Prácticamente no hay empresa o comercio en el país -por más pequeño que sea- que no invierta en seguridad. Los condominios privados y las viviendas particulares también demandan cada vez más equipos para combatir la creciente inseguridad.

"La seguridad se convirtió en un negocio muy rentable en el país. Se estima que esta industria moviliza cerca de US$1.000 millones al año", indica Valdemar López, consultor en materia de seguridad y director-fundador de la Asociación Venezolana de Ejecutivos de Seguridad (Aves).

Se calcula que de Estados Unidos -el principal proveedor en esta materia- se importa anualmente unos US$500.000 dólares en equipos de seguridad.

Países como Inglaterra y Alemania se muestran ahora bastante interesados en incursionar en este negocio que genera tanta demanda, según reveló una fuente que prefirió mantener el anonimato.

Señala López que en los últimos años las grandes industrias del país se han visto en la emergencia de incrementar sus presupuestos para afrontar "las inseguridades", que son múltiples.

"La seguridad que debería estar en manos del Estado- se ha privatizado y las empresas del ramo han registrado una alta demanda", indicó Pedro Remigio Rangel, director del Instituto de Investigaciones de Convivencia y Seguridad Ciudadana (Incosec).

Indica que de acuerdo a la Cámara de Vigilancia Privada existe al menos 300.000 efectivos de seguridad privada en todo el territorio nacional. López agrega que se agrupan en unas 200 empresas.

"Una de las grandes compañías de blindaje señala que mensualmente se están blindando cerca de 400 vehículos. En el mercado hay unas 12 compañías de blindaje cuando hace 10 años no existían", dijo López.

Indica que la industria ha venido creciendo de forma importante y que hay una alta demanda de equipos, servicios, tecnología y asesoría.

Minimizar riesgos. Señala López que entre los sectores que más invierten en seguridad están: telecomunicaciones, servicios, banca, manufactura, entre otros.

"Ante la pregunta que se hacen muchas empresas: ¿Cuánto cuesta la seguridad?, la respuesta tiene que ser: más le cuesta no tenerla", aseguró enfática Aurea Guzmán, experta en el área legal, de seguridad y de control de pérdidas, en el marco del seminario "Análisis de riesgo y análisis de impacto en industrias y grandes corporaciones", organizado por Aves.

En el evento se señaló que 98% de los delitos que se registran en las empresas, los cometen los mismos empleados. "Hay que estar muy atentos. Debemos saber a quién contratamos, ya que una vez que la persona está adentro, todo es más difícil", manifestó Guzmán.

Indica que los hurtos internos pueden ir desde un simple "raterismo" (se roba un producto de una caja que debe llegar al cliente, una resma de papel, etcétera), hasta un fraude, que se suele detectar cuando tiene al menos 18 meses desde que comenzó su ejecución.

"Los riesgos pueden traer pérdidas que son incuantificables, como la pérdida de la imagen pública, que no tiene precio. Basta con perder la confianza de los clientes, para llegar incluso a perder el negocio", reitera Guzmán.

Señala por ejemplo, que los rumores pueden ser muy dañinos y que las organizaciones deben actuar con gran rapidez cuando surge alguno que les afecta. "Hasta un rumor es un riesgo", apunta Guzmán.

Indica que las empresas enfrentan múltiples riesgos que pueden afectar la continuidad del negocio y que van desde un terremoto o cualquier otro desastre natural hasta el robo de información.

"Si una empresa tiene un proveedor en un país que sufre un terremoto, se puede quedar sin mercancía de un día para otro. Es importante contemplar otras alternativas que puedan sustituir lo que no tenemos en un momento dado", explicó Guzmán.

Indicó que hay que tener una especie de GPS con mapas de ruta para enfrentar los caminos de cambio y que la prevención es la clave para tener seguridad. Agregó que si una empresa espera a tener una situación para reaccionar y actuar, cualquier riesgo se puede convertir en un desastre.

"Es importante no dejar las puertas abiertas, prepararse para evitar o minimizar riesgos. Aunque parezca lo contrario, de esta forma se reducen los costos. La prevención y preparación en materia de seguridad cuesta, pero está garantizado el retorno de la inversión", apuntó la experta.

Insiste en la importancia de capacitar y motivar al personal para crear un ambiente organizacional propicio y evitar riesgos.

Venezolanos cambian hábitos. "Con altos niveles de inseguridad no hay inversión. Y si no hay inversión, no hay empleo. Si no hay empleo, se incrementan los niveles de pobreza. Si aumenta la pobreza, es un detonante que, junto con los otros factores asociados, va a seguir originando inseguridad. Es decir, estamos en un círculo perverso", indicó el director del Incosec.

Señala que una de las implicaciones para las empresas tienen que ver con el cambio en el estilo de vida de la población, que ha limitado sus horarios y actividades por este problema. "Antes de elegir un empleo, la gente analiza a dónde tiene que trasladarse y evita horarios nocturnos".

De acuerdo al estudio de Violencia Interpersonal y Percepción Ciudadana de la Situación de Seguridad en Venezuela, realizado por el Incosec, 90% de la población considera a la inseguridad como su mayor preocupación.

Esta situación también tiene implicaciones en el comercio. Cuando en el mundo se va a negocios que abren 24 horas con una forma de ofrecer más servicio a los clientes, en Venezuela los horarios de apertura de locales son cada vez más reducidos y los establecimientos nocturnos se ven afectados. "Más de 77% de la población ha cambiado su estilo de vida, ha limitado las actividades de recreación y diversión que antes disfrutaba, por temor a ser víctima de acciones violentas", destacó Rangel.

"Hoy en día los venezolanos tienen miedo a utilizar el transporte público, miedo a la ciudad, a transitar libremente en sus propias comunidades, a ser robado o atacado. Esta situación puede cambiar", concluyó el director de Incosec.