El más reciente estudio de la Superintendencia de Competencia de El Salvador (SC), sobre el mercado de aceites y mantecas del país, revela que existe una moderada concentración entre los entes económicos que abastecen de dichos productos. Sin embargo, la entidad no detectó prácticas anticompetitivas, dado que, por la composición de los jugadores en el abastecimiento, no existe capacidad de que alguno influencie el mercado a su favor.

A pesar de eso, el análisis señala que uno de los problemas que podría desincentivar a los empresarios del rubro y limitar sus posibilidades de crecimiento es el trasiego.

Según Jaime Baires, coordinador de estudios de la intendencia económica de la SC, el análisis, que abarca el período 2005- 2012, concluye que dicha práctica, que permite la venta de aceites y mantecas a precios más bajos -dado que, por lo general provienen de contrabando y el tipo de vendedores que los comercializan no pagan impuestos de ninguna índole- termina por afectar a los empresarios formales.

De hecho, Noel Díaz, gerente general de NaturAceites, propietario de la marca Cora, calcula que el aceite trasegado puede llegar a tener un precio entre un 20% y un 25% más barato que su par envasado.

En contraste, el problema es que las condiciones en las que se manipulan dichos productos pueden presuponer graves riesgos para la salud de los consumidores.

Baires explicó que es difícil cuantificar con exactitud el tamaño de ese mercado paralelo, pero, según los cálculos de la entidad, en 2012, este pudo rondar el 22% del consumo nacional.

Josué Otoniel Cruz, gerente general de La Fabril, el principal competidor en el mercado por medio de sus marcas Orisol y Orosi, y con cerca del 30% de la plaza, va más allá y asegura que un 35% del consumo doméstico total está siendo abastecido con estos productos.

El empresario sostiene que la situación es preocupante, tanto para las empresas que compiten con precios más bajos, como para la población que no cuenta con ninguna garantía sanitaria al comprar el aceite en bolsas o en botellas recicladas sin etiqueta alguna.

Otros hallazgos. En el referido estudio, la SC encontró asimismo otra serie de hechos que afectan al sector. Entre ellos, el análisis destaca la importante barrera de entrada que significa para una nueva inversión solicitar un permiso medioambiental, un proceso que puede demorar dos años.

Además, Marlene Tobar, intendente económica de la SC, subraya que el alto costo de la inversión en maquinaria podría volverse irrecuperable si una empresa decide cerrar. Junto a eso, la integración vertical entre las empresas existentes, un hecho que les permite, por ejemplo, obtener materia prima a costos más bajos, genera una desventaja para cualquier competidor que busque entrar en la plaza.

En términos de precios, el titular de la superintendencia, Francisco Díaz, aseguró que los encontrados en el mercado local no siempre guardan la mejor correspondencia con los precios internacionales cuando a bajas se refiere.

Según la Dirección General de Estadísticas y Censos (DIGESTYC), el consumo total de ambos alimentos a escala nacional, en 2012, ascendió a 116.441 toneladas, lo que representó un gasto mensual para los hogares de US$6.06 millones en aceites y US$435,616 en margarina y otras grasas vegetales.