En Brasil el sector del etanol obtenido a partir de la caña de azúcar ha llegado a su graduación. Desde sus tímidos comienzos en los años 70 hasta ahora, el sector se ha convertido en una de las mayores historias de éxito económico del país.

Los últimos seis años han sido particularmente generosos, en parte gracias a la creciente demanda local de coches “flex-fuel”, que funcionan tanto con gasolina como con etanol y que, de acuerdo con la asociación de fabricantes automovilísticos locales Anfavea, en Brasil suponen casi el 90% del total de ventas de coches nuevos.

El fuerte apoyo político ha desempeñado un papel importante para asegurar una demanda creciente de etanol, así como el enorme despegue de grandes empresas petrolíferas -como la pública Petrobras-, que le han cogido el gusto a las energías alternativas. Pero con los recientes descubrimientos de petróleo y las cada vez mayores dudas acerca de sus ventajas sobre otro tipo de combustibles, ¿podría el etanol mantener su atractivo?

El nuevo gobierno de la presidenta Dilma Rousseff así lo espera. Es muy probable que Rousseff continúe con las políticas de su predecesor, Luiz Inacio Lula da Silva, que han contribuido al enorme crecimiento del sector del etanol obtenido a partir de la caña de azúcar. Según Unica, la asociación brasileña del sector del etanol, en 2009 se produjeron 27.500 millones de litros, en 2008 22.500 y en 2007 unos 17.700. A mediados de noviembre de este año se había contabilizado una producción de 22.900 millones de litros de etanol.

Han pasado más de tres años desde que el sector del etanol en Brasil despegó internacionalmente. Como parte de una reforma general de su política medioambiental, en 2007 la Agencia de Protección Medioambiental del presidente estadounidense George W Bush retiraba el éter de metilo butilo terciario de la gasolina sustituyéndolo por etanol. Este cambio de política supuso una gran oportunidad para el etanol brasileño simplemente por el enorme número de coches existentes en Estados Unidos. Muchas gasolineras iban a necesitar mucho etanol y Brasil parecía ser el único lugar en el que se podía invertir en su producción fuera de Estados Unidos.

No obstante, acontecimientos recientes vinculados al sector rival –petróleo-, planean su larga sombra sobre el futuro crecimiento del etanol, haciendo más difícil la competición por la atención de los políticos e inversores. En el país se han descubierto grandes reservas de petróleo, uno de los mayores descubrimientos en décadas, incluyendo el descubrimiento anunciado el pasado mes de noviembre en la costa de Rio de Janeiro, en una de las cuencas marinas de Santos Basin, en donde la empresa pública Petrobras tiene el 100% de los derechos.

Obviamente, gran parte del petróleo que descansa bajo aguas profundas se refinará y convertirá en gasolina. Estos descubrimientos ¿serán una mala noticia para el sector del etanol en Brasil? La respuesta es no. Diversos factores –tanto políticos como económicos-, explican el porqué y sugieren que el consumo de etanol seguirá creciendo significativamente independientemente de la cantidad de petróleo que se descubra en las costas de Brasil.

“Los descubrimientos de Petrobras son un importante recurso para Brasil y también para el mundo”, dice Ricardo Dornelles, director de combustibles renovables en el ministerio de Energía y Minas en Brasilia. “Pero esos descubrimientos no reducirán de forma alguna la demanda de etanol ni provocarán cambios en las políticas presidenciales relacionadas con el etanol”.

 

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Política y mezcla. En Estados Unidos la historia del etanol es completamente diferente. La mezcla del 10% en la gasolina estadounidense, o E10, no ha cambiado desde su introducción en 2007. Aunque la Agencia de Protección Medioambiental del país declaraba en agosto que la mezcla debería incrementarse al 15%, el sector petrolífero se ha mostrado en contra aludiendo al posible comportamiento del motor en vehículos fabricados antes de 2001.

