Singapur. Los testigos del destructivo paso del ciclón Yasi por el noreste de Australia lo describieron como un monstruo por sus dimensiones y ferocidad. También fue un presagio.

Científicos del clima dicen que el calentamiento global está haciendo más cálidos los océanos y la atmósfera del mundo, dando más combustible a los ciclones tropicales y creando un riesgo sin precedentes para cultivos, las minas y centros turísticos costeros.

Los riesgos de tormentas más fuertes apuntan al corazón de la economía mundial, afectando la seguridad alimentaria y la inflación, la producción de mineral de hierro y carbón, lo que significa mayores pérdidas para las compañías de seguros.

Las pujantes megaciudades costeras de Asia desde Manila a Karachi son particularmente vulnerables, junto a grandes partes del Golfo Pérsico y la costa este de Estados Unidos, las minas de hierro y carbón de Australia y los deltas fluviales de cultivo de arroz del Asia tropical.

Las aseguradoras dicen que el implacable desarrollo a lo largo de las costas está colocando más hogares, comercios e infraestructuras en el camino de la destrucción, lo cual incrementará sus pérdidas.

Datos de Naciones Unidas dicen que en las ciudades de Asia vivían 231 millones de personas en 1950. Para 2050, está previsto que esa cifra supere los 3.000 millones.

El cambio climático y las tormentas más fuertes también son una amenaza creciente para el cultivo de arroz de Asia.

Asia cultiva el 90% del arroz del mundo y el Instituto Internacional de Investigaciones del Arroz en Filipinas (IRRI) estimó que cada año es necesario producir de 8 a 10 millones de toneladas extra, lo cual significa que la interrupción producto de sequías, inundaciones y tormentas puede afectar las reservas y causar alzas de precios.

Seguridad alimentaria. Munich Re afirmó que el año pasado se registraron 950 catástrofes naturales, el 90% de las cuales fueron sucesos ligados al clima como tormentas e inundaciones, convirtiéndolo en el año con el segundo mayor número de desastres desde 1980.

Un importante estudio climático del 2010 en base a los resultados de modelos informáticos concluyó que era probable que haya un alza sustancial en el número de tormentas en el rango de categorías de 3 a 5, siendo esta último la máxima.

En general, las tormentas en 2100 serán entre 2% y 11% más intensas y las precipitaciones aumentarían 20% cerca del centro, según predijo el estudio.

El estudio además halló que, con la excepción del Atlántico, en el Pacífico y alrededor de Australia podría haber una disminución en el número de tormentas, pero que las que sí se formarán tenderán a ser más peligrosas.

"Desde comienzos de la década de 1990, hemos visto un significativo aumento en el número de huracanes en el Atlántico", dijo Peter Hoeppe de la compañía reaseguradora Munich Re, apuntando a un ciclo natural en el que la cantidad de huracanes varía en el lapso de varias décadas.

"Pensamos que ahora tenemos una mezcla de dos fenómenos, uno es la oscilación natural y otro es el sostenido incremento de temperaturas de la superficie marina por el calentamiento global. Y esto equivale a mayores riesgos", dijo Hoeppe, jefe de Geo Risk Research y del Centro Climático de Munich Re.

Los huracanes Katrina, Rita y Wilma en 2005 pusieron ese riesgo de manifiesto, al igual que el huracán Andrew que azotó Florida en 1992.

Según el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos (CNH), Katrina mató a 1.500 personas y causó daños por US$81.000 millones, mientras que Andrew causó daños por 26.500 millones de dólares, no ajustados por la inflación.

En Asia, era peligroso asumir que no hacía falta hacer nada si la cantidad de tormentas no aumentaba, dijo el climatólogo Johnny Chan, uno de los autores del estudio de 2010.

"Es un panorama desalentador. Incluso aunque la cantidad de tormentas no esté en aumento, la lluvia proveniente de estas tormentas está aumentando", dijo Chan, director del Centro de Impacto Climático Guy Carpenter para Asia-Pacífico de la Universidad de la ciudad de Hong Kong.

Su colega John McBride dijo que había pocas dudas de que las tormentas se volverían más fuertes a medida que suba la temperatura de los mares. Los océanos absorben gran parte del calor y el dióxido de carbono excedentes.

En 2009, los tifones Ketsana y Parma en Filipinas causaron daños y pérdidas de cosechas, propiedades e infraestructura por US$4.400 millones, según el Banco Mundial. En lo que va de este año, las tormentas han generado pérdidas por 1,3 millones de toneladas de arroz, forzando al país a importar.

Un año más tarde, el tifón Megi, una tormenta de categoría 5, causó la muerte de 26 personas y pérdidas por más de 520.000 toneladas de arroz en Filipinas.

Serie de tormentas. Los vastos deltas fluviales del Asia tropical también están en riesgo de afrontar inundaciones y olas de poderosas tormentas producto de los ciclones.

El ciclón Nargis, que arrasó el Delta Irrawaddy en Myanmar en 2008, mató o hizo desaparecer a 140.000 personas y provocó inundaciones que dejaron gran parte del sector bajo 2,5 metros de agua, arrasando con un tercio del cultivo de arroz.

Reiner Wassmann, coordinador estudios de cambio climático de IRRI, dijo que nuevas variedades de arroz resistentes a las inundaciones y al agua salada ayudarían a reducir las pérdidas. Variedades de más rápido crecimiento podrían además ayudar a los agricultores a evitar la estación de tifones.

El cultivo de caña de azúcar en Australia por US$2.000 millones australianos es ultra vulnerable a tormentas más potentes. En los últimos meses las inundaciones dejaron pérdidas por 500 millones de dólares australianos, dijo Steve Greenwood, jefe de la Asociación de Productores de cañas de Azúcar de Queensland.

El ciclón Yasi, una gran tormenta de categoría 5, causó pérdidas adicionales de casi un cuarto del cultivo restante.

Pero Greenwood dijo que aunque había poco que los agricultores pudiesen hacer frente a vientos de 250 kilómetros por hora que arrasan con los tallos de las cañas, nuevas variedades podrían al menos reducir las pérdidas.

Hoeppe de Munich Re espera que las pérdidas de aseguradoras aumenten, debido en parte a los mayores riesgos que representan para las minas, como la mina de hierro a cielo abierto del norte de Australia proclive a tormentas y las minas de carbón, que son centrales para la producción de acero.