No cabe duda de que el multimillonario mexicano Carlos Slim tiene la mira puesta en España desde hace ya tiempo. El segundo hombre más rico del mundo, con una fortuna estimada en US$77.000 millones, entró en 2011 en el capital del banco La Caixa y se convirtió en uno de sus principales socios, al hacerse con la compra de casi un millón de acciones. En 2012 adquirió 439 inmuebles de La Caixa, sedes de sucursales bancarias, a través de su filial mexicana de Inmobiliaria Carso, mediante la cual también entró en el capital de Prisa, grupo editor del diario El País de España, del cual ostenta el 1,98% del capital, entre otras inversiones.

Pero Slim no es el único mexicano que hace negocios en España. La magnitud del desembarco de los capitales aztecas irrumpe con fuerza en los sectores más decisivos de la economía española, y la ofensiva resulta tan apabullante que es reflejada por la prensa ibérica y observada con especial asombro por los analistas.

Las inversiones mexicanas se multiplicaron los últimos años, y “convirtieron a México en el sexto inversionista extranjero en España; y el segundo de fuera de la Unión Europea, en términos de inversión acumulada, con un stock de inversión a 2013 –último año disponible– de US$21.498,4 millones, dice Antonio Hernández, socio de estrategia energética e internacional de KPMG en España.

En 2014 México invirtió en España US$1.198,4 millones –40% de la inversión de Latinoamérica–, y en el primer semestre de 2015 lidera las inversiones latinoamericanas con US$741,9 millones.

La internacionalización de los capitales mexicanos hacia España obedece a varios factores. “España representa la puerta de ingreso a la Unión Europea y a la zona euro; también supone una plataforma para la internacionalización hacia terceros mercados, como el del norte de África”, explica Massimo Cermelli, profesor del Departamento de Economía de la Deusto Business School, en Madrid.

“España es el único país hispanohablante de Europa, y por ello una puerta de acceso claramente privilegiada para México”, agrega Cermelli.

Es el caso de la mexicana Gruma, que en marzo adquirió el negocio de producción y comercialización de tortillas, wraps, salsas y alimentos preparados de Fat Taco y Azteca Foods en España por US$ 49,6 millones, operado por Azteca Foods Europe, y desde esta planta comercializa y distribuye sus productos en más de veinte países en Europa, además de dar el salto hacia Medio Oriente y el norte de África.

La dilación de la crisis europea, más pronunciada aún en los países del sur como España, también hizo lo suyo, al poner a disposición de los capitales foráneos una cartera de activos a valores más que apetecibles. “No debemos olvidar que en ciudades españolas como Madrid, Barcelona o Valencia resulta mucho más barato instalar una empresa que en cualquier otro punto de Europa”, dice José Carlos Diez, economista de la Universidad de Alcalá de Henares.

La saturación del mercado mexicano es otro de los factores que impulsa a las empresas a cruzar el charco. “Necesitábamos internacionalizarnos para seguir creciendo, y para ello apostamos por la privilegiada posición de algunas ciudades españolas, como Madrid y Barcelona, en el ránking de la industria de eventos y convenciones”, explicó Roberto Ibarra, presidente de T&C, Turismo y Convenciones, la compañía mexicana líder en el segmento de eventos, conferencias y congresos en América Latina, que desembarcó en Madrid para abrir su filial de T&C Europa, en mayo pasado, y desde donde prevé atender a sus clientes “en el resto del Viejo Continente, África y Asia”, agrega Raúl de Gregorio, director de T&C Europa. La empresa tiene previsto cerrar 2015 con unos ingresos de US$1,6 millones.

La posibilidad de alternar su presencia en otros mercados también permite a las compañías mexicanas capear los coletazos de la economía de Estados Unidos, primer socio comercial de México y principal destino de sus exportaciones, con una participación de 77,6%.

Clima propicio. La relación estratégica entre ambos países se ve reforzada por un marco regulatorio que favorece una dinámica comercial bilateral. España y México han firmado acuerdos y programas de cooperación en distintos ámbitos.

El Plan de Acción para la Profundización de la Asociación Estratégica entre los Estados Unidos Mexicanos y el Reino de España, que recoge las acciones a llevar a cabo en distintos temas con el fin de impulsar el diálogo político, suscrito en junio de 2014, “ha sido positivo para otorgar un lugar privilegiado a las inversiones mexicanas en España y para los capitales españoles en México: España para México se transforma en un puente para entrar en otros mercados europeos, a la vez que las empresas españolas asentadas en México tendrían un acceso privilegiado a los mercados de Estados Unidos y Canadá, con los cuales México tiene relación comercial a través del Nafta”, dice Diez.

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España se posiciona como el segundo inversionista de la eurozona en México, con un stock de inversión acumulado de más de US$51.000 millones y 5.495 sociedades, siendo el tercero a nivel mundial después de Estados Unidos con un acumulado histórico de US$186.269 millones y 27.090 sociedades, y de los Países Bajos con US$52.006 millones y 2.234 sociedades abiertas en ese país, según la Secretaría de Economía del Gobierno de México.

