimientos de información al mercado local, impuestos y derivados. Por ello los países de la región deben avanzar en destrabar regulaciones e integrar sus mercados de capitales. En 2009 el banco chileno Corpbanca estuvo cerca de emitir un bono en Perú, cuando las condiciones financieras lo hacían atractivo, pero la operación se congeló. “El proceso de inscripción duró más de lo presupuestado, y las condiciones cambiaron”, dice Pedro Silva, quien añade que la operación se reactivará cuando las condiciones hagan más atractivo emitir en Perú que en Chile.

Además, para masificar las emisiones, debe haber mercados de derivados desarrollados y líquidos. “Se necesita hacer swap entre monedas latinoamericanas a dólares y, mientras más largo es el periodo de extinción del bono, es menos profunda y menor también la posibilidad de encontrar bancos en el mundo que te ofrezcan el swap”, advierte Pérez, de Scotiabank. Por eso, aún es difícil competir con EE.UU., donde el universo de inversionistas y la liquidez son aún inmensamente superiores.