Un momento de vacas gordas es el que viven los promotores de vivienda en Ecuador. Unos US$ 496 millones entregó el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) para préstamos hipotecarios en 2010. Esto representa un 59% más de lo que se entregó en 2009 y es casi 20 veces más de lo que prestó en 2008.

Según un reciente estudio de la Cámara de la Construcción de Pichincha, entre 2010 y 2009 la venta de viviendas creció un 20% en Quito y un 14% en Guayaquil. Para este año se mantiene el optimismo. Juan Carlos Terán, director de Negocios Inmobiliarios de Mutualista Pichincha, explica que la recuperación del sector constructor se debió a que los precios del petróleo se estabilizaron lo cual garantizó recursos estatales para los programas de apoyo en vivienda. Además del IESS, la banca privada mantuvo sus líneas para este segmento.

“Se ha despertado el afán de construir de todos los promotores porque existen los recursos para que el comprador financie la adquisición de una vivienda (…); creemos que ese despertar va a continuar este año”, sostiene el directivo. El mensaje parece claro: si sueña con casa propia, este es el mejor momento. Pero hay un matiz adicional. Los sectores
donde están enfocados los mayores incentivos son la clase media y baja.

“Lo que se hizo es explotar el concepto aspiracional. Ahora una persona de clase media puede obtener beneficios como club social, seguridad privada y canchas deportivas que antes solo se ofrecían en ciudadelas dirigidas al segmento alto”, dice Juan Xavier Medina, director de Proyectos de Corporación Inmobiliare.

Desde 2002, esta compañía ha impulsado proyectos que superan las 10.000 viviendas. En 2004, Corporación Inmobiliare lanzó Terranostra, una urbanización de 2.000 casas. Un año después presentó Metrópolis que incluye 3.500 casas y 200 locales comerciales. Solo en este proyecto, la inversión fue de US$ 180 millones.

Actualmente, esta Corporación promueve el proyecto Vittoria donde se construirán 4.000 casas y para fines de este año prevé la construcción de una urbanización en la vía a Samborondón que incluirá unas 5.000 casas. Este año su meta es vender 1.200 casas y para eso Medina proyecta una inversión de US$ 50 millones. Por su lado, la Mutualista Pichincha actualmente tiene 48 proyectos en su portafolio que equivalen a unas 2.400 viviendas. Esta cifra es positiva si se toma en cuenta que el año pasado esta firma colocó 1.400 unidades habitacionales destinadas sobre todo al segmento socioeconómico medio y medio bajo. 

El 50% de las 2.400 casas que planea vender la Mutualista estará dirigida al estrato medio y medio bajo. Se estima que el 90% de lo que se vende en este mercado es vía crédito. Hermes Flores, presidente de la Cámara de la Construcción de Pichincha, afirma que el Biess otorgó el 63% del total de créditos, el resto lo hicieron los bancos, las cooperativas y las mutualistas.

Para Flores, la clase media seguirá siendo la niña mimada de los constructores mientras se mantenga la entrega de préstamos hipotecarios tanto en el sector público como privado. “Todavía hay un déficit de 900.000 nuevas viviendas, sobre todo para la clase media, así que hay mucho por hacer”, dice Flores.

La mimada del Estado. Mientras la clase media es la consentida de los promotores inmobiliarios, el segmento popular es el principal beneficiado de las iniciativas del sector público. Desde el año 2007, cuando se posesionó el actual Gobierno y se reactivó la entrega del bono de la vivienda, la Mutualista Pichincha ha entregado unas 2.500 soluciones habitacionales para el segmento popular –sobre todo en las provincias de Guayas, Santa Elena y Galápagos– a un costo que equivale al monto del subsidio. 

La Mutualista mantiene además un convenio con el Municipio de Guayaquil para participar en la ejecución del programa Mucho Lote. En la primera etapa, construyó alrededor de 700 casas; las primeras costaron entre 5.000 y 6.000 dólares. Ahora, la institución participa en la ejecución de la segunda etapa. Además la Mutualista es partícipe del programa Socio Vivienda. “Hemos presentado soluciones en departamentos que llegan a los US$ 15.000 mil” –cuenta el director–; para su adquisición habría un bono de US$ 7.500 que el Gobierno analiza poner en marcha para fomentar la construcción en altura. Mientras el precio del petróleo se mantenga al alza, el sueño de una casa propia podrá hacerse realidad. Sin embargo, podría convertirse en pesadilla si el Gobierno cierra la llave de los préstamos.