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Entérese de la afición del empresario Alberto Baillères por la tauromaquia
Lunes, Octubre 6, 2014 - 16:23

El segundo hombre más rico de México, poseedor de una fortuna de US$13.100 millones, apuesta a convertirse en el ganadero de tauromaquia más importante del mundo.

Alberto Baillères es el accionista mayoritario del Grupo Bal y, según la revista Forbes, el poseedor de una fortuna de US$ 13.100 millones. Aunque su conglomerado está compuesto por empresas de todo tipo, el empresario es conocido como “el Rey de la plata” por ser el propietario de la mayor productora de ese metal en el mundo, Industrias Peñoles. Pero lo que casi nadie sabe es que Baillères, de 63 años, es un gran aficionado a la tauromaquia. No sólo le gusta ver corridas de toros, también organizarlas. Por medio de la sociedad “Espectáculos Taurinos de México” es propietario de ocho plazas de toros en México y de tres “ganaderías de campo bravo”. Ahora, después de su más reciente adquisición, es uno de los productores de toros de lidia más grandes en América y Europa. 

Baillères acaba de comprar, por un valor que no ha hecho público, la ganadería Zalduendo, del empresario español Fernando Domecq, una de las más importantes y antiguas de España. El empresario entró pisando fuerte al país ibérico donde se inventó la tauromaquia moderna. 

Sus adquisiciones no se han detenido allí. Aunque se trata de una operación no confirmada, en el mundo taurino hispano se da por hecho que el mexicano cerró un segundo acuerdo, cifrado en 11 millones de euros, por una finca perteneciente al matador retirado Miguel Báez con el objetivo de llevar allí los toros de Zalduendo, ya que la adquisición con Domecq no incluyó el campo “Moheda de Zalduendo”, en la región de Cáceres, razón por la cual Baillères necesitaba otro lugar de cría. Báez es conocido como el Litri y pertenece a una estirpe de matadores extensa y prestigiosa (su padre ha sido objeto de películas en España).

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Tradicionalmente el negocio de la cría de toros de lidia ha sido una industria próspera. En España, su patrimonio anual estimado, de acuerdo al diario El Mundo, es de unos US$ 3.300 millones (1,5% del PIB). Unos 1.200 ganaderos de toros de lidia generan al año unos 37.000 toros para ser lidiados en más de 3.300 plazas (fijas y eventuales). Un toro sin defectos puede llegar a costar, en promedio, entre US$ 4.000 y US$ 5.000; aunque ese valor se puede duplicar y triplicar en una plaza de primera.

Mientras tanto, en México, según la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia (ANCTL), hay unas 300 ganaderías. Aunque Baillères prefiere llevar un secretismo absoluto con todo lo que tiene que ver con este negocio –se desconoce cuántos toros tiene y se afirma que muy pocos toreros, empresarios, incluso gente del toreo han ingresado a sus ganaderías– es el ganadero más grande de toros de lidia en Latinoamérica. 

Pero ¿es una buena idea tomar por asalto la misma industria en la madre patria? En principio, pareciera que no. Las cifras de los últimos años en España indican que el negocio de los toros y el toreo viene, nunca mejor dicho, de capa caída. En México mismo recientemente se prohibieron las corridas en varios estados y los movimientos antitaurinos ganan cada vez más adeptos, al igual que en la península. 

Vista así, la adquisición de Baillères parece ser más capricho feliz de multimillonario que movimiento audaz de empresario. El saludo a una bandera gloriosa que amenaza con caer todavía más desde la media asta en que se encuentra. Al “Rey de la plata” no le importa: “Mientras yo viva, no se vende ninguna de mis plazas de toros”, respondió, tajante, ante rumores que indicaban que se disponía a demoler una de sus arenas taurinas para hacer un centro comercial.

Autores

Camilo Olarte