Río de Janeiro. La multinacional estadounidense Coca-Cola amenazó trasladar su fábrica de Brasil a otro país si el gobierno brasileño no decreta una medida que devuelva al sector de bebidas los beneficios que tenían antes de la huelga de camioneros del mes de mayo, que paralizó el país.

Según divulgó el diario Folha de Sao Paulo, la matriz de Coca-Cola en Estados Unidos dio de plazo hasta finales de este año para que el gobierno brasileño actúe, y en el caso contrario, llevaría la planta, situada en la Zona Franca de Manaos (norte del país) a un país con incentivos fiscales, con Colombia como principal candidato.

Según la información, Coca-Cola espera que el presidente Michel Temer firme, antes de dejar el cargo el próximo 1 de enero, un decreto que garantice al menos un 15% del Impuesto sobre Productos Industrializados (IPI).

La huelga de camioneros, que durante 11 días paralizaron Brasil en protesta contra el aumento del precio de los combustibles, obligó el gobierno brasileño a cortar subsidios de varios sectores para ahorrar cerca de 13.500 millones de reales (unos US$3.400 millones).

Coca-Cola espera que el presidente Michel Temer firme, antes de dejar el cargo el próximo 1 de enero, un decreto que garantice al menos un 15% del Impuesto sobre Productos Industrializados (IPI).

El corte de los subsidios al sector de bebidas provocó que la Asociación Brasileña de las Industrias de Refrescos (Abir), que representa a 59 fabricantes de refrescos, entre ellas Coca-cola, Ambev y Pepsi, intente desde hace meses encontrar una solución con el gobierno.

Las compañías hicieron pública su intención de recortar 15.000 empleos directos ante la previsión de una retracción en las ventas de unos 6.000 millones de reales (US$1.500 millones) anuales si el gobierno no atiende sus peticiones.

El sector de refrescos fue uno de los afectados por la falta de ingresos a la hora de ajustar las cuentas de la Unión previstas en el presupuesto de este año.

Si Coca-Cola opta por abandonar su producción en Brasil, eso significaría que la famosa bebida debería ser importada, lo que encarecería su precio en hasta un 8% para los consumidores brasileños.