Cuando el enérgico thriller policiaco Elite Squad II se estrenó en los cines brasileños a principios de octubre, no fue ninguna sorpresa que se lograra una taquilla récord de R$ 14 millones (US$ 8,23 millones) y contara con la asistencia de 1,3 millones de espectadores en el primer fin de semana que se mostraba la película. La euforia en torno al estreno de la secuela del éxito de 2007 -premiado con El Oso de Oro en el Festival de Cine de Berlín al año siguiente- era grande y la expectativa inmensa, al mismo tiempo que se hacía evidente el hecho de que la industria brasileña no está sólo evolucionando, también está volviéndose más rica.

La situación económica de la industria cinematográfica brasileña nunca ha sido mejor. En los sectores de medios y de entretenimiento, las inversiones locales y extranjeras están creciendo gracias a una apuesta cada vez mayor en una clase media y con tiempo y dinero para ir al centro comercial a ver una película acompañada de una bolsa de palomitas, o sino escoger algunas películas para verlas en casa. En 2009, 113 millones de brasileños fueron al cine, frente a los 89 millones de los dos años anteriores y cerca del récord de 117,4 millones de 2004, según datos de Filme B, empresa de investigaciones del segmento cinematográfico con sede en Río de Janeiro. Los brasileños gastaron R$ 970 millones (US$ 570 millones) en las taquillas el año pasado, por encima de los R$700 millones gastados en 2007 y 2008, y más del doble que hace diez años (R$ 357 millones).

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Pero el floreciente negocio del cine en Brasil aún está lejos de convertirse en lo que realmente desea ser: una respuesta latinoamericana a Bollywood.

El Bollywood indio produce y comercializa miles de películas propias, haciéndose en Bollywood, y no en Hollywood, más del 90% de las películas que se ven en India. En Brasil, menos del 14% de las películas son producidas en el país. Para cambiar ese escenario, Brasil no sólo requiere un flujo mayor de capital extranjero y local, sino también una infraestructura de mayor tamaño que sirva de respaldo a la industria.

Luz, cámara, más acción. El gobierno brasileño decidió inyectar vida nueva en la industria nacional de cine hace cerca de seis años, a través de una ley federal que permite al inversor extranjero adquirir participaciones en las películas brasileñas. Desde entonces, empresas de inversiones de São Paulo, como el Grupo Lacan, y grandes bancos crearon nuevos productos de inversión llamados "Funcines". BNY Mellon está en proceso de suscribir uno de esos fondos, según informaciones de la CVM, órgano regulador de la bolsa brasileña. 

En 21 de septiembre, el valor de los Funcines en el mercado llegó a R$ 130 millones (US$ 76,5 millones), frente a R$ 100 millones en 2009. En el momento en que el proyecto suscrito por BNY esté listo y funcionando, 2010 marcará un año récord para el capital privado invertido en la industria. "La industria de cine está experimentando una gran transformación y buena parte de ese cambio es obra del gobierno", dice Bruno Wainer, director de Downtown Filmes, distribuidora brasileña de tamaño medio que financia la adquisición de los derechos de distribución de películas nacionales e internacionales en asociación con el Grupo Lacan.

Prácticamente todo el mercado cinematográfico brasileño está en manos de la ley audiovisual del gobierno. Productoras de todos los tamaños salen en busca de un guión, o lo escriben ellas mismas, y entonces lo envían al gobierno con una solicitud de financiación. Los inversores privados están protegidos en gran medida de las pérdidas derivadas de un posible fracaso en las pantallas, ya que el gobierno paga buena parte de la cuenta. Los críticos dicen que eso hace que Brasil tenga un modelo cinematográfico similar al europeo, al capricho de los directores, a diferencia del modelo americano más preocupado en garantizar la rentabilidad y otros flujos de ingresos como, por ejemplo, marketing y venta de DVDs.

Respecto al sistema del Funcine, éste permite que las empresas destinen hasta un 3% de sus impuestos federales a fondos que inviertan en programas culturales. Algunas empresas invierten ese capital en el teatro, otras en museos y un número cada vez mayor de ellas en el cine. Otro país que administra la financiación de su industria de cine del mismo modo es México. Además de la financiación directa de proyectos de películas a través de entidades gubernamentales, México tiene también un sistema de financiación de películas llamado "Efecine".

