Río de Janeiro. Los mercados apoyan que los gerentes de empresas que crean más valor para los accionistas mantengan sus empleos, pero para las dos más grandes empresas de Brasil, la petrolera Petrobras y la minera Vale, la realidad puede ser exactamente la contraria.

Roger Agnelli, quien en más de una década ayudó a transformar a Vale en el principal productor mundial de mineral de hierro, ha sido blanco de críticas por no crear suficientes empleos en Brasil y aumentan los rumores de que la presidenta Dilma Rousseff puede presionar para que se vaya.

En contraste, José Sergio Gabrielli podría mantenerse como presidente ejecutivo de Petrobras, pese a una caída de US$38.000 millones del valor de mercado de la empresa el año pasado, a raíz de un plan que aumentó el control del gobierno sobre la compañía, pese a las quejas de accionistas privados.

Si bien Brasil aún es un importante destino para las inversiones en mercados emergentes, la suerte aparentemente divergente de los dos presidentes ejecutivos es un recordatorio de que la interferencia política aún es un riesgo en la mayor economía de Latinoamérica.

En momentos en que Brasil muestra su músculo económico y aumenta su influencia mundial, los inversores temen que las compañías puedan ser vulnerables a la presión del Gobierno para que contribuyan al desarrollo económico a expensas de los accionistas privados.

La política del gobierno hacia ambas empresas este año servirá como índice del riesgo político bajo Rousseff, ex miembro del directorio de Petrobras que prometió durante la campaña presidencial del año pasado aumentar el rol del Estado en la economía.

Fuentes del sector consultadas por Reuters han identificado el temor a una acción respaldada por el gobierno para reemplazar a Agnelli como un riesgo clave para Vale este año.

Si bien el gobierno no puede despedirlo tiene una considerable influencia en Vale: es propietario de la mayor parte de su accionista controlador Valepar y puede ejercer presión indirecta al paralizar concesiones o impulsar cambios regulatorios.

"El gobierno quiere que las compañías vean los proyectos en términos de sus dividendos políticos y no en términos de su viabilidad", dijo Adriano Pires, un experto en petróleo del Centro Brasileño de Infraestructura.

"La realidad debería ser la opuesta: Gabrielli debería estar bajo presión y a Agnelli deberían pedirle que se quede", agregó.

Ambos ejecutivos han cumplido un papel clave para convertir a las compañías desde firmas estatales a potencias mundiales, pero han mostrado diferentes prioridades a la hora de satisfacer a los inversores privados a accionistas del gobierno.

Banquero prodigioso. Agnelli, de 51 años, llegó a ocupar el principal cargo en Vale tras 19 años como banquero de inversiones en Banco Bradesco, uno de los accionistas de Vale.

Conocido por su disciplina y su fuerte temperamento, instauró una cultura de meritocracia que convirtió a Vale en el principal exportador de Brasil y en un favorito de Wall Street.

Ex ejecutivos de Vale dicen que una clave de su éxito fue predecir el auge de China con un gran consumidor de minerales.

Los ingresos de Vale han aumentado 13 veces desde que Agnelli se convirtió en presidente ejecutivo de la firma, que se espera que invierta 24.000 millones de dólares este año.

La ganancia de Vale, que tiene su sede en Río de Janeiro y que bajo la dirección de Agnelli se expandió a la minería de níquel y al negocio de los fertilizantes, saltó un 250% en el tercer trimestre del 2010.

"Me pagan para producir resultados y los resultados están ahí, ¿No?", dijo Agnelli recientemente al periódico local Valor Económico.

Pero administrar a Vale como una minera multinacional lo ha puesto en camino de un choque con el gobierno, que quiere un cambio desde las exportaciones de materias primas a productos manufacturados para crear más empleos en el país.
Los políticos quieren que Vale invierta más en plantas siderúrgicas, lo que podría entorpecer sus relaciones con sus mayores clientes, los productores de acero.

El ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva criticó enérgicamente a Agnelli por recortar la inversión y despedir a 2.000 trabajadores tras la crisis financiera del 2008.

Vale aumentó el gasto de capital nuevamente tras una fuerte presión del gobierno.

La compañía ha negado planes o discusiones para reemplazar a Agnelli, pero el asunto es un tema recurrente de conjeturas en los círculos de negocios de Brasil.

Entre los posibles reemplazantes de Agnelli están Sergio Rosa, ex presidente del directorio de Vale, Wilson Brumer, presidente ejecutivo de la acería Usiminas, y Fabio Barbosa, presidente de Santander Brasil, dijeron fuentes a Reuters.

Cálida relación. Gabrielli, de 61 años, que se convirtió en presidente ejecutivo de Petrobras en julio del 2005 tras dos años como vicepresidente de finanzas, ha sido elogiado por Lula y Rousseff por liderar enormes hallazgos de crudo mar adentro en el 2007 y por una venta de acciones de US$70.000 millones que terminó en septiembre.

Durante años el ex profesor universitario se ha caracterizado por complacer tanto a accionistas privados como a funcionarios del Gobierno que querían que Petrobras ayudara a estimular el desarrollo económico.

Las reservas también han crecido durante el mandato de Gabrielli.

Pero algunos inversores perdieron su fe en él tras el plan de oferta de acciones de la estatal, que los analistas afirman que favoreció principalmente al gobierno. Como consecuencia de ello, las acciones de Petrobras cayeron durante la mayor parte del 2010.

Los papeles preferenciales de Petrobras han perdido alrededor de un 32% desde comienzos del 2010, mientras que el principal índice de la Bolsa de Valores de Sao Paulo, el Bovespa, se ha mantenido estable.

En contraste, las acciones preferentes de Vale han subido cerca de un 20% en el mismo período.

"El (Gabrielli) tuvo que apoyar al plan o verse forzado a salir", dijo el diputado Eduardo Cunha, un experto en petróleo.

Funcionarios del gobierno no necesariamente ven eso como un problema, dijo Christopher Garman, analista de la consultoría de riesgo político Eurasia Group. Quieren que las firmas estatales ayuden a estimular el crecimiento, incluso si eso reduce las ganancias a corto plazo.

"Desde la perspectiva del gobierno, Petrobras es una historia de éxito", manifestó Garman.

Petrobras fue parcialmente privatizada en 1997, pero el gobierno mantiene una mayoría del capital y tiene el poder de designar al presidente ejecutivo de la compañía.