Nueva Orleans. El peor derrame de crudo en la historia de Estados Unidos alcanzó el sábado su día número 40 dejando a los residentes del Golfo de México una tenue esperanza: que el complicado plan "top kill" de BP cierre el flujo desde el pozo dañado.

Los atormentados residentes de Luisiana escucharon el viernes al presidente Barack Obama y al presidente ejecutivo de BP, Tony Hayward, en visitas separadas a la costa del Golfo de México mientras intentan manejar una crisis que daña la credibilidad tanto del gobierno como de BP.

Obama, quien enfrenta críticas de que respondió muy lento a la catástrofe ambiental en el Golfo de México, aseguró a los residentes de Luisiana durante su visita de cinco horas que "no serán abandonados" y que la responsabilidad es suya.

Hayward, en una visita al lugar en que se encontraba la plataforma que estalló el 20 de abril y que dejó 11 trabajadores muertos desatando el derrame, dijo que el gigante energético necesita hasta dos días más para determinar si la operación "top kill" detendrá el flujo de crudo definitivamente.

"No creo que la cantidad de petróleo saliente haya cambiado", reconoció el encargado de operaciones de la empresa Doug Suttles.

El procedimiento "top kill", sin embargo, es una complicada maniobra que involucra la inyección de fluidos pesados, material y cemento al pozo para contener el derrame. Nunca ha sido hecho antes a tal profundidad, cerca de 1,6 kilómetros bajo el nivel del mar.

Hayward descartó las preocupaciones sobre las demoras, que inquietaron a los inversores y llevaron a las acciones de BP a caer un 5% el viernes.

"Estamos continuando porque estamos logrando avances", dijo Hayward en una nave de perforación en el lugar, mientras le goteaba la transpiración desde un casco plástico de seguridad de BP.

Obama está atrapado en una situación difícil: No hay mucho que pueda hacer sobre el pozo más que presionar a BP para que haga las cosas bien y poner a sus mejores científicos en el cuarto. El gobierno no tiene tecnología propia para trabajar en aguas profundas.

La situación no es desconocida para la gente de la costa de Luisiana, un centro de la industria petrolera de Estados Unidos y ahora el lugar del mayor derrame de crudo en la historia del país, luego de que superó al desastre del Exxon Valdez de 1989 en aguas de Alaska.

"Queremos nuestra playa". "No sabría qué pedirle que hiciera, salvo que detenga la filtración", dijo John Bourg, residente de Grand Isle que observó el paso de la caravana del presidente. "Y pondría más fe que nadie en que la compañía petrolera va a detener la filtración", agregó.

Pero eso no significa que el público vaya a perdonar al presidente, quien está ansioso por evitar comparaciones con George W. Bush luego de que su gobierno criticó fuertemente la respuesta al huracán Katrina en el 2005.

Sondeos muestran que los estadounidenses están perdiendo la fe en la respuesta del gobierno de Obama ante el derrame, a medida que el petróleo avanza más y más en las frágiles marismas y obliga al cierre de una buena porción de la lucrativa industria pesquera.

Sin embargo, BP recibe una evaluación peor y enfrenta la ira por la falta de una limpieza adecuada a los 160 kilómetros de costa de Luisiana y al petróleo en el Golfo de México.

En Grand Isle, Hanna Lemoie de 17 años puso un letrero con la frase "BP... queremos nuestra playa de vuelta". "La playa, las olas tenían petróleo color naranjo cuando venían y me enfureció porque no había nadie limpiando y me sentí impotente", dijo.

La frustración, la ira y las demoras están cobrando su precio -sobre Obama, Hayward, los residentes y quienes trabajan cerrando el pozo.

Bruce Simokat, capitán de la nave de perforación Discoverer Enterprise que asiste a BP en los esfuerzos de contención, dijo que la tripulación encuentra difícil escuchar todas las críticas sobre la respuesta de la empresa en televisión. ¿Pero siguen viendo la televisión? "Es difícil no hacerlo", dijo Simokat.