Sala de Inversión. Las particularidades que posee el sector financiero (bancos, aseguradoras de riesgo, administradoras de fondos) hacen que sea más difícil analizarlo en comparación al resto de las empresas.

Según el informe de Gustavo Neffa, Sala de Inversión América, el tradicional proceso de valuación de cualquier activo es el mismo: surge de considerar los aspectos más generales (el entorno o marco de inversión), parte de los aspectos macroeconómicos y coyunturales a nivel mundial o país, pasando por la situación de la actividad económica en el rubro en el que se encuentra.

Luego, se desmenuzan los datos microeconómicos, sus ratios financieros y de valuación. Pero en el caso de un banco, contar con las herramientas tradicionales no servirá de mucho, ya que no se podrá aplicarlas o bien se sacarán conclusiones equivocadas.

El financiero es un sector donde el resultado neto es mucho más manipulable que en otras actividades por la constitución de algunas previsiones a cuenta de futuros hechos ciertos que se pueden anticipar, o bien probabilísticos de difícil cuantificación.

Muchos de los indicadores tradicionales no pueden ser aplicados a las entidades financieras, mientras que otros necesitan cierta transformación. El pago de intereses es la razón misma de la existencia de los bancos, y no existe el EBITDA o el margen EBITDA, que son cifras de rentabilidad absolutas, no toman en cuenta la actividad financiera.

Las principales variables para analizar el sector son su solvencia y su rentabilidad. La primera de ellas, porque reviste la característica de un bien “semi-público”, en el sentido que los reguladores tienen que estar constantemente encima de la salud de las entidades dado que si se cortara el crédito en la economía, se afectaría a la actividad del país.

En materia de solvencia, hay que saber que una actividad financiera puede (y debe) “apalancarse” para realizar sus tareas normales, ya que es una de sus fuentes primarias de generación de rentabilidad. Así, con un cierto monto de patrimonio, sus activos son mucho mayores en términos relativos que en otras entidades. Eso se deriva del hecho de que la mayor parte de los pasivos son depósitos que, en algunos casos, se sabe en qué momento se tienen que devolver, pero que muchas veces no.

En relación a la rentabilidad, se aplican las medidas tradicionales como el retorno sobre el patrimonio neto (ROE). A su vez, se usa el margen de intermediación que refleja la proporción de los ingresos financieros que representa el resultado bruto por intermediación financiera (numerador) y se expresa en porcentajes sobre cifras de los últimos 12 meses (trailing).

Éste deriva de la rentabilidad de la actividad primaria de la entidad (la captación de fondos por depósitos y su colocación bajo la forma de préstamos), sin incluir comisiones ni ningún otro tipo de ingreso.

La tasa activa implícita es la promedio que cobra el banco, un ratio de performance que muestra la anual que está pidiendo por los créditos otorgados. En el denominador se toma el promedio de los saldos de los últimos cuatro trimestres de las cuentas préstamos y otros por intermediación financiera.

Si se quiere simplificar, se puede agarrar el saldo de activos o la “foto” del último trimestre, pero si hay mucha variación entre los promedios podrían estar sobrevaluados si estos bajaron mucho en los últimos 12 meses y viceversa.

La tasa pasiva implícita muestra el interés pasivo anual que está pagando por los préstamos otorgados. En el denominador, se toma el promedio de los saldos de los últimos cuatro trimestres de las cuentas depósitos y otras obligaciones por intermediación financiera.

Por otro lado, el spread mide el diferencial de tasas activas y pasivas que implícitamente está obteniendo el banco por sus operaciones y está relacionada con el margen de intermediación.

Para evaluar la calidad de la cartera, se puede usar un ratio de solvencia denominado Incobrabilidad de la cartera (past due loans), que mide la incidencia de las pérdidas por impago en el total de préstamos otorgados por una entidad financiera. Cuanto menor sea el valor adoptado por este indicador, mejor para la compañía.

El índice de liquidez de una entidad financiera lo mide por veces, o sea, la proporción de los depósitos que representan los activos de más fácil realización. El nivel óptimo dependerá de su estructura y será mayor cuanto menor sea el plazo promedio de vencimientos, y viceversa.

Otra manera de evaluar un banco es ver qué porcentaje de los depósitos y de los préstamos están constituidos en moneda extranjera. Muchos fijan objetivos en base al volumen promedio en función de las sucursales o empleados que tienen, expresados en dólares: cuanto más altos sean, más eficiente será.

Para ver su valuación, hay que evaluar la relación entre su precio de mercado respecto a su valor libros (price-to-book value). Esto se calcula dividiendo el patrimonio neto por el número de acciones. Su validez depende en gran medida del tipo de papeles estudiado.

Se descuenta que los valores contables de activos y pasivos coincidan con su verdadero valor económico, por eso para las financieras, es el método más usado ya que deben ajustar muy seguido su número al precio de mercado, aunque también es importante que no tenga una excesiva cantidad de créditos incobrables en cartera.

La correcta utilización del valor libros viene de la mano de la incorporación del ROE al análisis: cómo demuestra la capacidad de la firma de obtener retornos de su patrimonio neto, uno más rentable justifica un price-to-book value más elevado.