Los vehículos más viejos de Brasil no tienen otra opción más que repostar con una mezcla del 25% de etanol, ya que no existe gasolina “pura” en la mayoría de los estados brasileños. Los motores de estos coches viejos fabricados por empresas estadounidenses como Ford y General Motors han sido recalibrados para poder funcionar con gasolina de mezcla. Pero a diferencia de Brasil, recalibrar los motores de coches viejos en Estados Unidos llevaría mucho tiempo simplemente debido al número de coches existentes; en las carreteras brasileñas circulan unos 30 millones de coches, de los cuales el 60% tienen 10 o más años; en Estados Unidos hay unos 250 millones de coches, y el 40% tienen 10 o más años.

Los fabricantes automovilísticos brasileños también están adoptando el etanol. Según Anfavea, en 2010 se fabricaron en Brasil prácticamente dos millones de coches flex-fuel y medio millón de coches “tradicionales”. Préstamos subvencionados por el banco público de desarrollo (BNDES) y beneficios fiscales actúan como grandes incentivos. Los fabricantes de vehículos flex-fuel pagan impuestos de producción industrial del 5%, porcentaje que se eleva al 7% para los que fabrican vehículos tradicionales.

Según el gobierno, los motores flex pagan un 11% de impuestos mientras que los motores tradicionales pagan el 13%. Luego están los impuestos que gravan el combustible. En la mayoría de los estados, la gasolina soporta tipos impositivos de cerca del 18% mientras el etanol soporta el 12%.

El gobierno de Brasil obligaba en 1993 a las empresas petrolíferas que vendían gasolina a mezclarla con un 20-25% de etanol, dependiendo del precio de mercado del etanol. No se esperan cambios en dicha ley debido a la repentina bonanza petrolífera de Brasil. “Ningún político quiere dar la vuelta a las cosas”, dice Dornelles.

Según la Agencia Nacional Petrolífera (ANP) del país, en 2009 los brasileños consumieron 22.800 millones de litros de etanol y 19.050 litros de gasolina. Entre el año 2000 y 2009 el consumo de etanol creció un 135%, desde 9.700 a 22.800 millones de litros, mientras a gasolina creció un 8,8%, desde 17.500 a 19.050 millones de litros.

Lo que está en juego. Uno de los grandes jugadores dentro del sector brasileño del etanol es Petrobás, empresa pública que a menudo es el centro de todas las miradas.

Aunque el petróleo es su negocio principal, Petrobras está gastando unos US$1.000 millones estadounidenses para construir 1.200 kilómetros (745,6 millas) de conducciones de etanol, en las cuales tendrá una participación del 20%. Otras cinco empresas invierten US$2.000 millones. Las excavaciones dieron comienzo el 23 de noviembre entre las ciudades de Riberão-Preto y Paulinia, explica Dornelles.

En cierto sentido, Petrobras necesita el etanol más de lo que el etanol necesita a Petrobras. Desde 2009 los conductores brasileños han estado repostando principalmente con etanol 100% en lugar de gasolina por un buen motivo: el litro de gasolina en el estado de Sao Paulo, el más poblado en Brasil, cuesta US$1,41 –o US$5,20 el galón-, un precio que provocaría el pánico en Estados Unidos. El etanol puro cuesta US$0,94 el libros, esto es, US$3,4 el galón.

Aunque un coche que funcione con etanol no puede recorrer tantos kilómetros como los motores de los que funcionan con gasolina, consigue que los individuos se desplacen de un sitio a otro en el 70% de los casos. Según los precios actuales de Sao Paulo, 100 kilómetros en un coche que funciona con etanol cuestan unos US$$0,80 menos por galón que un coche que funciona a gasolina.

El consumo de etanol es bueno para Petrobras, sostiene Joel Velasco, lobista que trabaja para Unica en Washington D.C.  Velasco dedica gran parte de su tiempo debatiendo con otros lobistas en la Asociación de Energía Renovable, la asociación comercial estadounidenses para el sector del etanol, sobre las ventajas del etanol brasileño obtenido a partir de la caña de azúcar, el cual supuestamente es más barato y limpio que el etanol obtenido a partir del maíz y manufacturado en Estados Unidos.

