Mientras el emblemático rascacielos Empire State de Nueva York se alista para obtener de fuentes eólicas los 55 millones de kilowatts/hora que necesita para funcionar al año, en Chile uno de los pocos edificios energizados en forma limpia opera con apenas 84 colectores solares de una superficie de 235 m2. Se trata del inmueble residencial Alto San Isidro, en el centro de Santiago.

En Europa y Estados Unidos la “energía limpia” es un negocio establecido y maduro, pero en Chile está recién luchando en dar los primeros pasos para convertirse en una industria rentable. Nadie discute que en los últimos diez años el avance de proyectos de Energías Renovables No Convencionales (ERNC) ha sido importante. Sin embargo, ha estado por debajo de lo esperado tras la promulgación de la Ley de ERNC en 2008. Hay muchos proyectos en el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA), “pero son pocos los que se están materializando”, dice la gerenta general de la consultora Energética, María Isabel González. En 2010 sólo el 1,6% de la generación total del país se hizo a través de proyectos “verdes”, representando unos 700 gigawatts hora/año (GWh), frente a los 55.000 GWh totales. Pero el gobierno y las empresas están haciendo una fuerte apuesta. La meta de la administración de Piñera es que en 2020 el 20% de la generación de electricidad provenga de energías limpias. Los actores de la industria pretenden que la cifra sea de 30% en 2030. Para lograrlo tendrían que entrar anualmente al sistema nada menos que 500 MW en base a ERNC, lo que implica el doble de la capacidad actual. “Estamos casi en línea y hay en carpeta los proyectos para cumplir esa meta”, dice José Antonio Escobar, presidente de la Asociación Chilena de Energías Renovables (Acera), que reúne a medianas y pequeñas empresas del sector. “Hay 120 proyectos hidráulicos, eólicos, geotérmicos y solares que generarían 5.000 MW, de los cuales la mitad ya cuenta con aprobación ambiental”.

Factores. Las presiones para el desarrollo de las ERNC, en todo caso, vienen al alza. El inminente aumento del consumo de energía en Chile, los compromisos con el cambio climático y la necesaria diversificación de la matriz energética son algunas. A eso se suma el retraso o paralización de proyectos de generación, como el complejo hidroeléctrico HidroAysén o la termoeléctrica Barrancones, que dejan espacio para que las iniciativas “verdes” de menor capacidad logren captar parte de una demanda que obligará a duplicar la matriz actual de generación a 2020, que se empina por sobre los 14.000 MW en el mayor sistema eléctrico nacional, el SIC. “En los próximos 10 o 15 años Chile lo que más requiere es energía”, dice Ramón Galaz, gerente general de la consultora Valgesta Energía. “Y las ERNC debieran ser parte de la solución”.

Pero eso no significa que no haya trabas: la primera es que los proyectos tienen que pagar un costo de transmisión que termina siendo muy alto para proyectos que, al menos en una etapa inicial, son de una escala pequeña. Además, la ley actual busca estimular a las ERNC exigiendo que el 5% de la energía que se comercializa en un sistema provenga de este tipo de fuentes. Sin embargo, han sido las generadoras tradicionales las que han llenado esta exigencia, sin llevarla más allá del 5% y sin el efecto buscado. De hecho, el mayor actor de la industria es Endesa, con el parque eólico Canela, el más grande de Chile y el segundo mayor de América Latina, con 78,15 MW de potencia instalada. Otra empresa fuerte en energía eólica es SN Power, con su Parque Totoral, también en Canela, de 46 MW y una inversión de US$ 140 millones. Pero el corazón de esta empresa Noruega es la hidroelectricidad. En la Región de O’Higgins, en el valle de Tinguiririca, y en sociedad con la australiana Pacific Hydro, opera las centrales de pasada La Higuera y La Confluencia, que conjuntamente generan 310 MW. De hecho, en carpeta tienen más proyectos hidroeléctricos para Chile y la región.

Además, los beneficios son válidos sólo para iniciativas inferiores a 20 MW de capacidad, lo que restringe el volumen de los proyectos que pueden ser desarrollados y complica el acceso a financiamiento, obligando en algunos casos a desaprovechar todo el potencial de una determinada fuente.

“Hoy los inversionistas prefieren proyectos tradicionales, porque la ley privilegia y asegura la rentabilidad de los proyectos en base a combustibles fósiles”, dice Escobar, quien explica que el sistema paga a las generadoras por la potencia instalada que le permita despachar cuando se le pide y eso sólo lo pueden hacer las centrales térmicas, que están en condiciones de generar casi el 100% del tiempo. Esto porque –a excepción de la geotermia– la energía eólica tiene un bajo factor de planta, es decir, no pueden generar en forma continua. A ello se suma que la mayoría de los contratos en que las generadoras venden energía son de largo plazo y están andando, por lo que el único espacio que queda a las ERNC son los aumentos de producción de las empresas o la caducidad de los contratos. ¿Qué impulsa entonces la inversión en ERNC? “Una vez que las inversiones se pagan, estos proyectos logran elevar su rentabilidad”, dice Escobar, de Acera.

Perspectivas. Un proyecto de ley que está en el Senado busca aumentar el tamaño de las iniciativas reconocidas como ERNC. Además, figura hacer obligatoria la meta de que al 2020 el 20% de la matriz responda a estas fuentes. Esto podría remover gran parte de los obstáculos. “Este año sería de transición, pero probablemente desde el siguiente empezaríamos a observar un crecimiento exponencial de proyectos”, dice Escobar.

“Las modificaciones que se están haciendo a la ley de ERNC deben apuntar a hacer más ágil el mercado para los proyectos de ERNC”, dicen en SN Power. Para María Isabel González, de Energética, “las tecnologías debieran seguir bajando de precio y en ese contexto los proyectos de ERNC debieran ser más competitivos”. Si bien en Chile se ha experimentado o se está empezando a experimentar con casi todos los tipo de energías, según María Isabel González, “las más competitivas, hasta ahora, debieran ser las mini hidráulicas y la geotermia”. Para José Ignacio Escobar, de Acera, el mejor proyecto de ERNC depende de la ubicación geográfica. “Las hidroeléctricas de pasada son muy competitivas en precio, pero se están comenzando a encarecer de a poco, por ejemplo, porque los recursos están cada vez más alejados, mientras que otras, como la eólica, han avanzado en tecnología y se han vuelto cada vez más competitivas”, dice. “La geotermia también está creciendo, aunque tiene gran riesgo de exploración, cuando se encuentra es muy competitiva”. Y es que, a pesar de todas las dificultades de este negocio Chile es un país atractivo para desarrollar proyectos de generación de energía. “Cumple con todas las características para invertir: disponibilidad importante de recursos naturales, estabilidad política y socios locales”, dicen desde SN Power. Un plus que abre las esperanzas en el largo plazo.