Santiago. En medio del déficit energético que enfrenta Chile por una fuerte sequía, el gas natural licuado (GNL) ha ganado relevancia en la generación de electricidad frente al diésel, pero su rol podría verse limitado por problemas de costos e infraestructura.

Crecientes compras de GNL tras la construcción de nuevas unidades de regasificación fortalecieron la producción eléctrica con este combustible y alcanzaron un 25% del total generado el mes pasado, desde cero en el 2008.

Si las menguantes condiciones de las reservas hídricas se mantienen, como muchos estiman, el gas seguirá aportando uno de cada cuatro vatios consumidos en el primer semestre del 2011.

Pero hasta ahí podría llegar. La limitada capacidad de los terminales y costosos contratos para sufragar la inversión en GNL podrían obstaculizar la competitividad del combustible.

"El gas natural puede seguir creciendo, pero no mucho más", dijo la analista de energía Mabel Weber, de Banchile Inversiones en Santiago. "Los precios del GNL se están acercando a los del diésel".

La generadora Colbún asegura que el mayor uso de gas natural en lugar de diésel le permitió disminuir en 30% sus costos marginales de producción el año pasado, pero aún no ha renovado el contrato más allá de mayo 2011, en vista de que los precios de GNL subirían.

El presidente ejecutivo de Colbún, Bernardo Larraín, culpó a los contratos atados a la construcción del nuevo terminal GNL Quintero del alza en el precio del gas a cuatro veces su precio en Estados Unidos.

Mientras tanto, la regasificación en la planta de Quintero subió a 267 millones de metros cúbicos estándar el mes pasado, más del 60% frente al primer semestre del año pasado y acercándose a la capacidad instalada.

La ampliación prevista de Quintero duplicaría eventualmente su capacidad, pero no a tiempo para atender el déficit actual.

Quintero suministra al sistema interconectado central, que sirve al 90% de la población y es más vulnerable al actual problema por su dependencia a la hidroelectricidad.

Apetito por gas. En tanto, la generación por diésel, que fue el combustible líder durante la crisis energética 2007-2008 ha visto retroceder su posición a sólo un 5% actual desde el 20% que ostentaba en 2008, según datos oficiales.

Los precios de la energía en Chile casi se triplicaron en cinco años, debido a que la sequía obligó al país a depender de costosas plantas termoeléctricas.

Con el gas, se limitarían las compras de diésel en el primer semestre -que usualmente se duplican en los meses más secos a 140.000 barriles por día-, aún si se agudiza la falta de lluvias por el fenómeno climático La Niña golpeando aún más la producción hidroeléctrica.

En los peores momentos de la crisis 2007-2008, plantas de respaldo a diésel proporcionaron el 40% del total generado, pero hoy muchas están inactivas debido a que la producción con GNL es más barata para compensar la carencia.

El gobierno ha anunciado medidas para aliviar la situación, como la disminución del voltaje y el ahorro del agua de los embalses hidroeléctricos y ha pedido a la población no malgastar energía para evitar que el actual déficit energético se convierta en una nueva crisis.

El apetito chileno contribuye a una mayor demanda de GNL en Sudamérica, con importaciones regionales rozando niveles récord en el 2011, mientras nuevos terminales entran en operación.

Las importaciones de GNL de Chile durante 2010 representaron el 41% del total de compras de ese combustible en la región, frente al 26% en el 2009, por la entrada de dos nuevos terminales, según la consultora estadounidense Waterborne Energy.

Aunque muchas empresas compraron generadores diésel de emergencia tras el terremoto que golpeó en el 2010 el centro-sur de Chile, el diésel no generará más del 10% del total de electricidad, según expertos.

Recientemente, el ministro de Minería y Energía, Laurence Golborne dijo que la petrolera estatal ENAP no tiene planes de incrementar sus importaciones de diésel en el 2011.