Beijing. Habiendo establecido ambiciosas metas de cambio climático con antelación a la inminente conferencia de París, China está promoviendo fuentes de energía limpia para estimular su economía.

En el pequeño poblado de Niuzhuang, de la provincia oriental de Shandong, la electricidad y el biogás generado por la planta de biomasa de Lyu Ligang están proveyendo de calefacción a la comunidad local este invierno. A diferencia de las grandes plantas de energía térmica, la operación a pequeña escala de Lyu no empeorará el esmog de Shandong.

"Hay casi cero contaminación en el proceso", dice Lyu. La paja cortada se quema para producir el vapor que empuja las turbinas eléctricas. Alternativamente, la paja se carga en un digestor anaeróbico para producir metano que puede ser usado directamente para calefacción.

Funcionando a plena capacidad, la planta puede generar siete GWh de electricidad cada año, suficiente para más de 5.000 familias chinas normales, y tres millones de metros cúbicos de metano. Todo esto se logra simplemente mediante el tratamiento limpio de residuos agrícolas. La planta produce 4.000 toneladas de dióxido de carbono menos que una central eléctrica de carbón.

"Los combustibles fósiles provocan grave contaminación y los recursos se están reduciendo. La energía limpia es la opción a largo plazo", apunta Lyu.

Mientras Lyu contempla la expansión de su negocio de energía limpia, a una distancia de 3.000 kilómetros hacia el oeste, en Xinjiang, gigantescas turbinas eólicas giran bajo el brillante cielo azul y paneles solares reflejan el sol invernal.

La enorme región interior disfruta 3.400 horas de sol al año y cuenta con el 37 por ciento de la energía eólica del país. Es el centro de la energía sostenible de China, con una capacidad combinada de energía solar y eólica de 14,43 GW a fecha de noviembre, un aumento interanual de casi el 30 por ciento respecto al mismo período del año pasado.

La región ha transferido alrededor de 3,8 TWh de electricidad limpia a otras partes de China desde 2010, principalmente para satisfacer las enormes demandas de las grandes ciudades costeras del este del país.

De las plantas de biomasa en pequeños poblados, a las vastas llanuras cubiertas por paneles solares, los proyectos de nuevas energías están emergiendo con una velocidad sin precedentes en China.

Después de tres décadas de rápida expansión, China ha asegurado su posición como la segunda mayor economía mundial, y está reduciendo la distancia con Estados Unidos.

Sin embargo, esta locomotora todavía se parece más a un motor de vapor que a un tren de alta velocidad, alimentándose principalmente de combustibles ineficaeces y sucios. Alrededor del 70 por ciento de la electricidad de China aún procede del carbón, barato, pero un gran contaminante.

"Tenemos que repensar la política de energía frente a los problemas de seguridad energética, el cambio climático y los varios desafíos medioambientales", dice Nur Bekri, director de la Administración Nacional de Energía. "El futuro de las principales fuentes de energía del mundo es verde y con bajas emisiones de carbono", agrega.

El último plan de desarrollo quinquenal de China promete una revolución energética. Una mejor tecnología y los combustibles no fósiles significan que la electricidad de biomasa, geotérmica, hidráulica, solar y eólica pasarán a ocupar el lugar central.

Con una inversión de 89.000 millones de dólares en energía limpia, China obtuvo 2,29 puntos en una escala de 0 a 5 en el sondeo de energías sostenibles de Climatescope del año pasado, el nivel más alto entre las 55 naciones investigadas, según un informe industrial independiente.