La Habana. La prensa estatal cubana comenzó a dar espacio a opiniones sobre una eventual apertura a pequeñas y medianas empresas en la isla de gobierno comunista, parte de un debate abierto por el presidente Raúl Castro desde que llegó al poder en el 2008.

El periódico Granma, medio oficial del gobernante Partido Comunista, ha publicado en los últimos meses algunas opiniones de cubanos en contra o a favor de introducir la propiedad privada en sectores como el comercio y los servicios, que están en manos del Estado desde hace casi medio siglo.

"¿Qué limita a que un centro gastronómico de dos o tres trabajadores se organice y les sea arrendado el establecimiento? (...) ¿no desaparecerían entonces las mermas, los gastos planificados, los faltantes de origen?", preguntó una persona que sólo se identificó como A. Cruz en un artículo publicado el viernes en la sección "Cartas a la dirección".

El robo, el despilfarro, la malversación de los bienes de Estado y la improductividad son problemas que afectan a la economía socialista de la isla, en medio de una severa crisis, según han admitido las propias autoridades cubanas.

En 1968, nueve años después de la revolución radical liderada por el ex presidente Fidel Castro en 1959, su gobierno aplicó una "ofensiva revolucionaria" contra "los últimos vestigios del capitalismo", nacionalizando todos los negocios particulares, desde zapaterías y barberías hasta relojerías.

El presidente Raúl Castro, que sustituyó en el gobierno de la isla a su enfermo hermano Fidel en 2008, introdujo algunas reformas en la agricultura, que son descritos como ajustes en la economía socialista centralizada y no cambios significativos en el sistema implantado en 1959.

¿Sólo debate? En los últimos meses se le ha dado cabida a cubanos en la prensa estatal para opinar sobre la empresa privada, algunos a favor y otros en contra.

Y, aunque no hay indicios ni anuncios públicos de que el debate vaya a tener algún fruto, al menos dan su opinión en un país que ha sido señalado por organismos internacionales de derechos humanos como carente de libertad de expresión.

Una persona identificada simplemente como A. Rondón, por ejemplo, en una carta divulgada la semana pasada en la misma sesión de Granma, se opuso rotundamente a la apertura en el futuro de negocios particulares.

En un artículo titulado "No quiero saber nada de capitalismo", dijo haber conocido de "vidrieras llenas" y "estómagos vacíos".

A fines de enero, también en el diario Granma, el firmante R. Macías -sin más detalles- vuelve a defender "las transformaciones económicas" que necesita la isla. "No podemos continuar enclaustrados en los viejos conceptos", escribió.

D. González, identificado sólo como otro lector de Granma, dijo al diario en enero que introducir cambios en la propiedad es una forma de "salvar nuestro socialismo". "¿Qué representaría para el Estado la eliminación de la actual farsa de propiedad estatal?", preguntó.

"Pues nada menos que la eliminación de un gasto colosal de salarios, seguridad social, un enorme aparato burocrático y consumos materiales (...) que aliviarían el presupuesto nacional significativamente", respondió el lector.

El gobierno cubano ha reconocido que los salarios estatales son insuficientes para llegar a fin de mes, pese a que los cubanos cuentan con sistemas gratuitos de salud y educación, así como de servicios básicos altamente subsidiados.