2010 será un año de tranquilidad en el sector eléctrico chileno. El país tiene la capacidad de generación suficiente para abastecer la demanda. Además, han entrado en operación los terminales de GNL en Quintero y Mejillones, lo que permite recuperar parte del abastecimiento de gas natural. Estos hechos mejoran las condiciones de seguridad del sistema. Y las inversiones de mediano a largo plazo siguen un buen curso.

El escenario da para pensar que se enfrentará bien el crecimiento de la demanda. Según un reporte de la consultora energética Systep, respecto de las expectativas para 2010, se estima una generación de 42.656 GWh para el Sistema Interconectado Central -que une
la mayor parte del país- en su programa de operación de 12 meses. Comparada con los 41.736 GWh de 2009, la cifra representa un crecimiento anual de 2,2%
.

“Si bien esta tasa es menor a la esperada a comienzos de año, se presenta como una señal positiva para el sector eléctrico, dado el estancamiento en el consumo de energía que se mantuvo durante los años 2008 y 2009”, dice el informe de la consultora.

Las buenas noticias no acaban ahí. Las inversiones que se están realizando en el sector ayudarán a abastecer la demanda futura. Según la Unidad de Inteligencia en Proyectos y Negocios (UNIP) -una
sociedad integrada por ingenieros de la Universidad de Chile-, a la fecha los proyectos termoeléctricos en carpeta suman una inversión de US$18.000 millones, seguidos por las inversiones hidroeléctricas, con un gasto superior a los US$ 10.000 millones.

Esta última cifra es fundamental, señala Ramón Galaz, gerente general de la consultora energética Valgesta. Chile posee abundancia de este recurso, por lo que no utilizarlo sería ineficiente,
dice. “Lo que sí, el desarrollo hidroeléctrico debe realizarse respetando fielmente la normativa ambiental vigente, no a cualquier costo, de manera de asegurar un desarrollo sustentable en el
largo plazo”.

De hecho, el 11 de enero de 2011 ingresarán en operación al Sistema Interconectado Central 13 proyectos de generación, de los cuales cuatro son hidroeléctricos, los que sumarán una capacidad instalada de 1.510 MW. Eso significa una inversión cercana a los US$2.265 millones. Y esta es una tendencia que se está dando con
mayor fuerza, ya que si bien el país se comenzó a acostumbrar a las centrales termoeléctricas, éstas disminuirían su presencia en las inversiones futuras.

Este año sólo ha ingresado un proyecto termoeléctrico al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA): la Termoeléctrica Pirquenes, que quemará carbón y biomasa y considera una inversión de US$82 millones. Para hacerse una idea, a junio del año pasado ya se habían ingresado tres iniciativas, las que sumaban una inversión de US$3.650 millones. ¿Las razones? Según los analistas, hasta la fecha ha existido una falta de demanda, con lo cual se corre el riesgo de una sobreoferta. A esto se suma la incertidumbre que tienen las empresas generadoras de cuánto tendrán que invertir para cumplir con la nueva norma de emisiones para estas centrales. Incluso el gobierno está estudiando aplicar desincentivos para estas plantas generadoras.

Chile es responsable de apenas 0,2% de las emisiones mundiales. Sin embargo, la cifra per cápita supera el promedio latinoamericano. Según estudios recientes, las emisiones del país han aumentado en 166% en los últimos 14 años, alcanzando 95 millones de toneladas de CO2 al 2008, lo que se traduce en 5,7 toneladas por habitante.

Pero hay más desafíos. Uno es poder entregar una mayor seguridad al abastecimiento del país. “A partir de ello, y luego de lo sucedido con el terremoto, la seguridad del sistema de transmisión es un tema a analizar”, dice Galaz. Un tema que toma más relevancia al considerar que muchos ya están hablando de un incipiente déficit de capacidad en el sector de transmisión del mercado local.

Dadas las crisis energéticas pasadas, muchas de las políticas públicas y privadas pusieron el acento en la generación, por lo que no son pocas las líneas de transmisión que actualmente están copadas. Dentro de las principales trabas, están los trámites ambientales y la especulación centrada en los terrenos donde pasarían las torres de alta tensión.

Por otro lado, sería importante, según Galaz, de Valgesta, avanzar en temas tales como la concreción de las centrales de Aysén (proyecto liderado por Endesa Chile y Colbún), la publicación de la normativa de emisiones para las termoeléctricas y la incorporación de las ERNC a la matriz nacional para llegar de buena manera de aquí a 2020.

Pero hay otro tema que ha ido tomando cada vez más fuerza desde el gobierno anterior: la energía nuclear. Para muchos, el país está a 10 ó 15 años de que esa  tecnología pueda implementarse en Chile. Esto principalmente porque falta aún crear la legislación y la normativa adecuada, para lo cual se deben realizar varios análisis y estudios, lo que tomará este tiempo al menos.

“Además se debe trabajar en la creación de las capacidades internas del país para lograr el desarrollo de proyectos en forma eficiente”, dice Galaz. “A pesar de esto, es una alternativa que debe comenzar a analizarse desde ya, no sería bueno no hacer nada en el intertanto”. Al menos por ahora, la situación desde el punto de vista del abastecimiento energético, está controlada.