La coordinación público-privada, el desarrollo productivo y el mejoramiento de la competitividad de las industrias son políticas que debe implementar el gobierno para evitar la actual vulnerabilidad de la economía, según la Cámara Nacional de Industrias (CNI).

“Es altamente vulnerable para la economía depender de ingresos de hidrocarburos”, advirtió el presidente de la CNI, Mario Yaffar.

Para evitar esta situación, el sector propone al Ejecutivo implementar mecanismos para una mayor coordinación público-privada; políticas de desarrollo productivo, con modelos de asociatividad, contratos de abastecimiento o de compra de largo plazo, mayor acceso a financiamiento y establecimiento de fondos de garantía; y el mejoramiento de la competitividad, con mayor infraestructura, provisión de energía y facilidades impositivas.  

Estas medidas son urgentes ya que “encontramos que hay algunos indicios de la Enfermedad Holandesa (EH)” en la economía del país, sostuvo el gerente de Análisis Económico de la CNI, Jorge Luis Ríos.

La EH alude a los efectos que suceden como resultado del auge de un sector, generalmente extractivo. En términos simples, en un país con EH el sector que está prosperando genera mayores ingresos, lo cual atrae a trabajadores de otros sectores e incrementa los gastos de consumo de los que están en auge generando alzas de los precios de los artículos domésticos y, por tanto, una apreciación real de la moneda y la reducción de la competitividad y el dinamismo de los otros sectores de la economía, según una explicación del Banco Central de Bolivia.

Recursos. “Uno de los mayores perjudicados cuando ocurre este fenómeno es el sector industrial”, afirmó el Gerente de la CNI.Este medio envió un cuestionario al Ministerio de Economía para conocer la posición del gobierno respecto a estas afirmaciones, pero no recibió respuesta hasta el cierre de esta edición.

“Cuando los recursos naturales —que tienen precios altamente inestables— se agotan luego de un largo tiempo de bonanza, el país queda sin una fuente alternativa de recursos, porque mientras más dura la bonanza, más profundo es el deterioro de los otros sectores para generar riqueza y más atada está la producción de éstos a la producción del sector petrolero”, (sic) explicó Ríos.

Para contrarrestar los efectos de una posible EH se debe utilizar adecuadamente el excedente hidrocarburífero, según la CNI, que sin embargo ve esto difícil ya que aproximadamente el 72% de la renta petrolera está en manos de municipios y gobernaciones, que emplean estos recursos principalmente en infraestructura vial y servicios básicos, no en proyectos productivos que generan riqueza.

Esto le deja menos recursos al Ejecutivo, que además de invertir en producción debe cubrir los gastos del subsidio a los carburantes en el país. A esto se suma el hecho de que el motor de la economía, la demanda interna, tiene una fuerte dependencia de los subsidios establecidos por el Estado.

“Si tendríamos que pagar los carburantes a precio internacional, la demanda interna no podría crecer al ritmo que lo hizo en los últimos años y la economía boliviana no habría mostrado el desempeño positivo que vemos en el periodo 2009-2014”, dijo el analista.

“Lo ideal sería utilizar parte del excedente en generar una fuente alternativa de riqueza, que en el futuro reemplace la exportación de hidrocarburos como generador de excedente. Lo contrario significaría que deteriorado el sector industrial por el efecto de la apreciación cambiaria y agotadas las reservas, el país se vería en serias dificultades económicas”, agregó.

Mientras, la menor participación de la industria manufacturera en la economía puede agravarse, advirtió Yaffar, quien dijo que el sector enfrenta otros problemas como el control de precios en el mercado interno, los obstáculos para el financiamiento (como las garantías no convencionales), el aumento de los costos laborales (en nueve años, el salario mínimo subió en 227%), la escasa maquinaria y procesos de producción de alta tecnología, la falta de recursos humanos calificados y la baja productividad laboral.

Afectan también al sector la insuficiente infraestructura vial, los problemas en logística para el comercio exterior, la devaluación del tipo de cambio en los países vecinos, la dependencia de insumos importados, el contrabando y la “masiva” internación de productos manufacturados. El INE informó que, de 2005 a 2013, las compras del país aumentaron de $us 2.240 millones a 9.282 millones (314%). Datos. Actualmente, “las industrias que generan empleo y abastecen el mercado interno no están recibiendo los beneficios de la actual bonanza”, lamentó Yaffar.

Para el Gobierno, existen principalmente dos indicadores que avalan el crecimiento del sector: el Registro de Comercio y el PIB industrial. En el primer caso, la base empresarial activa creció en 522% desde 2005, con 122.995 empresas registradas en 2013, 84% de ellas unipersonales.

“La categoría unipersonal no necesariamente se relaciona con el tamaño del negocio. Hay empresas medianas de servicios categorizadas como unipersonales que impulsan el empleo y la mayor producción de la industria nacional”, dijo el 18 de mayo el viceministro de Producción Industrial, Camilo Morales.

Datos oficiales muestran que la industria manufacturera creció 4,7 y 5,8% en 2012 y 2013, respectivamente, porcentajes inferiores al 5,2 y 6,8% alcanzados por el Producto Interno Bruto. En 2013, la industria manufacturera incidió en 1,08 puntos porcentuales (pp) en el crecimiento de la economía de Bolivia (6,8%), mientras que la participación de petróleo crudo y gas natural fue de 0,90 pp.