En 2004, sólo había un Funcine en Brasil, que recaudó R$ 3 millones gracias a una financiación concedida por el Banco de Brasil, controlado por el gobierno. A finales de 2010, habrá cerca de US$ 180 millones invertidos en tres nuevos Funcines, según datos de la CVM. Los fondos tienen vida corta, generalmente de tres años. Casi todos invierten en películas ya autorizadas por los productores y cuya financiación está prácticamente cerrada. Fondos como esos gestionados por el Grupo Lacan son exclusivos para Downtown Películas. El Grupo Lacan recaudó más de R$ 150 millones para Downtown en los últimos tres años. Otros Funcines invierten en participaciones de películas que consideran comercialmente factibles. Otros fondos en proceso de estructuración piensan en invertir directamente en nuevas compañías de cine.

"El gobierno aprendió a usar con sabiduría los recursos públicos", dice Wainer, de Downtown, al referirse a la acción tributaria disuasoria aplicada al sistema. "El Funcine agrega valor al sector y ayuda a diversas empresas de tamaño medio que están intentando aumentar de forma orgánica su participación de mercado", dice él. "El sector está madurando y ya estamos viendo análisis más serios realizados para proyectos de películas. Aún hay mucho que hacer, pero estamos caminando en la dirección adecuada".

¿Magia del cine? Todo eso sucede en un momento en que el futuro de los medios y del entretenimiento en América Latina parece prometedor. De acuerdo con un informe de la empresa de servicios de consultoría ProcewaterhouseCoopers (PwC), el gasto del consumidor en cine en América Latina deberá aumentar a una tasa de crecimiento anual compuesto (CAGR) del 5,2% en los próximos cinco años, llegando a US$ 3.100 millones en 2014, siendo Brasil responsable de más de un tercio de ese total. En comparación, PwC prevé que el gasto del consumidor chino en cine alcance el montante récord del 16% de CAGR, o US$ 2.600 millones, y la India, un 12%, o US$ 3.400 millones.

"La escala y las oportunidades son mejores en India y en China, pero nosotros preferimos quedarnos por aquí", dice Vinicio Espinosa, director de operaciones de la start-up Corisco Films, de Río de Janeiro. Antes de mudarse a Brasil, Espinosa pasó dos años y medio en programas de desarrollo empresarial en busca de préstamos para MGM Studios, en Los Ángeles. "Es una cuestión de gusto y de know-how. El crecimiento aquí es excepcional en nuestra opinión", dice él. "Los inversores siempre escogen el país que conocen mejor, y nosotros conocemos Brasil".

Pero Brasil continúa siendo relativamente desconocido en el showbiz. El país no tiene estrellas de primera línea como en Hollywood y Bollywood. Solamente una estrella de Brasil ha pasado del cine brasileño a Hollywood con cierto éxito: Rodrigo Santoro. El actor se gana la vida de forma razonable como actor secundario y fue premiado con un MTV Award en la categoría de Mejor Villano por su papel en 300, de 2006. Santoro también encarnó a Raúl Castro en Che, película en dos partes de Steve Soderbergh, en 2008 y 2009. Lo película cuenta la historia del revolucionario latinoamericano Ernesto Che Guevara. El director más famoso es Fernando Meirelles. Él es dueño de 02 Filmes, de São Paulo, y ha dirigido películas lanzadas internacionalmente con estrellas de Hollywood como El jardinero fiel, con Ralph Fiennes y Rachel Weisz, y Blindness, con Julianne Moore y Mark Ruffalo.

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"Debido al largo historial de incentivos dados por el gobierno para mantener la industria viva, el cine aún no es tratado como commodity en Brasil, tal y como en Hollywood", dice Nicholas Bernstein, CEO de Corisco Films de Nueva York. "Las compañías cinematográficas ganan dinero con la publicidad. Es el caso de 02 Películas (...) reconocimos, sin embargo -y yo creo que 02 Películas también- que hay un potencial internacional tremendo para Brasil en el segmento de guión y producción de películas comerciales para el mercado local. La primera gran película de Meirelles, Ciudad de Dios, costó cerca de US$ 2,3 millones y produjo unos retornos de US$ 50 millones en todo el mundo. Otra película brasileña muy elogiado por la crítica, Central de Brasil, costó US$ 3 millones y recaudó US$ 35 millones en todo el mundo.

El año pasado, Costa Films de Argentina -propiedad de Eduardo Constantini, magnate del sector inmobiliario que se hizo cineasta-adquirió Bananeira Films, estudio de cine brasileño independiente, y formó Costa Films Brasil. La empresa produjo recientemente Lula, que retrata la vida del presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Se trata de la película brasileña más cara producido hasta ahora. Costó R$ 17 millones (US$ 10 millones) y se distribuirá en todo el mundo el año que viene. Además, es la película brasileña inscrita para los Oscar de 2011. Constantini es, sin lugar a dudas, uno de los más ambiciosos productores latinoamericanos jóvenes. En 2006, él se unió al financiero mexicano Alex García y The Weinstein Company, uno de los estudios de cine de mayor éxito de Nueva York, para crear un fondo cinematográfico latinoamericano. Su primera coproducción fue Elite Squad, en 2007, el primer éxito de taquilla brasileño en el segmento de drama policial.

