Nada de lo que diga Janet Yellen, la presidenta de la Reserva Federal (Fed) estadounidense, pasa desapercibido para la prensa y los banqueros de todo el mundo. Tradicionalmente, siempre ha existido una corte de intérpretes especializados en “interpretar” el peculiar lenguaje que utilizan los presidentes de la Fed. Con Janet Yellen ha habido todo un nuevo aprendizaje para deducir si cuando ella dice “significativo desequilibrio” está queriendo decir “ajuste inminente”.

El ajuste en cuestión ya tiene fecha definida, octubre, y alterará profundamente los mercados financieros a nivel mundial. Incluyendo los resultados operacionales de la banca latinoamericana.

No es un cambio cualquiera, porque ésta ha vivido años felices desde que las tasas de interés en EE.UU. bajaron a niveles sin precedentes en la historia, y que podrían quedar como un grato recuerdo dependiendo de la velocidad y crudeza del ajuste monetario en el norte.

Para quienes aún no se convencen de lo buenos que han sido estos años para los bancos y sus accionistas, según el ránking de los 250 mayores bancos de América Latina, elaborado por AméricaEconomía Intelligence, los activos de las mayores instituciones de la región al 30 de junio de 2014 crecieron 12,8%, sumando US$4,4 billones (millones de millones). De éstos, US$2,2 corresponden a créditos que crecieron también en un sólido 32,5%. Pero las buenas noticias no terminan aquí: las utilidades sumaron US$67.231 millones, 31,9% más que hace un año.

Estos niveles podrían ser el peak que precede a un ajuste, al menos en cuanto a los resultados. Y el primer elemento a tomar en cuenta es el panorama económico de la región...

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