Sala de Inversión. Despúes de años en que el precio del oro se mantuvo en standares positivos, en la actualidad el precio spot ha bajado un 22% desde su máximo, una caída que provocó pérdidas en quienes tienen activos relacionado a ese metal.

Pero, ¿por qué un estratega de renta variable debe meterse en este terreno? La explicación es sencilla: el oro interactúa con las acciones y la evolución del precio refleja el régimen económico subyacente. Aquí, una definición de esta simbiosis y por qué la tendencia alcista del oro se pierde ahora en una paradoja.

Si la inflación se aleja, el oro se mantiene bajo. Tal como Bridgewater Associates y Harry Browne (el creador de la Cartera Permanente) demostraron en su investigación, el oro es la cobertura de los inversores frente a una inflación que crece por encima de las previsiones (ubíquese en los años 70).

Desde el año 2000, la apuesta ha consistido en que las operaciones monetarias de los bancos centrales darían lugar a una inflación por encima de la estimada. Todo ello pareció hacerse casi realidad entre 2007 y 2008, cuando los precios de las materias primas enloquecieron. La teoría resultaba incluso más convincente tras la quiebra de Lehman Brothers, cuando los bancos centrales optaron por abrir las compuertas y expandir sus balances a un ritmo más rápido. Durante gran parte de 2011, la inflación se situó por encima del 3% anualizado en los EE.UU. y como consecuencia de esto, el oro mostró un crecimiento hiperbólico. La multitud de temerosos crecía de forma exponencial de la mano de los precios del oro.

Pero la reflación nunca llegó, al menos hasta ahora, y últimamente la inflación ha crecido por debajo de las previsiones (en la actualidad se sitúa en un 1,5% anualizado). Según Bridgewater, todo ello favorece tanto a la renta variable como a los bonos nominativos, algo que ya observamos durante el año. Ahora, si la inflación se aleja, el oro se mantiene bajo.

Otra paradoja es que la inflación no se volvió loca. Según Peter Garnry, Analista de Mercado, Saxo Bank, quien dice que fue un ávido lector de todos los artículos sobre temas monetarios del Ludwig von Mises Institute. Todo ese esfuerzo lo inspiró a la hora de creer que las actuaciones de los bancos centrales tras 2008 desembocarían en una inflación masiva. Esto último nunca ocurrió y dado que es una persona práctica y lógica, mis propias creencias se han tambaleado. Las teorías de los economistas austriacos sobre crecimiento económico no parecían prever o entender con excesivo éxito ni el funcionamiento de los bancos centrales modernos ni su interacción con el sistema financiero. De hecho, son muy pocos quienes parecen comprender el engranaje interno de los bancos centrales en la época actual.

Ni siquiera un desplome bursátil salvaría al oro. Si la inflación no está a la vuelta de la esquina, ¿qué puede rescatar la tendencia alcista del oro? ¿Un desplome bursátil sería seguramente la reivindicación última a la vista de los fracasos de los actuales bancos centrales y conllevaría una subida de los precios del oro? No del todo. Si el mercado de valores se derrumba, estaríamos ante un síntoma de que se espera que la economía global se desplome, y, como consecuencia, los efectos de desapalancamiento se fortalecerían de nuevo y avivarían las presiones deflacionarias. Todo ello, una vez más, no beneficiaría al oro, ya que el poder adquisitivo de las divisas fiduciarias se incrementa en relación con el oro cuando los precios al consumo caen. La apuesta final, para una economía bajista, serán una vez más bonos nominativos.

He aquí la paradoja de la tendencia alcista del oro. La reflación está actualmente muerta y también lo está el oro. Un desplome bursátil o una economía en ralentización no serán de ayuda. Solo el éxito de los bancos centrales, los peores enemigos de “los bajistas”, a la hora de generar inflación puede servir en el caso del oro. Y, en la época actual, parece que la tendencia es otra, al menos a corto plazo. Pero el futuro es largo, así que veremos.