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Asimismo Velasco también intenta convencer a las empresas petrolíferas y al Congreso de que el etanol brasileño a partir de la caña de azúcar complementaría –en lugar de competir- al mercado de etanol obtenido a partir del maíz y sería mucho más barato sin el actual arancel estadounidense.

Recientemente Velasco declaraba en la revista National Geographic que sin aranceles a la importación, el estadounidense promedio podría ahorrarse unosUS$ 0,05 por galón utilizando la mezcla con etanol de caña de azúcar.

Las bendiciones de Brasil. Petrobras tiene más motivos, además de los políticos, para apoyar el etanol. “A diferencia de las petrolíferas en Estados Unidos, la mezcla de etanol es extremadamente importante para Petrobras”, dice Velasco. “Si reduces la mezcla, la gasolina sería mucho más cara en comparación con el etanol puro y en ese caso los clientes llenarían los depósitos con E100 –etanol puro- en lugar de la mezcla. Esto haría bastante daño a las ventas de Petrobras. Por otro lado, si la producción de etanol baja, Petrobras no tiene suficiente capacidad para cubrir la demanda de gasolina y tendría que importar gasolina o petróleo desde Venezuela, lo cual le costaría a la empresa mucho dinero. La mezcla es una bendición para Petrobras”.

El 18 de noviembre, Paulo Roberto Costa, director de producción de Petrobras, declaraba que había que invertir 78.700 millones de dólares estadounidenses a lo largo de los próximos cuatro años en sus refinerías o correrían el riesgo de convertirse en un “enorme” importador de gasolina. El etanol reduce la necesidad de importación y le permite vender gasolina en el exterior a mayores precios.

Petrobras se vio obligado a importar gasolina a principios de este año debido a un incremento de la demanda causado por una subida en el precio del etanol. Cuando el precio del etanol sube, los consumidores acuden a la gasolina ya que, llenando el depósito pueden recorrer más kilómetros.

“Supongamos que no hubiese ninguna mezcla, o que fuese E10 como en Estados Unidos. Petrobras tendría dificultades para competir y necesitaría más gasolina”, dice Velasco. En cuanto al futuro, “cuando los coches flex-fuel sean mayoría en la flota brasileña, dentro de una década, y si lo único disponible es la mezcla de gasolina, se estará perdiendo un gran mercado de consumidores que podrían –y a menudo lo hacen- escoger el etanol puro en lugar de gasolina”, dice Velasco.

En abril, Petrobras compró una participación del 46% en Açúcar Guarani,una empresa de azúcar y etanol que cotiza en bolsa, por US$920 millones. Es un comienzo para la empresa petrolífera, que se introduce en la producción de etanol mientras asegura su oferta para BR, su filial de gasolineras y el mayor distribuidor de combustible de Brasil por cuota de mercado.

Relaciones internacionales. A medida que Petrobras se introduce en el negocio del etanol, otras empresas petrolíferas han empezado a moverse upstream (producción de etanol) mientras las empresas azucareras se han movido downstream (distribución de gasolina) para diversificar sus mercados de combustibles. Por ejemplo, la gran empresa de azúcar y etanol Cosan adquirió en 2008 al distribuidor de gasolina Esso, de ExxonMobil, por 826 millones de dólares. Ahora Cosan –el mayor productor y distribuidor de caña de azúcar del mundo-, supone el 20% de la distribución de combustible en Brasil.

Empresas como Cosan han contribuido a que el sector petrolífero se interese en el sector del etanol. En Estados Unidos, BP y Royal Dutch Shell no están precisamente enamorados con el etanol obtenido a partir del maíz, sin embargo están invirtiendo en el etanol brasileño obtenido a partir de la caña de azúcar. Además del 50% de participación que tiene en Tropical Bionergia, BP está ahora en el proceso de comprar el 50% de Cerradinho, grupo brasileño de azúcar y etanol, en un acuerdo de US$466 millones.

Mientras, Shell anunciaba a principios de 2010 la creación de una joint venture con Cosan por valor de 12.000 millones de dólares estadounidenses. Si el plan sigue adelante según lo acordado, Cosan y Shell se convertirían en los mayores exportadores de etanol del mundo.