Cermelli, el catedrático de Deusto, agrega: “la convergencia política entre México y España blindada por este plan de acción, a quienes más favorece es a las medianas empresas mexicanas, porque estas pueden acogerse y acceder a todas las ventajas que ofrece el marco de acuerdos”, lo que se ha visto reforzado con las visitas del presidente Enrique Peña Nieto a España en junio de 2014 y del rey Felipe a México.

Para facilitar aún más la presencia de las empresas mexicanas en España, el mismo ministro de Exteriores español en persona, José Manuel García, mantuvo una reunión con altos directivos mexicanos con el objetivo de determinar las dificultades que pudieran obstruir su expansión, donde se concluyó que el diagnóstico obtenido se plasmaría en un informe que se incorporaría a la Ley de Mercado Interior y a la próxima reforma fiscal.

A pesar de que la IED en América Latina se desplomó 16% en 2014, según la Cepal, México conserva un segundo puesto en la captación de IED, tras recibir US$ 22.795 millones, 49% menos que en 2013. Los datos de IED directa vuelven a disminuir 21% para la región durante el primer semestre de 2015; sin embargo, las inversiones directas al exterior aumentaron en México con US$ 7.336 millones, 74% más respecto del mismo periodo de 2014.

Por sectores, el financiero convocó buena parte de la inversión de los empresarios mexicanos. Los bancos Sabadell, La Caixa, Liberbank y Popular se revitalizaron con las inyecciones de capital de estos inversionistas tras suscribir ampliaciones de capital. A fines de 2013, el empresario mexicano radicado en Estados Unidos, David Fernández, compró el 5% del capital de Banco Sabadell, operación en la cual el colombiano Jaime Gilinski Bacal, un banquero, empresario y agente de la construcción, propietario de Gilinski Group, uno de los holdings más importantes de Colombia y la segunda fortuna de ese país, se convirtió en el primer accionista tras hacerse con el 7,5% del capital de la entidad catalana.

Por la misma fecha, Antonio del Valle, del grupo financiero BX+, entró en el Banco Popular junto con otras familias mexicanas, y con una inversión de US$ 496,1 millones se hizo del 6% del capital del banco. La revista Forbes le adjudica un patrimonio de US$ 5.000 millones. Opera el Grupo Kaluz, que controla Mexichem, líder global de la industria química y petroquímica en México, y también Elementia, un holding mexicano que a su vez engloba firmas industriales y de la construcción.

Dos grupos mexicanos, Davinci Capital e Inmosan, junto con la familia Masaveu, el más importante grupo capitalista asturiano y una de las grandes fortunas de España, compraron el 12% de Liberbank en US$ 191,8 millones. Davinci Capital está dirigido por el empresario mexicano Gustavo Tomé, propietario de la fábrica de placas solares Solarcell y de Redi Plastics, la principal embotelladora mexicana, así como del fondo de inversión Némesis Capital. Inmosan congrega a un grupo de inversionistas mexicanos liderado por Ernesto Tinajero, fundador de Cablecom, que vendió en agosto del año pasado a Televisa por unos US$441 millones.

Las inversiones mexicanas también se canalizaron en el sector de la alimentación, inmobiliario e industrias. En 2011 Bimbo México compró la marca Bimbo en España a Sara Lee por algo más de US$ 110 millones. Y en julio pasado compró a su competidora Panrico por US$ 209 millones al fondo Oaktree. La mexicana Bimbo tiene presencia en España y Portugal a través de su filial Bimbo Iberia, que comercializa más de cien marcas.

En junio de 2015, tras un año y medio de su desembarco en el grupo Campofrío, el grupo mexicano Sigma se quedó con el 100% de Campofrío, firma que lidera en Europa el segmento de los cárnicos, luego de comprar su participación al grupo chino WH, antes llamado Shuanghui. La operación se cifró en US$ 354 millones. En agosto de 2013, el Grupo ADO, segundo operador de autobuses de México, compró a la firma de capital de riesgo Doughty Hanson, Avanza, primer operador privado de buses interurbanos de corto y medio recorrido del Área Metropolitana de Madrid. La compra superó los US$881 millones.

En noviembre de 2014 Slim se convirtió en el primer accionista de FCC, el grupo ibérico de servicios medioambientales, agua e infraestructuras, tras comprar a la familia Koplowitz en US$ 716 millones el 25,6% de la firma, con la que planea atender proyectos en Latinoamérica.

“La tendencia de inversiones mexicanas en España sigue un fenómeno alcista desde 2012; y en 2014 se registró la cifra más alta de la última década, con unos flujos de inversión bruta de US$1.295,8 millones”, dice Hernández, de KPMG. Incluso “en el primer semestre de 2015 suponen más del 50% de la inversión bruta de 2014”. Pese a la desaceleración del crecimiento global, los expertos coinciden en que los capitales aztecas seguirán llegando a la Península.