Guayana. A casi mes y medio de haberse iniciado en las empresas de Guayana el llamado Control Obrero, lo que se percibe es que la dialéctica del gobierno y las diferentes tendencias políticas que allí conviven dificultan el avance de este esquema de organización laboral, que cuenta con el apoyo de facilitadores cubanos, que han estado en la zona dictando cursos y talleres sobre el tema.

El Control Obrero, según la teoría política del marxismo, fue una tesis propugnada por León Trotsky, que lo define como la participación total o parcial en el manejo de fábricas y otras empresas de los trabajadores.

Este esquema también alude al control, por parte de una corporación obrera o sindical, de parte importante del aparato productivo de una sociedad, luego de realizada la revolución proletaria.

Sin embargo, el estamento sindical de las empresas de Guayana no maneja estos conceptos.

El oficialismo trabaja en las mesas técnicas socialistas para sustituir todas las estructuras de comando de una organización. Y la oposición denuncia insistentemente que el control obrero solo persigue eliminar a los sindicatos.

Ese control ha sido conceptualizado y propuesto de diferentes maneras por sectores marxistas, sindicalistas, socialistas y demócrata-cristianos. Por eso, las interpretaciones en torno al tema difieren ampliamente entre sí.

¿Qué ocurre?. El Control Obrero puede darse bajo la forma de autogestión, cuando una corporación de trabajadores ha colectivizado la economía de una sociedad de cogestión laboral.

También ocurre cuando los accionistas de una empresa privada les ceden un porcentaje a sus empleados, quienes detentan en consecuencia un nivel de decisión equivalente a tal porcentaje.

Otra manifestación de este esquema se produce en presencia de una "nacionalización bajo control obrero", donde el estado es el propietario legítimo del lugar de trabajo, pero quienes deciden sobre su manejo son los empleados.

Al menos eso es lo que ha ocurrido en las empresas de Guayana. La primera en ser objeto de este intento de Control Obrero fue precisamente Sidor, cuando pasó de manos privadas al estado.

Hasta ahora, los números no han sido favorables a la administración del Estado en Sidor, por cuanto la empresa pasó de producir casi 3.200.000 toneladas por año a 1,6 millones de toneladas.

Como señala y describe Trotsky, "en las fábricas, en las grandes ciudades, en los medianos y pequeños talleres, es necesaria una forma de coordinación lo suficientemente dinámica, flexible, representativa y operativa que condense la actividad revolucionaria".

A pesar de las acciones del gobierno, nada de eso ha ocurrido. Ni siquiera el cambio del jefe del Mibam, Rodolfo Sanz, cuyo pasado izquierdista lo ubicó en la Causa R, por José Khan, quien viene del sector sindical, también de la izquierda, ha logrado concretar coherentemente la política.

Por el contrario, en todas las empresas de Guayana, donde se ha planteado la aplicación del Control Obrero, se han generado más conflictos y más atraso en las metas de producción.

Caso Alcasa. La empresa Alcasa es la primera productora de aluminio primario del país. La tecnología que usa es de la Reynolds y los equipos ya tienen más de 80 años.

Acaba de sacar de producción las líneas I y II de la planta, que se habían convertido en una fábrica de enfermos ocupacionales debido a las condiciones técnicas y de atraso tecnológico.

Dentro de todo, esta es quizás la única decisión positiva de la gestión gubernamental en Guayana.

Allí el Control Obrero presuntamente escogió a Elio Sayago, presidente de la planta.

Se coloca el "presuntamente" porque una de las condiciones que se estableció para la elección de los nuevos gerentes de las empresas básicas era que debían tener por lo menos una década en la corporación y ese no es su caso, pues apenas tiene ocho años en Alcasa.

El Control Obrero en Alcasa ha puesto de bulto las diferencias internas que sufre el movimiento sindical, pues aunque todos son oficialistas, dentro de este grupo cada tendencia pugna por dirigir los procesos económicos viables en la empresa.

Recientemente, el equipo de Control Obrero que se identifica con Carlos Lanz, quien fuera presidente de Alcasa y propugnara la cogestión obrera, se enfrentó al movimiento 21, que dirigen José Gil y Ángel Marcano, diputados actuales y candidatos a parlamentarios en las planchas del gobernador del estado Bolívar, pero que no lograron ser electos como aspirantes para el 26 de septiembre.

En una nota de prensa enviada por este sector sindical (el de Carlos Lanz) se lee lo siguiente: "En la tarde del día miércoles, los valientes trabajadores del área administrativa nos dieron el primer ejemplo de explosión popular. Allí los trabajadores de la gerencia de Finanzas y Personal fijaron posición ante las pretensiones del movimiento 21, que con el apadrinamiento de altos funcionarios del gobierno quisieron apoderarse de las finanzas de la empresa para seguir haciendo los guisos y las trampas que siempre habían hecho con los reales de los trabajadores y también las mesas que supuestamente son para sindicales, las mesas de prestaciones y otras".

Cuando se planteó el Control Obrero para dirigir las empresas de Guayana, las gerencias que estaban en juego eran, además de Presidencia: Finanzas, Personal, Logística y Comercialización. La dirección de estas cuatro últimas oficinas ha generado una infinidad de conflictos en Alcasa.

Pero el equipo de Control Obrero que dirige la empresa no solo acusa a los sindicalistas del oficialismo de conspirar contra Alcasa, también lo hace contra el único representante de la oposición que ha sobrevivido, como es el caso de Henry Arias, quien ha dicho en reiteradas ocasiones que los trabajadores no están preparados para dirigir las plantas.

La institución sindical. El comunicado presentado por este sector del oficialismo expresa lo siguiente:

"Desde el Frente Socialista de Trabajadores de Alcasa, queremos dejar claro que el proceso revolucionario nunca ha planteado la eliminación de los sindicatos, ni mucho menos hacer de nuestras empresas unas cooperativas como lo dicen los de la oposición".

En el Plan Guayana Socialista y en el Plan Nacional Simón Bolívar se plantea la creación de un "nuevo modelo productivo, humanista, con cambio en las relaciones de producción", para combatir "la estructura jerárquica que permite la corrupción y elimina la participación protagónica del pueblo trabajador", de modo que "no sean las mafias económicas las que decidan nuestro destino y el destino de nuestras empresas", agrega el comunicado.

Más contradicciones. A pesar de que los contratos de venta a futuro fueron una decisión del gobierno, dentro de las filas del Control Obrero, aun estando con el presidente Chávez, cuestionan esas negociaciones y afirman que este esquema de organización debe extinguir las relaciones comerciales con las grandes transnacionales: Glencore, Noble, Alcoa y Pechiney.

"Estas emplean nuestra materia prima para fabricar productos finales que luego nosotros compramos a precios mil veces superiores a lo que nosotros les vendimos, además de utilizarla para la fabricación de equipos y materiales para la guerra, promoviendo la destrucción de los pueblos y de la raza humana".