Es posible que Petrobras esté involucrado en el sector del etanol por motivos políticos, pero Shell quiere competir con la empresa pública por el acceso del etanol en sus gasolineras. “Aún es necesaria mucha integración antes del lanzamiento de la joint venture propuesta, pero supone un gran paso en nuestros esfuerzos para crear una de las empresas más competitivas y sostenibles de biocombustibles del mundo”, declaraba Rubens Ometto Silveira Mello, presidente de Cosan en un informe de prensa.

En 2001, tras el cambio en la política estadounidense, la inversión en la caña de azúcar brasileña se disparó. Goldman Sachs invirtió 217 millones de dólares en empresas de etanol; inversores privados como el cofundador de AOL Steve Case creaba Brenco (Brazilian Renewable Energy Company) junto con el ex consejero delegado de Petrobás. Brenco se fusionó este año con ETH Bioenergía, empresa resultado de la escisión del conglomerado brasileño Odebrecht.

No obstante, en 2007 el mundo era diferente. El precio del petróleo era 120 dólares el barril, y no había perspectivas de que el precio bajase; es más, muchos creían que los elevados precios de la gasolina en Estados Unidos y la preocupación por el cambio climático en Japón y Europa convertirían al etanol en una materia prima global en unos pocos años. Aunque el precio del petróleo desde entonces ha bajado cerca del 40% desde su máximo de 145 dólares el barril, alcanzado en 2008, y el etanol aún debe convertirse en una materia prima comerciable con un mercado de futuros como el petróleo, el capital doméstico y extranjero está llegando al sector.

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No obstante, Brasil ha sido criticado por su programa de etanol. Hace dos años el canal de televisión Bloomberg informaba de las malas condiciones de vida y bajos salarios de sus empleados. El sector respondió reduciendo gradualmente el corte a mano de la caña de azúcar. La deforestación es otro tema preocupante; Brasil ha sido duramente criticado por talar partes del Amazonas y otros bosques para cultivar caña de azúcar para fabricar etanol. Pero menos del 5% de la caña de azúcar brasileña se cultiva en la zona del Amazonas. La mayoría se cultiva en el sureste y parte central del país, que ha sido desforestado desde hace generaciones y ahora se enfrenta a estrictos estándares medioambientales. La deforestación del Amazonas continúa, en su mayoría debido a la explotación ganadera, maderera y la agricultura de subsistencia en la región. No obstante, los detractores dicen que está teniendo lugar cierto efecto dominó, ya que el creciente cultivo de caña de azúcar está obligando a otros tipos de cultivo –como a soja- a introducirse en el Amazonas.

Al igual que en otros países, el sector del etanol en Brasil ha tenido que resolver cuestiones sobre cómo el cultivo de caña de azúcar desvía tierras y recursos de otro tipo de cultivos agrarios, provocando potencialmente escasez de comida e inflación de precios.

La producción de azúcar en Brasil está creciendo, aunque no tan rápido como la del etanol; en 2009 se produjeron 31 millones de toneladas de azúcar y a mediados de noviembre de 2010 la producción alcanzaba 30,5 millones. La producción de azúcar se basa en la oferta y demanda global, así pues cuando los mercados mundiales demandan menos azúcar, Brasil produce más etanol.

Según el ministro de Energía de Brasil, se espera que el consumo de etanol alcance los 37.600 millones de litros en 2011, 42.300 en 2012 y 47.300 en 2013. Las predicciones de exportación son 3.900 millones de litros el próximo año, alcanzando 4.900 en 2012 y 6.100 en 2013. Según ETH Bionergia, para satisfacer las demandas del país el sector necesita unos 50.000 millones de dólares estadounidenses en nuevas inversiones para 2015.

Es comprensible que el gobierno se muestre optimista. Después de todo, semejante crecimiento es bueno para los consumidores y para las cifras de empleo, ya que el sector del etanol obtenido a partir de la caña de azúcar ha incrementado las oportunidades de empleo en las ciudades, villas portuarias y villas rurales de todo el país en los últimos 10 años.