Debacle financiera mundial. Terremoto y maremoto. Desempleo y destrucción. Es difícil imaginar una conjunción de hechos tan negativos en la historia de la economía chilena. Pero más difícil aún es imaginar que sean seguidos de un panorama alentador como el que no se veía en muchos años. Los expertos coinciden en que la economía crecerá un 6% y más este año, y el país se acerca cada vez más al pleno empleo.

El hecho es que lo que se destruyó se tiene que reconstruir. Y eso permite que la economía entre en un círculo virtuoso. Desde el 5,2% de crecimiento del PIB en 2010 se podría pasar a una expansión de 6% en 2011 –de acuerdo a la encuesta mensual de expectativas de diciembre que realiza el Banco Central de Chile a alrededor de 40 economistas–. Y si a fines de 2010 el consumo comenzó a tirar el carro de la economía, este año la inversión, incluyendo los flujos extranjeros, será el protagonista fuerte.

“El proceso de reconstrucción de la infraestructura dañada por el terremoto se extenderá hasta 2011 y se convertirá en un motor del desarrollo chileno”, dice el director para América Latina del banco de inversión Moody’s, Alfredo Coutiño. Además, Chile ha vuelto a elevar la inversión productiva como proporción del PIB a niveles históricos de 30%. “Eso le da un potencial productivo a su economía, que la hará crecer a tasas de 6% sin generar desequilibrios macroeconómicos”. Así, Chile se convertirá en uno de los pocos países a nivel mundial en presentar crecimiento en lugar de desaceleración. “Estará dentro de las cinco economías de más crecimiento en el mundo”, dice Rodrigo Aravena, economista jefe de Banchile Inversiones. “Y sería la mayor tasa de América Latina”.

El proceso venía con una combinación perfecta: reconstrucción y excelentes precios de commoditties, especialmente del cobre. Eso trajo expectativas optimistas y una mayor confianza, generando un importante aumento del consumo, el mayor creador de actividad en 2010. “Para 2011, el factor de crecimiento va a venir por el lado de la inversión”, dice Guillermo Tagle, socio del banco de inversión chileno IM Trust. “Producto de la sensación de más confianza y de estabilidad hay muchas empresas que han comenzado a reactivar sus planes de crecimiento”.

Los salarios van al alza y el empleo crece con fuerza con variaciones anuales cercanas a los dos dígitos. “La demanda interna seguirá creciendo por sobre el producto de la economía”, dice el economista jefe de Celfin Capital, Mario Arend.

El economista sénior de Santander GBM, Juan Pablo Castro, por su lado, apuesta a que el consumo privado aumentará más de 7% en 2011, aunque creciendo a tasas más moderadas comparadas con las de 2010. “Las perspectivas para 2011 son auspiciosas. Esperamos un crecimiento del PIB de 6,2%”, dice. “Y las razones son relativamente similares a las de este año: fortaleza interna”.

Lluvia de dólares. Mientras el precio del cobre no cede, la economía chilena se inunda de dólares. En un mundo con países desarrollados en crisis, pero con naciones emergentes pujantes, los precios de los commodities se han venido manteniendo altos. A comienzos de diciembre del año pasado, la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco) modificó al alza la proyección del precio promedio del cobre esperada para el año 2011, desde US$ 3,3 la libra previsto en el informe de junio a un rango de US$ 3,4 y US$ 3,5 la libra, debido, principalmente, a que espera que la oferta no será suficiente para la demanda de varios países con economías emergentes, como de China una de las principales consumidoras del metal rojo.

El fenómeno es bueno para las arcas fiscales. Pero el ingreso de divisas más el debilitamiento mundial del dólar ha llevado al tipo de cambio al suelo, lo que trae problemas al sector exportador no-cobre, principalmente al agroindustrial. “El alza del cobre es benéfica para el país, pero puede también empezar a generar distorsiones en otros sectores”, dice Coutiño.

A eso se suman flujos esperados récord de Inversión Extranjera Directa (IED) a Chile. Según cifras del Comité de Inversiones Extranjeras local, en 2010 podrían superar los US$ 15.000 millones, bastante más que los US$ 12.000 millones registrados en 2009.

El Banco Central ya intervino el mercado del dólar, que había llegado a los $465, una cifra que muchos consideraban crítica para los exportadores más débiles. A principios de enero el BC anunció un programa de compra de divisas por US$ 12.000 millones durante el año.

Pero lo más probable es que las presiones a la baja en el tipo de cambio continúen durante todo 2011. Y eso alienta poco a un crecimiento de largo plazo a una economía pequeña como la chilena, eminentemente exportadora. Por eso, es probable que el Ministerio de Hacienda maneje el gasto fiscal para reducir ese impacto y profundice incentivos a los exportadores. “Hay que profundizar mecanismos que aislen el impacto del mayor precio del cobre, como el balance estructural”, dice Castro.

Pero, en adelante, el desafío es hacer crecer la productividad que registra el país, la cual viene alicaída desde la década pasada. Mario Arend dice que cayó en un promedio de 0,4% anual entre 2000 y 2009. Para Tagle, revertir la tendencia pasa por mejorar la eficiencia y bajar los costos. Y esto se logra mejorando los procesos, por ejemplo, con más tecnología, una mayor flexibilidad en el mercado laboral y en la generación de energía.

Por eso, los exportadores deberían pensar más en ganar en competitividad antes que esperar un dólar bajo. Hay formas de hacerlo. Para el economista de la Universidad de Chile, Alejandro Micco, tareas en manos del gobierno como la ventanilla pública para exportadores, coberturas cambiarias, alternativas de endeudamiento en dólares son las principales. “Hay muchas cosas que hacer a nivel micro”.

Arend confía en el futuro. “Hacia adelante somos positivos respecto a los avances que pueda hacer el país en educación, lo que entregaría más fuentes de crecimiento. La productividad que vemos para la presente década es positiva”, asegura.

Guillermo Tagle dice que la baja del precio de las importaciones beneficia a todos los consumidores, a lo que se suma el ahorro de los excedentes del cobre. “Ambos le dan una fortaleza para crecer y esperamos que si en algún momento el precio del cobre cae, va a haber otras fuentes de ingreso y se va a haber hecho otras inversiones necesarias”. Es decir, hay bases sólidas para seguir creciendo.