Paicines, EE.UU. Cuando Mike Peterson se subió a una avioneta y sobrevoló el valle de California que ahora espera convertir en una planta de energía solar, vio luz, un terreno que requeriría poca graduación y dos grandes líneas de transmisión para explotar.

"Guau", recuerda haber pensado en aquel momento. "Dios quiso que esto fuera una planta de energía solar", afirmó.

Pero cuando Kim Williams mira la misma tierra desde su rancho, ve una zona rica en vida silvestre que la está ayudando a mantener su granja avícola y su pacífico estilo de vida.

Ella está a favor de la energía solar a pequeña escala, pero cuando se enteró de la planta sintió horror. Ahora planea presentar una demanda para impedir su realización.

La iniciativa para desarrollar una alternativa al combustible en base a carbono se ha topado con un inconveniente poco probable: los ambientalistas.

La diferencia entre Peterson y Williams ilustra el tema. Para un creciente número de defensores del medio ambiente, las decenas de plantas solares que están apareciendo en el desierto del oeste californiano son un flagelo, no una salvación.

¿El resultado? Quienes en teoría parecen ser los aliados perfectos de la energía solar son ahora sus peores enemigos.

Eso incluye al Sierra Club, que la semana pasada presentó lo que según la destacada abogada Gloria Smith es la primera demanda contra una planta de energía solar, un proyecto de 664 megavatios llamado Calico que debería ser construido en el desierto cerca de Barstow, en California.

Este caería justo en el medio del hábitat de plantas y animales únicas, en una zona a la que Smith denomina "una ubicación muy desafortunada".

La disputa legal se da mientras Estados Unidos se apura por incorporar energías renovables. En Estados Unidos, la energía renovable, incluyendo la solar, representa cerca de sólo el 8 por ciento de la producción total, según la Administración de Información Energética de Estados unidos.

Se espera que esa cifra salte al 13 por ciento para el 2035, pero eso fue antes del caso Green Vs. Green.

Aunque Williams y sus seguidores apoyan el objetivo de reducir la dependencia de los combustibles fósiles, dicen que tendría un costo muy alto si implica construir sobre tierras vírgenes. Eso favorece su caso: las propuestas de plantas a menudo están pensadas para ser construidas en zonas con animales amenazados o en peligro de extinción, incluyendo el zorro kit, la rata canguro y raras especies de lagartos.

Ahora, los grupos han pasado de la queja al litigio. Eso significa que las compañías deben usar fondos y tiempo que habría sido utilizado en el desarrollo de sus plantas y volcarlo en lidiar con demandas judiciales.

Para algunas compañías, el resultado probable es que las plantas no sean construidas.

Que brille el sol. Para la industria de energía solar, la situación constituye un cambio fundamental de actitud. Allí donde antes casi cualquier extensión de desierto parecía una posible planta, ahora gran parte de los terrenos más fértiles para generar energía alternativa bien podrían quedar sin explotar.

Y es probable que el contragolpe disminuya el número de grandes plantas que los promotores tratarán de levantar. En Estados Unidos se están desarrollando unas 142 plantas de energía solar, según la Asociación de la Industria de la Energía Solar, un aumento respecto de las 28 de hace dos años.

Muchas tienen previsto generar mucho más que 500 megavatios; un puñado más de 1.000 megavatios, lo que significa que se extenderían por cientos de hectáreas de terreno y alimentarían al menos a 300.000 hogares cada una.

Las grandes plantas ofrecen a Estados Unidos la posibilidad de ganar preponderancia en la industria de la energía solar, donde está a la saga de países como España, que tiene unas 30 grandes plantas de energía solar en fase de construcción.

China, que domina el negocio de los paneles solares, también apuntala una agresiva política de energía renovable y grandes préstamos para compañías.

La energía solar integra las estratégicas industrias en las que China está considerando invertir hasta 1,5 billones de dólares en el transcurso de cinco años para consolidar su posición como proveedor de tecnologías de alto valor.

En uno de los grandes proyectos, la firma china Shandong Penglai Electric Power Equipment Manufacturing Co. trabaja junto a eSolar con sede en Burbank, California, para construir una serie de plantas que generarán en total 2.000 megavatios de electricidad en los desiertos del norte de China.

A unos 100 kilómetros de distancia, First Solar con sede en Tempe, Arizona está trabajando en la primera etapa de su propio proyecto en China, con una capacidad de 2.000 megavatios.

Analistas dicen que la opinión dominante en China es que el bien que hacen las plantas de energía solar supera cualquier daño al medio ambiente, y que los temores la flora y fauna son mínimos. Este no es el caso en Estados Unidos.