Con el tannat como caballito de batalla, los vinos uruguayos buscan hacerse un lugar más amplio en el mundo. Los actores del sector señalan que después de un trabajo de hormiga de años, en los últimos tiempos se están empezando a ver los frutos y que este producto nacional ha logrado posicionarse en un mercado en el que, por mencionar solamente la competencia regional, se enfrenta a dos emblemas poderosos: el merlot argentino y el carménère chileno.

En 2013, Uruguay exportó 15.181.217 kilos netos de vino por un total de US$ 13.615.172 a precio FOB, de acuerdo a datos de la Unión de Exportadores (UE). El año anterior las ventas habían sido algo superiores: 19.655.593 kilos netos por US$ 15.746.628.

Sin embargo, en 2011 el panorama era bien diferente. Ese año, Uruguay colocó 2.354.313 kilos netos por US$ 8.081.054. ¿ Qué explica ese salto? La aparición en escena del gigantesco mercado ruso como comprador, principalmente, de vino a granel. De esta manera, Rusia pasó de tener un tímido 3,92% de las exportaciones de vino uruguayo en 2011 a ser su principal comprador el año pasado, con 42,7%.

A pesar de la incidencia de la venta a granel que realiza Uruguay, algunos señalan que el futuro de la vitivinicultura uruguaya en el exterior pasa por los vinos de calidad. En 2013, Uruguay exportó 1,5 millones de botellas de vino fino a 30 países, según el Instituto Nacional de Vitivinicultura (Inavi). De estas ventas participaron 32 bodegas.

De acuerdo al presidente del Inavi, José Lez, “el vino uruguayo ha ganado un espacio en estos años de una jerarquización cada vez de mayor renombre”.

Para este enólogo, un punto a favor del país para lograr este posicionamiento es la calidad de sus uvas, lo que los propios vinos han hecho evidente en el campo internacional –muchos de ellos cosechando premios–, y que Uruguay “ha demostrado seriedad en el contexto de las exportaciones”.

Lez destacó el rol que cumple en el extranjero el tannat, al que describió como “la gran bandera” que tiene el país. “Es nuestra primera carta de presentación. Nos abre la puerta para que después podamos mostrar grandes merlot, grandes cabernet sauvignon, grandes sauvignon blanc”, dijo.

El presidente del Inavi señaló que el país debe buscar un equilibrio entre producción y oferta, y que el techo está en achicar las “asimetrías tecnológicas” con otros países para aumentar la cantidad de vino a exportar. “Necesitamos más cantidad de producción a nivel de exportación”, sintetizó.

Darse a conocer
Para el director de Bodegas Carrau, Javier Carrau, la apuesta es clara: abocarse a la producción de vinos de calidad. La bodega que hoy dirige empezó a delinear su proyecto exportador en los años de 1970. Para darle forma primero fue necesario mejorar los viñedos, a fin de así alcanzar una mejor materia prima. Cuando se llegó al producto deseado, recordó Carrau, fue el momento de “salir al mundo tratando de vender un vino de un país que no se conocía”.

Hoy, el 45% de la producción de Bodegas Carrau se coloca en la plaza internacional, donde están presentes en más de 25 mercados. El mayor comprador es Brasil, seguido por Estados Unidos.

“No nos interesa vender por vender ni vender barato porque Uruguay no tiene, y Carrau menos, cantidad de volúmenes enormes para vender barato. Uruguay en volumen nunca va a poder competir, y menos en los últimos 10 años, en los que el dólar ha venido cayendo y los costos subiendo”, sostuvo quien también se desempeña como el presidente de la Cámara de Industrias del Uruguay (CIU).

Por su parte, el gerente de exportaciones de Establecimiento Juanicó, Nicolás Bonino, dijo que la estrategia de la bodega pasa por diferenciarse “con una buena relación calidad-precio, pero siempre en la gama de vinos de media y alta” gama, apuntando a lo que ellos llaman horeca: hoteles, restaurantes y catering.

Establecimiento Juanicó solamente exporta vinos finos, y al día de hoy está presente en 22 mercados, donde coloca el 20% de su producción total. En su caso, el mercado número uno es Brasil, y el número dos lo tiene el Reino Unido. El año pasado exportaron en el entorno de las 250 mil botellas de 750 cc.

“El futuro de Uruguay, como lo vemos nosotros, es afianzarnos en Brasil, que es donde Uruguay tiene mayor distribución y donde ya se conocen los vinos”, dijo Bonino, y argumentó que en el gigante norteño no existe la barrea más grande para la entrada de vinos, que es su origen.

“Los vinos se consumen por la bandera del país, y Uruguay en muchas partes del mundo no es reconocido como país en general y mucho menos a nivel vitivinícola. Eso hace difícil que los consumidores elijan vino uruguayo cuando no saben ni en qué continente queda Uruguay”, expresó. Además de Brasil, Bonino apuntó a algunos mercados emergentes,donde los pesos pesados de la producción de vino “no enfocan tantas baterías ni recursos”, espacio que Uruguay puede aprovechar para marcar presencia. “Las acciones que pueda hacer Uruguay con los recursos limitados logran cierto impacto que no tienen en mercados ya más atomizados”, agregó, y señaló a Polonia como ejemplo de este tipo de países.

“Hay potencial de seguir creciendo, pero al plantar esas nuevas hectáreas debe pensarse en la exportación, porque el mercado doméstico está más que maduro y atomizado”, manifestó Bonino.

Crecimiento anual
“Queda todo por recorrer, nunca se llega”. La afirmación es de la directora de la bodega Giménez Méndez y expresidenta de la Asociación de Bodegas Exportadoras, Marta Méndez. A pesar de esto, Méndez aseguró que el trabajo realizado ha empezado a mostrar resultados en los últimos años: “Ya no somos desconocidos en el mundo, (los compradores) buscan Uruguay porque saben que el país existe y que produce vinos de calidad”.

Méndez, quien fue parte de la fundación de la Asociación de Bodegas Exportadoras a comienzos de los años 2000, añadió que, aunque no hay un “crecimiento exponencial” en ventas, sí hay un crecimiento de un año al otro. “Eso habla de la honestidad del producto que ofrecemos y del reconocimiento que vamos adquiriendo año a año”, sostuvo.

La empresaria se mostró entusiasmada con la reciente declaración del vino como bebida nacional (ver nota inferior). “Nos coloca a la vanguardia de los países que están alineados con la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV)”.

Una brasileña en Uruguay
Un caso particular dentro de la vitivinicultura nacional es el de la Vinícola Aurora –tercer exportador en 2013–, empresa de capitales brasileños que trabaja con entre 10 y 12 bodegas nacionales. Una vez embotellado ese vino es exportado a Brasil, donde está la casa matriz de este gigante del sector, que solamente en su país de origen trabaja con 1.200 productores.

Aurora, que funciona bajo el régimen de cooperativa, está en Uruguay desde 1998, y desde ese momento “ni un litro se vendió al mercado interno, siempre estuvimos enfocados al mercado externo”, dijo el contador de la empresa, Miguel Aguerre. Aguerre explicó que con este sistema la compañía busca “complementar” su operación brasileña.