La primera cárcel construida y administrada por un consorcio privado de Brasil entró este viernes en funcionamiento con la entrada de un grupo de 75 presos en el estado suroriental de Minas Gerais, informaron fuentes oficiales.

Los presos llegaron, rodeados de fuertes medidas de seguridad, en la tarde a la unidad I de un complejo penitenciario construido en el municipio de Ribeirao das Neves a través de una sociedad de inversión público-privada.

La cárcel, ubicada en el área metropolitana de Belo Horizonte, capital regional, tendrá en total cinco unidades y dispondrá de 3.040 plazas para internos de sexo masculino en régimen cerrado y semiabierto.

El complejo tuvo un coste de 280 millones de reales (unos US$137 millones) y se inspira en la experiencia de países como el Reino Unido, según la estatal Agencia Brasil.

El constructor y gestor de la cárcel para los próximos 25 años se eligió por medio de una licitación pública celebrada en 2008 en la que resultó vencedor el consorcio Gestores Prisionais Associados (Gestores de Prisiones Asociados) (GPA), integrado por cinco empresas.

El pasado mes de junio se difundió un informe del subcomité de prevención de la tortura de la ONU en el que se denunciaba el grave estado de algunas cárceles brasileñas y se recomendaba el cierre inmediato del penal de Ary Franco, en el estado de Río de Janeiro.

El documento detallaba que en esa cárcel se daban casos de tortura y trato degradante a los presos, además de que las celdas presentaban condiciones de insalubridad y suciedad.