Nueva Orleans. El plan "top kill" de BP no ha detenido el derrame y la empresa evalúa si continuar con él o buscar una nueva solución, dijo el sábado el encargado de operaciones de la empresa Doug Suttles.

"No creo que la cantidad de petróleo saliente haya cambiado", reconoció Suttles mientras se cumplían 40 días del accidente que provocó el derrame de petróleo en el Golfo de México.

La catástrofe le ha costado a BP su reputación y US$940 millones hasta el minuto, y dejó al presidente estadounidense, Barack Obama, intentando persuadir a los residentes de Luisiana de que el gobierno puede manejar la crisis.

La compleja maniobra comenzó el miércoles e involucra inyectar fluidos pesados y otros materiales al agujero del pozo para contener el vertido.

BP dijo, según reportes, que necesitaba entre 24 y 48 horas adicionales para saber si la operación tiene éxito, pero evitó de dar un estimado de tiempo exacto el sábado.

"Lo que necesitamos saber es, ¿será exitoso? y si creemos que sí será, continuaremos. Si pensamos que no, es tiempo de pasar a lo siguiente", aseguró Suttles.

Los atormentados residentes de Luisiana escucharon el viernes al presidente Barack Obama y al presidente ejecutivo de BP, Tony Hayward, en visitas separadas a la costa del Golfo de México mientras intentan manejar una crisis que daña la credibilidad tanto del gobierno como de BP.

Obama, quien enfrenta críticas de que respondió muy lento a la catástrofe ambiental en el Golfo de México, aseguró a los residentes de Luisiana durante su visita de cinco horas que "no serán abandonados" y que la responsabilidad es suya.

Hayward, en una visita al lugar en que se encontraba la plataforma que estalló el 20 de abril y que dejó 11 trabajadores muertos desatando el derrame, había dicho que el gigante energético necesita hasta dos días más para determinar si la operación "top kill" detendrá definitivamente la filtración.

El procedimiento "top kill" involucra la inyección de fluidos pesados, material y cemento al pozo para contener el derrame. Nunca ha sido hecho antes a tal profundidad, cerca de 1,6 kilómetros bajo el nivel del mar.

Hayward había descartado las preocupaciones sobre las demoras, que inquietaron a los inversores y llevaron a las acciones de BP a caer un 5% el viernes.

"Estamos continuando porque estamos logrando avances", dijo Hayward en una nave de perforación en el lugar, mientras le goteaba la transpiración desde un casco plástico de seguridad de BP.

Obama está atrapado en una situación difícil: No hay mucho que pueda hacer sobre el pozo más que presionar a BP para que haga las cosas bien y poner a sus mejores científicos en el cuarto. El gobierno no tiene tecnología propia para trabajar en aguas profundas.

La situación no es desconocida para la gente de la costa de Luisiana, un centro de la industria petrolera de Estados Unidos y ahora el lugar del mayor derrame de crudo en la historia del país, luego de que superó al desastre del Exxon Valdez de 1989 en aguas de Alaska.