Brasilia. El gobierno de Brasil desconectará este mes, cuatro usinas termoeléctricas conectadas a fin del año pasado en medio de la emergencia energética causada por la escasez de lluvias, anunció este lunes el ministro de Minas y Energía, Edison Lobao.

Serán desconectadas las usinas Potigar 2 y 3, en el estado de Río Grande do Norte, y Pau Ferro y Termomanaus, en Pernambuco, las cuatro más caras de todo el sistema.

"En esas cuatro usinas, por ser realmente muy caras, más de 1.000 reales (US$500) por megavatios/hora, vamos a economizar aproximadamente de 80 a 100 millones de reales (US$40 a US$50 millones) por mes. Es una economía significativa", afirmó.

La decisión de desconectar las usinas se debe a que los reservatorios de agua de las usinas hidroeléctricas están recuperando niveles satisfactorios, suficientes para reducir parcialmente la producción de energía en base a la quema de combustible.

"Imaginábamos que llegaríamos al final del período de lluvias con 50 a 55% de almacenamiento en los reservatorios del Sudeste/Centro-Oeste, pero llegamos a 63%, mucho más de lo que esperábamos", explicó.

A pesar de ello, el gobierno mantendrá en operación parte de las usinas térmicas, en especial aquellas que usan combustible más barato, como las movidas a gas.

De acuerdo al Operador Nacional del Sistema Eléctrico (ONS), las represas hidroeléctricas del del sistema Sudeste/Centro-Oeste, responsables por 70 por ciento de la energía que abastece Brasil, llegaron al final de abril con 62,4% de almacenamiento de agua.

Aunque es el nivel más bajo de los últimos doce años al final del período de lluvias, es casi el doble del registrado en abril de 2001, cuando Brasil sufrió la peor crisis energética de las últimas décadas, obligando al gobierno a decretar el racionamiento de energía.