Parece paradójico que al caminar por las calles de Miami cientos de locales comerciales tengan en sus vitrinas carteles que dicen “we speak english” (hablamos inglés), como un atractivo para los turistas. Una costumbre que se hace cada día más común en esta ciudad, pese a que según el censo de 2010, se registra un crecimiento de la población hispana de 20,5%, alcanzando los 1,6 millones de hispanoparlantes, en comparación a los 1,3 millones que habían al inicio de la década.

Y es que al parecer son los adinerados de América Latina los que se han encargado de levantar económicamente esta ciudad, luego de la mayor recesión vivida en el país durante 2008, impulsando el auge de la industria del lujo en la ciudad.

La cercanía geográfica con la región, el clima, sus playas, su gran industria del entretenimiento, su importancia a nivel financiero y comercial, entre otros factores, han permitido que inversionistas y gente con alto poder adquisitivo de América Latina se enfoque hacia estas latitudes.

Claro ejemplo de lo anterior es el “Miami Design District”, un barrio construido recientemente en una zona que estaba casi olvidada en la ciudad y especializado en el shopping de lujo, donde en los últimos dos años se han abierto tiendas de marcas como Dior, Cartier, Louis Vuitton, Hermes o Prada, tal cual sucede en Ocean Drive.

Armani/Casa por ejemplo, es una de las tiendas del Design District, donde en promedio cerca del 80% de sus compradores son latinoamericanos. “Para nosotros ese mercado es muy importante, es crucial; hay un inmenso porcentaje de los clientes que vienen de sur y Centroamérica. Sin el aporte de esa región, no sé si Miami existiría", dice Massimo Melchiorre, Brand Manager de Armani/Casa Miami, quien agrega que "no sentimos la profundidad de la crisis económica de 2008,  porque todo estaba apoyado por los latinoamericanos”, afirmó.

Un par de miles de dólares. El gasto promedio de los clientes es de US$50 mil, ya que al comprar no sólo llevan un accesorio, sino que el equipamiento completo de lámparas, mesas, sillas, etc., llegando a gastar en algunos casos más de US$80 mil. “Los clientes quieren mesas de tres metros y nada menos. En todo caso, ellos no preguntan los precios, sino sólo los detalles de los productos”, agrega Melchiorre.

El mercado del diseño de interiores está dominado por los brasileños, de los cuales la mayoría compra una segunda vivienda en Miami y la equipa con muebles Armani. Le siguen los puertorriqueños, dominicanos, panameños, venezolanos y argentinos, quienes en su mayoría compran muebles para llevarlos a su residencia en cada país.

“Usualmente no enviamos desde acá, pero puedo decir que hartos arman un contenedor para mandar todo a sus países; esa es una razón por la que todavía no hay Armani/Casa en Latinoamérica, porque prefieren comprar acá porque les sale menos costoso”, enfatiza el Brand Manager de Armani/Casa Miami.

Sin embargo, es tal la demanda brasileña, que en junio abrirán una nueva tienda concesionada en Brasil, la que se sumará a las 65 que actualmente poseen en 35 países.

Industria inmobiliaria. Esta industria fue una de las más afectadas tras la crisis y el poder adquisitivo de quienes viajan desde América Latina también se hizo notar. Muchos acaudalados de la región compraron viviendas que no habían sido vendidas en el mercado interno.

Así, los arquitectos y desarrolladores inmobiliarios quisieron aprovechar el booming, construyendo nuevos proyectos. Es el caso de Costa Hollywood, un nuevo condominio ubicado entre Miami y Palm Beach, donde del 50% de las propiedades que tienen vendidas antes de lanzar oficialmente el proyecto, un 60% de los oferentes viene de Brasil, Chile y Argentina.

“Sudamérica está muy encima de todo lo que está ocurriendo en Miami”, resalta Moses Besusan, Presidente y CEO de Costa Hollywood. El proyecto, que cuenta con 304 unidades, centro de negocios, cinco restaurantes, almacenes comerciales, spa, gimnasio y servicios de resort de primera categoría, cuenta con apartamentos de US$800 mil, y según Besusan, apunta directamente al mercado latinoamericano.
 

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La renovación de esta área que en algún momento fue olvidada por el mercado inmobiliario conlleva una reactivación de la economía en el sector, haciendo renacer la zona con empleos y un auge del comercio. Actualmente, Costa Hollywood tiene intenciones de expansión para que sus apartamentos ya no sean sólo de vacaciones, sino que logren transformar la zona en un lugar de residencia definitiva.

Pero como se trata de gente con recursos, y muchos recursos, tras la compra de la vivienda viene la adquisición del yate. “Nuestros clientes de Brasil, México y Venezuela, por ejemplo, compran condominios y luego un yate. De hecho, hay algunos que no compran casa y cuando nos visitan, viven en sus botes”, dice Alessandro Diomedi, jefe de ventas de Ferretti Group.

Diomedi agrega que Latinoamérica es su principal mercado, donde hay una cultura de embarcaciones de lujo muy arraigada con clientes muy sofisticados, quienes generalmente dejan su yate en Miami, donde existe una gran industria, teniendo todas las comodidades en un mismo lugar.

“Nuestro principal plan para 2013 es continuar atrayendo a nuestro mercado potencial de Sudamérica a Miami, porque es muy importante y nos ayuda mucho”, dijo Diomedi.

Para este año, además, se abrirán dos concesiones de la compañia en Latinoamérica, una en Lima y otra en Punta del Este, una empresa en Puerto Rico y se evalúa la posibilidad de establecerse en Chile y Panamá.

En Brasil, uno de sus mercados más fuertes, cuentan actualmente con una planta de fabricación, debido a que las restricciones tributarias los obligarían a pagar el 90% en impuestos, por lo que deben manufacturar en el país. Los botes Ferretti son diseñados especialmente según los requerimientos de cada cliente. “Lo interesante de Sudamérica es que las personas compran cada vez embarcaciones más grandes y cambian su yate cada dos años”, detalla Diomedi. Los precios oscilan entre los U$$500 mil, hasta los US$50 millones, pero “siempre hay nuevos millonarios y billionarios, así que siempre aumentan las ventas”, destaca.

Finalmente, este nuevo auge del lujo que han impulsado los latinoamericanos no sólo se debe a aquellos adinerados, sino también a una inmensa multitud de turistas que anualmente visita el sur de Florida y que deja remesas en la ciudad. Según datos del Centro de convenciones y visitantes del Gran Miami, más de 3 millones de latinoamericanos visitaron la ciudad en 2011, lo que refleja un aumento de 7% frente a igual período de 2010.
 

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