Pero, las megaproducciones de Hollywood dominan las salas de cine brasileñas. Sólo dos películas brasileñas se situaron entre las diez de mayor recaudación de taquilla en los primeros nueve meses del año, de acuerdo con Filme B: una sobre una banda de música llamada Titãs y otro sobre el líder del espiritismo Chico Xavier.

Todo o nada. Lo que más desea la industria para las películas nacionales es un estilo de prosperidad semejante al de Bollywood, porque no tiene sentido invertir aquí si todo lo que llega a la pantalla son producciones de Hollywood. Pero, aunque hubiera un volumen mayor de películas producidas en Brasil, eso no significa que todas sean rentables. Incluso Bollywood puede dar pérdidas a los inversores".

Todavía es muy difícil obtener retornos sobre las inversiones de cine en India", dice Alisdair Ritchie, director de investigaciones de Dodona Research de Reino Unido. "Aunque el cine tenga potencial de crecimiento en Brasil, observamos actualmente que la mayor parte de las inversiones tienen como objetivo ganar presencia en las pantallas de los cines; otras son coproducciones con grandes estudios americanos, como los estudios Disney", que coprodujo la versión brasileña de su éxito High School Musical.

Hay más historias brasileñas produciéndose actualmente, y que tienen éxito en el país. Ejemplo de eso es la comedia sobre una pareja que cambia de sexo y de papel social titulada If I Were You and later If I Were You 2. Éxitos como los de esas películas producidas en el país están atrayendo a las personas al cine.

"Es muy importante que haya películas producidas en el país, porque hay público al que no le interesa las historias producidas por Hollywood", observa Valmir Fernandes, presidente de Cinemark International, operadora de 425 salas de cine y de cerca de 5.000 pantallas en el continente americano. "Si ese mercado no tuviera un Chico Xavier, él no iría al cine y nos privaría de una gran oportunidad. Esas personas no verán los nuevos trailers y es poco probable que se sientan motivadas a ir al cine", dice.

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Cinemark llegó a América Latina en 1993 con una sala de cine en Santiago, en Chile. Con un 12% de aumento en el volumen de negocios en los primeros seis meses del año, hasta un total de US$ 1.000 millones, América Latina fue responsable de cerca de un 30% de los ingresos de la empresa en el primer semestre de 2010, frente a un 24% en 2009. Brasil representa un 52% de los ingresos obtenidos en América Latina en 2009. Cinemark trabaja con cerca de cinco a ocho proyectos anualmente, modernizando o construyendo complejos de salas enteramente nuevas en todo Brasil, inclusive salas de exhibición para películas en 3D. La empresa cuenta con 428 pantallas de cine en Brasil, frente a 286 en México.

Cinemark no es la única operadora de cineplex que ha puesto sus ojos en Brasil. Cinépolis, la mayor cadena de cineplex de México con más de 2.000 pantallas en toda América Latina, llegó a Brasil en julio y planea abrir ocho cines antes de final de año, según informaciones de la propia empresa.

Según dice Fernandes, de Cinemark, "México es el mercado más desarrollado con pantallas de cine en todas las ciudades. Brasil está lejos de eso, por lo tanto las oportunidades son grandes en este país".

A principios de verano, el gobierno volvió a la carga con nuevos incentivos. Esta vez para empresas como Cinemark. En junio, el presidente Lula suscribió una medida provisional para un programa bautizado Un cine cerca de usted, cuyo objetivo es incentivar la construcción de más cineplexes en ciudades menores con exención de impuestos y financiación especial del Gobierno para la construcción de nuevas salas.

Pero no se sabe aún si esto será suficiente para abrir las puertas a la llegada de inversiones. "Hemos observado el flujo de dinero rumbo a los mercados latinoamericanos de private equity", dice Keyer Patel, socio de Fuse Capital, de Mumbai, empresa de medios y comunicación de California. Patel cerró un acuerdo este año con la productora americana Relativity Media India, primera inversión de Fuse en Bollywood. Patel dice que Fuse no está haciendo lo mismo en América Latina, pero eso tiene que ver principalmente con el hecho de que ninguno de los miembros del consejo de la empresa tiene conocimiento de la región.

En cuanto a la posibilidad de que Brasil se convierta en otra Bollywood, Patel dice tener dudas. "Todo es relativo. Las inversiones en películas son un riesgo muy grande en cualquier país", dice él. El mercado brasileño está creciendo. La economía está creciendo. Son muchos los profesionales de televisión y de medios en general, pero hay otros países en la misma situación.