El 27 de agosto, Nestlé realizó un evento en uno de los restaurantes más lujosos de Ciudad de México. La compañía de alimentos más grande del mundo presentaba un plan ambicioso: convertir su fábrica de Nescafé en Toluca en la planta más grande de café soluble en el mundo.

“En los próximos cinco años, Nestlé duplicará la cantidad de Nescafé que se compra de manera directa a los campesinos y sus asociaciones, adquiriendo 180.000 toneladas de café de unos 170.000 campesinos cada año”, anunció Paul Bulcke, CEO de la compañía suiza. En ese plan participarán, además, países como Tailandia, Filipinas e Indonesia. Pero gran parte de la producción será en la planta de Toluca, la que aumentará en 40% su capacidad, lo que requiere una inversión de US$ 74 millones.

Como parte de su apuesta por el café instantáneo, Nestlé apoyará a 4.000 caficultores en los estados de Chiapas, Oaxaca, Puebla y Veracruz, para que siembren una variedad de planta mejorada, resistente a las plagas y adaptable al cambio climático.

Sin embargo, lejos de causar regocijo entre la gente del campo el plan de la multinacional tiene a diversas organizaciones cafeteras mexicanas en pie de guerra. Éstas advierten que el plan de Nestlé inundará el mercado con una sobreoferta de café barato con el riesgo de derrumbar el precio del grano, que hoy vive uno de sus mejores momentos en la última década.

Según la Organización Internacional del Café (ICO), al 15 de septiembre el precio del café variedad arábiga se ubicaba en US$ 228 por 100 libras, mientras que la variedad robusta se cotizaba en US$ 79. Es esta última la que Nestlé impulsa en su plan mundial para aumentar la producción de Nescafé.
“Un campesino que siembre robusta tendrá que producir tres veces más grano para ganar lo mismo que con la arábiga”, dice Cirilo Elotlan, representante de la Coordinadora de Organizaciones Cafetaleras del estado de Veracruz. Esta visión es compartida por expertos del sector, quienes aseguran que producir café robusta en México no es rentable dado que los principales países productores de este tipo de grano en el mundo, como Vietnam, tienen salarios mucho más bajos.

Si bien Nestlé está pagando un sobreprecio a quienes se han adherido al Plan Nescafé, los campesinos consideran que el negocio sólo puede ser aceptable si se compra la robusta al doble de precio, algo que se ve improbable. “Supongamos que la robusta está a un precio de US$ 80 y ellos [Nestlé] la pagarán a US$ 130”, explica Fernando Celis, asesor de la Coordinadora Nacional de Organizaciones Cafetaleras (CNOC). “Pero si el café baja a US$ 40, como sucedió en 2004 y 2005, dudo mucho que sigan pagando US$130”.

Con su plan, Nestlé buscar bajar sus costos y reducir la volatilidad que ha afectado el precio del café. En el último tiempo el precio ha aumentado debido a una mayor demanda por las mezclas arábigas de buena calidad, así como una caída en la oferta debido a malas cosechas en Colombia y Brasil.

Para algunos analistas la optimización de la cadena productiva de Nescafé es una medida plausible, y le permitirá reducir gastos de manera significativa y evitar así que la volatilidad de las materias primas se traspase al consumidor final.

En contraparte los productores de la variedad arábiga están preocupados ante la posibilidad de que una nueva sobreproducción de robusta arrastre el precio del café a niveles como los de 2001, cuando Vietnam e Indonesia tuvieron su mayor auge y llevaron el precio de la robusta a US$ 18 por saco de 60 kilos y a la arábiga cerca de los US$ 50.

“México es el séptimo mayor productor, la potencialidad del país es enorme, pero si se tienen plantas viejas habrá menos producción”, aseguró Bulcke en el evento en Ciudad de México. “Con estas nuevas plantas se podrá duplicar o triplicar la producción; si lo pensamos bien, no estamos hablando de cositas del 5%, la potencialidad es muy alta”.

En 2006 la Secretaría de Agricultura y Alimentación de México (Sagarpa),en colaboración con la FAO, el brazo agrícola de la ONU, presentaron un documento titulado Análisis Prospectivo de la Industria Cafetalera en el que se aseguraba: “El costo de la producción de robusta en México es considerablemente más alto que el promedio y, en un mercado desprotegido, parece ser poco racional apoyar un volumen de producción más allá del 3%-5% de la producción total actual, que actúa como una forma de suministro seguro para la industria doméstica del (café) soluble”.

A pesar de ello, el gobierno mexicano ha apoyado la expansión de la producción de robusta, algo que a muchos les suena raro e incluso una forma indirecta de apoyar el plan de Nestlé. En abril, la propia Sagarpa confirmó que había dedicado 41 millones de pesos a impulsar la producción de café robusta. Además, a través del programa de apoyo rural Trópico Húmedo, la Sagarpa otorgará un financiamiento de hasta US$ 2.222 por hectárea a nuevas plantaciones de café robusta. Para validar los subsidios, los cafetaleros necesitarán la certificación de un “agente técnico”, que en este caso es la Asociación Mexicana del Café (Amecafé).

Los productores de café han exigido al gobierno que revise sus políticas y acusan directamente a Rodolfo Trampe, director de la Amecafé, de ser el principal impulsor del Plan Nescafé junto a la Sagarpa. AméricaEconomía solicitó entrevistas con Trampe y con Pedro Ernesto del Castillo, director del programa Trópico Humedo, pero no obtuvo respuesta.

El 18 de mayo se llevó a cabo una reunión entre funcionarios de la Sagarpa y el Consejo Mexicano de Organizaciones de Productores de Café, de donde se desprende una minuta de trabajo en cuyo acuerdo 12 se establece que ni la Sagarpa ni la Amecafé “se involucren en la promoción de programas de robustas de las e presas transnacionales”.

“Nosotros no estamos en contra de la competencia, Nescafé tiene derecho de vender sus productos y establecer los proyectos que considere necesarios para hacer funcionar su negocio”, dice Javier Galván, miembro de la Unión Nacional de Organizaciones Campesinas Autónomas (Unorca). “Pero que lo haga con su dinero, no con recursos fiscales y apoyos para el campo”.