Zúrich. Las catástrofes naturales y los desastres causados por el hombre costaron este año a la industria aseguradora mundial US$36.000 millones, pero la pérdida económica para la sociedad fue mucho mayor, de US$222.000 millones, dijo el martes Swiss Re.

Las grandes catástrofes supusieron más vidas este año que en 2009. Casi 260.000 personas murieron, frente a los 15.000 del año pasado, y fue la mayor cifra desde 1976. El desastre en el que murieron más personas fue el terremoto de Haití en enero, que supuso la muerte de 220.000 personas. También murieron muchas personas durante las inundaciones de verano en China y Pakistán, y por la ola de calor en Rusia.

Las catástrofes humanitarias revelaron grandes diferencias en cómo están desarrollados los sistemas de seguros en los países afectados, y lo importante que es el seguro para afrontar las consecuencias financieras de un desastre, dijo Swiss Re.

"Mientras los sucesos más costosos causados por los terremotos en Chile y Nueva Zelanda y la tormenta de invierno en Europa del Este estuvieron asegurados, el terremoto de Haití o las inundaciones en Asia apenas estaban aseguradas", dijo Thomas Hess, economista jefe de Swiss Re.

Gracias a la tenue temporada de huracanes en Estados Unidos este año, las pérdidas mundiales para la industria aseguradora estuvieron en línea con la media de los últimos 20 años en 2010, aunque aumentó un 34% frente a 2009, dijo Swiss Re.

Las relativamente modestas pérdidas por catástrofes este año suponen una bendición dispar para las aseguradores, en particular para reaseguradoras como Swiss Re. La industria ha sufrido por lo que se denomina mercado suave durante varios años, lo que significa que las reaseguradoras no pueden subir los precios, en parte porque la demanda de reaseguros es moderada.

El suceso que costó más dinero este año fue el terremoto de Chile en febrero, que supuso US$8.000 millones para la industria aseguradora, mientras que el terremoto de Nueva Zelanda en septiembre costó a las aseguradoras unos US$2.700 millones.

Las reclamaciones por el vertido de crudo en el Golfo de México se estiman en US$1.000 millones, pero la cifra es muy incierta por la complejidad de las reclamaciones.