Ica, Perú. El Banco Mundial, que ha prestado millones de dólares para convertir la desértica costa de Perú en una fértil zona agrícola, se ha visto inmerso en una oscura escena que parece sacada de un filme de Roman Polanski sobre la violenta guerra del agua de 1930 en Estados Unidos.

Cuando un funcionario del Banco Mundial fue a la región peruana de Ica a investigar reclamos de que préstamos otorgados por su brazo de financiamiento privado aceleraron la reducción del acuífero de la zona, éste fue baleado por un desconocido tras haber avistado pozos de agua clandestinos.

Si bien el Banco Mundial y la Corporación Financiera Internacional (IFC por su sigla en inglés) han estado involucrados en proyectos más sustentables en el norte de Perú, que usan el agua de la Amazonía para irrigar los campos, su trabajo en Ica los ha puesto en medio de un problema.

Perú es el tercer país más grande de Sudamérica y el mayor exportador mundial de cultivos gourmet como los espárragos. Algunos agricultores creen que la nación se puede convertir en un proveedor clave de granos como Brasil y Argentina.

Pero sufre de una aguda escasez de agua en su costa del Pacífico, que se agravaría si los glaciares de los Andes, la mayor colección de glaciares tropicales del planeta, se siguen derritiendo a causa del calentamiento global.

En Ica, donde hay poco control sobre quién bombea el agua, el acuífero podría secarse antes de que el Gobierno trace un plan para llevar el agua de la Amazonía o de los Andes al norte del país.

"La gente habla de la tierra y del gran valor que tiene, pero es el agua", dijo Jorge Checa, un gerente de Agrícola Athos, que tiene 600 hectáreas de cultivos de espárragos y uvas en Ica.

Ica está ubicada justo al lado del Océano Pacífico, lo que eleva el riesgo de sobrebombeo de agua salada hacia el acuífero que podría afectar los cultivos.

La demanda de agua ha crecido a medida que Perú, un importante exportador de minerales, busca diverfisicar su economía.

La asociación de exportadores peruanos, ADEX, dice que la costa de la nación cuenta con temperaturas y suelos idóneos.

Perú, por ejemplo, exportó espárragos por un monto de 389 millones de dólares en el 2009. El país es también el tercer productor mundial de alcachofas.

Su sector agrícola, que ya atrajo inversiones extranjeras, ha crecido rápidamente alentado por leyes que permiten grandes tenencias de tierras y tratados de libre comercio con Estados Unidos y gigantes asiáticos.

Lo que hace falta es agua. La principal fuente de agua dulce de la costa, los glaciares andinos, está retrocediendo y las grandes inversiones en el agro son "asimétricas" con el agua disponible, dijo Raúl Roca Pinto, un director del Ministerio de Agricultura.

Disputas por el agua. Las altas dunas de Ica, unos 300 kilómetros al sur de Lima, dan paso a una lucrativa industria de exportación agrícola que se ha multiplicado por cuatro en la última década.

Uno de los principales productores de espárragos de Perú es Agrokasa, que en 15 años y con US$23 millones en préstamos de la IFC ha cultivado más de 2.000 hectáreas de un árido desierto.

La IFC realiza actualmente una auditoría sobre sus préstamos en Ica y una investigación interna después de que Agrokasa se disponía a recibir su cuarto préstamo pese a las objeciones del personal ambiental de la entidad.

También investiga si hubo conflicto de interés al otorgar esos préstamos a Agrokasa, debido a que el presidente de la empresa está casado con una funcionaria del Banco Mundial.

Apenas unos días después de que Agrokasa acudiera a la IFC a mediados del 2009 para pedir un crédito por US$10 millones, el defensor de la IFC comenzó a recibir quejas de que su préstamo exacerbaría la escasez de agua en Ica.

El presidente ejecutivo de Agrokasa, José Chlimper, dijo que la propuesta de construir un túnel subterráneo para transferir el agua de los pozos de una de sus granjas a otra a unos kilómetros de distancia cuyos pozos se están secando, aliviaría la reducción del acuífero de Ica.

Asimismo, expandiría el innovador sistema de irrigación de la empresa.

José Luis Rueda, un consultor en agricultura sustentable de la IFC, visitó Ica para evaluar la propuesta de Agrokasa y luego recomendó no otorgar el préstamo. Sin embargo, éste fue sacado del equipo y el proyecto fue aprobado de todas maneras, dijo una fuente del Banco Mundial.

Tras meses de polémica, Agrokasa retiró su pedido de financiamiento en septiembre. La investigación interna de la IFC continúa.

"Estamos a la vanguardia científica, pero por este asunto de la IFC nos hemos convertido en el ícono del maluso del agua en Ica", dijo Chlimper. "No me importa, no necesito el dinero de la IFC", agregó.

Para Federico Vaccari, presidente de una de las asociaciones sobre el uso del agua en Ica, el asunto del proyecto de Agrokasa recuerda la guerra del agua en la zona en la década de 1950, cuando el acuífero que surtía a los grandes cultivos de algodón se secó temporalmente.

"Cincuenta años atrás, la gente matada por agua, y salvo que se haga algo, nos encaminamos nuevamente a eso", dijo Vaccari.

David Bayer, un activista ambiental y ex funcionario de la USAID en Lima, estima que el acuífero de Ica se secará dentro de una década.

Ante ello, los mayores seis productores de la zona, que consumen el 78 por ciento del agua subterránea de Ica, deberán paralizar la producción en la mitad de sus cultivos, afirmó.

"La crisis del agua es real, y eso ha sacado del mercado a agricultores pequeños y medianos", precisó.

El déficit de agua de Ica se debe en parte a los ineficientes sistemas de irrigación. El Gobierno peruano dice que gran parte de los pequeños agricultores no pueden costear la irrigación por goteo.

Proyectos de irrigación públicos. Los agricultores dicen que la única solución a largo plazo para Ica es que el Gobierno financie un proyecto de irrigación masivo, como Chavimochic u Olmos en el norte de Perú, que toma agua de los ríos andinos o de la cuenca amazónica.

Préstamos del Banco Mundial han ayudado a construir canales y reparar los sistemas de irrigación en el proyecto Chavimochic, lo que ha ampliado el acceso al agua, elevado los ingresos de los agricultores y atraído miles de millones de dólares en inversiones.

Unas 150.000 hectáreas de desierto fueron convertidas en zonas de cultivos y fueron creados 200.000 empleos en Chavimochic, según ADEX.

El Banco Mundial dice que expandir la irrigación y crear empleos en las granjas es lo que más concuerda con sus objetivos.

El proyecto Olmos, uno de los más antiguos del país y catalogado por algunos como demasiado costoso, busca evitar la dependencia del agua procedente de los glaciares.

Para ello, la brasileña Odebrecht, que ganó la concesión, terminará de construir un túnel de 20 kilómetros a través de los Andes que llevará el agua de la cuenca amazónica para la irrigación de unas 100.000 hectáreas de tierra costera.

Perú busca ser un "proveedor estratégico de alimentos a nivel mundial", pero "debe haber más inversiones en un manejo e irrigación sustentable del agua", dijo Beatriz Tubino, a cargo del área agrícola de asociación de exportadores ADEX.