Santiago. ¿Se imagina usted una empresa que pueda construir tres veces más rápido que otras un colegio, una clínica o una planta minera? Eso es lo que promete Construtec, firma especializada en la construcción de inmuebles modulares a través de paneles aislantes. Tanto así que en alrededor de 2 o 3 meses puede levantar obras de hasta 3.000 m2. Y al ser la única empresa que se dedica a este segmento, ha logrado que los frutos se muestren en sus ventas, que en 2009 llegaron a los CH$ 3.500 millones (US$7,3 millones) y para 2010 se acercarán a los CH$ 5.000 millones (US$10,4 millones). “El mercado no conoce este tipo de construcciones”, dice Edmundo Laborde, gerente general de la compañía. “Hemos hecho realmente un apostolado en este sentido”.

La gracia de la compañía, que partió ofreciendo este sistema hace cinco años, es que construye edificaciones cuyo impacto ambiental es mínimo, ya no usan cemento, los materiales pueden ser reutilizables y se generan pocos residuos. “De hecho, las edificaciones pueden transportarse a otra área”, dice Laborde. Pero no es lo único, este tipo de construcciones casi no requieren de climatización, si es que tienen una buena ventilación, y si se llegara a utilizar, se ahorraría 40% en energía, a lo que se suma que como los paneles son blancos, hay edificios donde casi no se prende la luz, incrementando el ahorro energético. Además, las cubiertas absorben en grado importante los rayos UV.

Según agentes del mercado de la construcción, esta industria ya mueve más de US$ 500 millones anuales, principalmente en edificaciones industriales y corporativas, y vende más de US$ 100 millones en paneles. “Las estructuras metálicas vienen de fábrica y sólo se hace un montaje”, dice Jorge Grezz, arquitecto de la compañía. “Existe un control de calidad de sus espesores, de su resistencia y además de sus capas de antióxido. Todo viene certificado y con calidad controlada”.

Pero hay más beneficios. No es necesario volver a pintar las edificaciones que se levantan con esta tecnología. “Se pueden lavar con un paño húmedo”, dice Laborde. Además, este tipo de construcción responde muy bien ante sismos. “El problema de los edificios son los techos, ya que son muy pesados. Por ello los edificios tradicionales bailan con más fuerza”, dice Laborde. “En cambio, estos paneles hacen que las estructuras se muevan mucho menos”.

Estas construcciones también tienen la propiedad de no absorber humedad, quedando libres de hongos o termitas. Además, su arquitectura permite que todas las cañerías, sistemas eléctricos y de alcantarillado se puedan encontrar fácilmente en caso de un desperfecto, sin necesidad de dañar la construcción para reparar. “Estos edificios ambientales van más allá de las exigencias”, destaca Grezz. “La gente busca este tipo de construcciones porque tiene conciencia ambientalista”.

Hasta la fecha, han levantado 45 inmuebles con esta tecnología, desde Iquique, pasando por Antofagasta, Copiapó, La Serena y Coquimbo, Quilpué, Rancagua, Chillán, Los Ángeles y Concepción, pero concentrándose en la Región Metropolitana. Y la inversión promedio de cada uno de ellos es de CH$500 millones, aproximadamente 20% menor al sistema de construcción estándar. Pero la idea es ir más allá. Para Grezz en el mercado existen edificaciones con un sello por el nombre de la constructora. “A futuro la idea es que los clientes reconozca, la marca como la de un sistema constructivo eficiente”, dice. Y para ello están trabajando con un sistema único en Chile.