Los “enapinos” tienen más de un motivo para estar preocupados. Los trabajadores de la Empresa Nacional del Petróleo (ENAP), en Chile, enfrentan la mayor crisis financiera en la historia de la la petrolera estatal chilena, y recelan algo que para ellos es tabú: el ingreso de capitales privados a la empresa.

En el primer trimestre de este año ENAP perdió US$110 millones, casi el doble que en todo el año anterior. Y en 2012 tiene que pagar US$ 1.000 millones de su deuda total de US$ 4.000 millones, mientras las reservas de crudo y gas en el país siguen declinando y el negocio de la refinería se ha vuelto sumamente volátil.

“Sus bonos se están transando con un spread de 250 puntos por sobre los bonos del Tesoro”, dice Diego Torres, gerente de estudios de renta fija de la corredora chilena Munita, Cruzat y Claro. “Y Chile está con un spread de 90 por sobre el bono del Tesoro”. Además, Moody’s rebajó la clasificación de riesgo de la deuda de ENAP a Baa2-, condición que encarece una nueva reestructuración financiera.

Otro de los orígenes de las pérdidas de la compañía, dice José Manuel Robles, decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad del Desarrollo (UDD), es “la tremenda debilidad de su manejo económico de los mercados futuros y sus estrategias de cobertura de dicho riesgo”.

Cambios en la cúpula. La crítica situación de la empresa activó las alarmas del mundo político, pues el Estado es su único accionista.  

Un desafío consensuado es modernizar el gobierno corporativo de ENAP. Está en manos del gobierno un proyecto de estructura organizacional muy parecido al de la cuprera estatal Codelco. “Esto debiera reducir la influencia de decisiones políticas”, dice Enrique Calfucura, académico de la Escuela de Postgrado de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad Diego Portales (UDP).

Si bien la deuda crece y los pozos se han ido secando, no todo es mala noticia para ENAP. La exploración y producción de ENAP en el extranjero dan buenos resultados. Su filial internacional ENAP Sipetrol ganó US$ 51,3 millones en 2011. Además, comenzó a explorar la explotación del shale y tight gas. “La empresa exploró en enero de 2012 los pozos Cabañas 1 y 2 en Tierra del Fuego, con buenos resultados en cuanto a volúmenes de tight gas”, dicen fuentes al interior de la compañía.

Sin embargo, lo único que puede cambiar el destino de ENAP es un aumento de capital, y hay opiniones contrapuestas en cómo materializarlo.

Pronto habrá una inyección directa de recursos por parte del Estado, con el objetivo de solventar sus compromisos financieros de corto plazo. El mercado espera que sea en torno a los US$ 400 millones. “Sin una inyección significativa de capital por parte del gobierno chileno, creemos que la compañía tendrá el desafío de reducir en la práctica la deuda a un nivel más consistente con su problemático nivel de clasificación de crédito”, dice un informe de Moody’s del 19 de junio.

Más capital podría venir de inversionistas privados, pero en esa fórmula no hay consenso. Un modelo involucra pasar a manos privadas una parte de la propiedad de ENAP, como el caso de la brasileña Petrobras, y otro contempla la participación de capitales privados en proyectos específicos.  

Los trabajadores de ENAP han sido los mayores detractores al ingreso de privados y prefieren el modelo noruego de la Statoil, de propiedad estatal con una integración vertical completa, es decir, su negocio abarca la exploración,  producción y comercialización industrial y minorista, incluyendo las estaciones de servicio. “Esto le da rentabilidad”, dice Jorge Fierro, presidente del sindicato de trabajadores de la empresa. Sin embargo, ante el difícil escenario, los trabajadores no se cierran completamente a la incorporación de capital privado.

Ampliar el espectro de combustibles que comercializa, incluyendo el gas natural, es otro negocio con el que ENAP buscará la rentabilidad, según dice una fuente de la empresa. Esto se haría “utilizando al máximo la capacidad de gasificación contratada por la empresa en el Terminal de GNL Quintero, estableciendo nuevos contratos de abastecimiento de GNL con proveedores, preferentemente con reservas de gas natural y que deseen integrarse conjuntamente con ENAP en su comercialización”, explican.

ENAP tiene el monopolio de la refinación en Chile, pero el bajo margen de ganancias del negocio es un problema que lo comparte con toda la industria en el mundo. La reducción de aranceles haría más barata la importación de crudos. Pero Hacienda decidió sacar la rebaja arancelaria de la iniciativa legal y con ello impide a la empresa ahorros de hasta US$60 millones.

Hay quienes consideran que ENAP debiera abandonar el negocio de la refinación. “Los mayores costos de crudos y menores márgenes de importados, junto con márgenes de refinación internacionales desfavorables, y mayores gastos por costos de energía, han impactado negativamente a la empresa”, dice Enrique Calfucura, académico de la Facultad y Economía y Empresa de la Universidad Diego Portales.

Rol social. Hay quienes justifican en parte las pérdidas de ENAP por el rol social que tiene la empresa. Asumió los costos del cambio de matriz energética cuando dejó de llegar gas desde Argentina a mediados de la década pasada; entregó combustible a los organismos de ayuda y rescate luego del terremoto de 2010; subsidió el combustible del sistema de transporte público Transantiago cuando éste no lo pudo costear; y  mantiene la única reserva de seguridad de combustible que hay en el país, con 125 millones de barriles para 60 días de stock, en caso de catástrofe. “Quienes dicen que esta empresa no es eficiente al ver los resultados es porque no consideran que todos estos costos los absorbe ENAP en su balance”, dice Jorge Fierro.

Otro costo que absorbe ENAP es la pérdida por tener que vender el gas más barato a la zona de Magallanes, donde en invierno la temperatura máxima es de 7 grados. Si cobrara allí el mismo precio que en el resto del país, sus ingresos aumentarían entre US$40 millones y US$70 millones. El gas barato es clave para la política de poblamiento de regiones extremas y limítrofes, pero “sería recomendable que el menor precio pueda corregirse a través de algún mecanismo de subsidio”, plantea Calfucura.

Con todo, la apuesta tanto de la administración como de los trabajadores de ENAP es comenzar a ver resultados positivos en 2013. “Tiene la ventaja de tener un mercado cautivo y en expansión como el chileno”, dice Calfucura. Además, “ha mantenido el liderazgo por su competitividad, alta calidad de sus productos y de su logística de distribución mayorista”. Buenas razones para que los “enapinos” sigan en suspenso sobre su futuro.