Ciudad de México. Cabify, que maneja vehículos para el servicio de alquiler, anunció una flota de aviones y helicópteros privados a principios de este mes para transportar a residentes acaudalados de la Ciudad de México sobre las congestionadas calles de la gran ciudad.

Los ricos con la capacidad para costearse el "cabivuelo" (llamado 'cabifly' en inglés) lo celebraron, pero a la mayoría les sorprendió que esto pueda ser el futuro del transporte urbano: velocidad y comodidad, pero sólo para unos cuantos privilegiados.

La nueva generación de líderes locales y estrategas urbanos en América Latina perecen decididos a cambiar el estatus quo del transporte fuera de darse cuenta de que las ciudades deben dar prioridad a las personas sobre los carros con el objetivo de sobrevivir, especialmente en la era del calentamiento global.

"El transporte, encabezado por el rápido aumento del uso de carros, ha sido la más acelerada fuente de emisiones de dióxido de carbono (CO2) en el mundo", señala el Instituto de Transporte y Políticas de Desarrollo (ITDP, por sus siglas en inglés) con sede en Nueva York, el cual promueve proyectos de movilidad en todo el mundo, incluida América Latina.

"Una forma asequible pero ampliamente ignorada para reducir esa contaminación es dar a las personas opciones limpias como usar el transporte público, caminar y el uso de bicicletas, expandiendo las opciones de movilidad especialmente para los pobres y disminuir la contaminación del aire proveniente del tráfico", señaló un informe del ITDP, que agrega que "el análisis muestra que alejarse del desarrollo centrado en el carro reducirá el CO2 urbano dramáticamente y también reducirá costos".

Las principales metrópolis latinoamericanas, como la Ciudad de México; Bogotá, capital de Colombia, y Río de Janeiro en Brasil, están reconsiderando la tradicional creencia de que una adecuada planeación urbana requiere de kilómetros de carreteras y hectáreas de estacionamientos para dar cabida a los carros, y ahora se enfocan más en la construcción de mejores sistemas de tránsito masivo y de ambientes amigables con las personas, como parques y espacios peatonales.

El problema en América Latina, sin embargo, es que la desigualdad a menudo impide la aplicación de esos cambios, como lo hizo notar el recién reelecto alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa.

Electo para un segundo período el 25 de octubre después de cumplir un término como alcalde de 1998 a año 2001, Peñalosa a menudo habla acerca de la necesidad de planear ciudades en torno a la gente, no de los carros.

"Una ciudad avanzada no es aquella en la que incluso los pobres utilizan carros, sino más bien una donde incluso los ricos utilizan el transporte público", declaró Peñalosa en una charla en 2013 titulada "Porqué los autobuses representan la democracia en acción".

Peñalosa, quien bromea diciendo que "casi fue acusado de traición" durante su primer período por tratar de reclamar espacios para banquetas en Bogotá, señala a Nueva York, París y Londres como ejemplos de ciudades integradas donde las líneas del metro dan servicio a las personas de todos los círculos de la sociedad.

Las sociedades de América Latina están mucho más segregadas, dijo Peñalosa en una entrevista anterior en Lima, Perú.

"Los residentes con altos ingresos en Lima o Bogotá se sienten muy orgullosos cuando van a París, Nueva York o Londres y pueden viajar en el metro. Pero aquí en su propia ciudad, piensan que es espantoso tener que transportarse junto con personas pobres, parece inimaginable para ellos", mencionó Peñalosa.

El carro también continúa siendo un símbolo codiciado de estatus  social en América Latina, y las ciudades como México continúan construyendo infraestructura exclusivamente diseñada para automóviles, como las vías elevadas.

Sin embargo, el cambio de carros por el tránsito masivo tiene que ocurrir para hacer a las ciudades más sostenible, y esa es la razón por la cual Peñalosa es un gran impulsor del sistema de Autobús de Tránsito Rápido (ATR) con sus propios carriles exclusivos.

A pesar de los obstáculos culturales, un creciente número de ciudades de América Latina están haciendo esfuerzos para mejorar la movilidad. En los últimos 10 años, ocho ciudades han ganado el Premio al Transporte Sostenible del ITDP por haber "aplicado proyectos innovadores y sostenibles de transporte". Las ganadoras han sido: Belo Horizonte, Río de Janeiro y Sao Paulo, en Brasil, en 2015; Buenos Aires, Argentina, en 2014; la Ciudad de México, en México, en 2013; Medellín, Colombia, en 2012; Guayaquil, Ecuador, en 2007; y Bogotá, Colombia, en 2005.

Importantes ciudades de Brasil tienen crecientes preocupaciones por la contaminación del aire y buscan mejorar sus sistemas de transporte urbano, que en su mayoría utilizan autobuses con combustible diesel. Considerando los altos costos, los largos períodos de construcción de nuevas vías transitables y de líneas de trenes, los carriles de autobuses express con vehículos eléctricos sirven como la mejor opción para grandes ciudades.

La ciudad brasileña de Belo Horizonte presentó un sistema ATR "estándar oro", y creó calles exclusivamente peatonales así como 27 kilómetros de carriles para bicicletas.

Al aceptar el premio ITDP, el alcalde Marcio Lacerda declaró: "En Belo Horizonte estamos trabajando cada día para ofrecer una mejor vida. Entendemos que el buen transporte es fundamental para mejorar la vida de todos en nuestra ciudad. Este premio significa mucho para nosotros debido a que indica que estamos mejorando y que el trabajo hecho lo merece".