Carlos Fuentes es un alumno de octavo año de la escuela primaria Arturo Mutizábal de Chillán –a unos 400 kilómetros al sur de Santiago–. Cuando llega al salón de clases de su escuela, ubicada en la modesta población Óscar Bonilla, no encuentra un pizarrón con fórmulas que aprender de memoria, sino sofisticados equipos robóticos para aprender matemáticas.

Replicar esta experiencia en las escuelas que se están beneficiando de la apuesta de los gobiernos latinoamericanos por mejorar la educación es el objetivo de la gigante danesa Lego.

La juguetera constituyó en la década de los ochenta la división Lego Education, que crea productos educativos que van desde los más sencillos constructos para preescolares hasta complejos robots que se manejan con software, basados siempre en el invento que los hizo famosos: el ladrillo plástico. “Tenemos un catálogo de productos desde parvularia, y de básica y media hasta algunos productos para educación terciaria, que cuentan con componentes de apoyo para los profesores en su momento impresos y ahora digitales”, dice Jorge Sánchez, regional manager para Latinoamérica de Lego Education.

Pero su foco de comercialización nunca estuvo en los países emergentes como los de América Latina. Hasta ahora.
Sucede que la inversión de la región en educación está experimentando un enorme crecimiento. “Hoy todas las agendas políticas tienen un componente fuerte de educación; se sabe que es la ruta para mejorar las condiciones de los países”, dice Jorge Sánchez.

El gasto público regional en educación pasó de un promedio de 4,38% del PIB en 2000 a 4,9% en 2012, según la Cepal, y el compromiso de los gobiernos es alcanzar un 6% en los próximos años, que fue lo que acordaron los ministros de Educación de 38 países latinoamericanos y caribeños a fines del año pasado. Esto, sin sumar los crecientes recursos que se destinan a la educación privada y que aportan fundaciones y ONG. “Parte de la estrategia global es enfocarnos en mercados emergentes, donde se están abriendo muchas oportunidades, licitaciones grandes en equipamiento de tecnología para generar un impacto en la educación”, dice el ejecutivo mexicano.

Y el foco de las reformas educativas, que ya no solo buscan mayor cobertura sino que pretenden modificar la forma de enseñar y aprender, le calzó como anillo al dedo a la empresa. “Lego Education rompe desde el comienzo con el paradigma de la educación más centrada en el profesor que en el alumno, en la repetición y en la memorización. El impacto es en lo que llamamos hands on, o sea, el aprender haciendo, que se usen las manos, que se construya”, dice Sánchez.

Colombia, México y Chile son los mercados prioritarios. ¿Por qué? Por su tamaño de mercado y la estabilidad política y económica. “También tiene que ver con inversión en educación como porcentaje del PIB, y de esos recursos cuánto está yendo a infraestructura, a material didáctico, tecnología”, dice Sánchez. Otro criterio importante es el tema de las licitaciones, la apertura de proyectos grandes, de proyectos masivos y el estatus de los países en cuanto a tecnología.

Todo el terreno por recorrer tiene la compañía en estos países, ya que su penetración de mercado ha sido bajísima en América Latina. Si bien entre 2013 y 2014 las ventas crecieron 119%, se trata de montos que rondan los escasos US$ 3 millones o US$ 4 millones anuales. Nada si se compara con los cerca de US$ 1.000 millones que ganó Lego Group en 2014, según su memoria. “Hoy estamos trabajando con proyectos que individualmente valen alrededor de US$ 3 millones”, afirma Sánchez.

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Construyendo la estrategia. Pero para participar en estas licitaciones públicas y proyectos más masivos, Lego Education debió cambiar su forma de comercialización, que pasó de la simple entrega del producto a un servicio más completo con capacitación, apoyo y acompañamiento en su uso. Y para ello se asoció con distribuidores que puedan entregar esto. En Chile, a partir de este año, trabaja con Arquimed, que se especializa en distribuir y representar marcas de innovación en el área de educación, salud e industria.

Con esta modalidad están acordando renovar parte de los equipos que compró Chillán en 2008. El municipio está adquiriendo más de treinta kits de robótica por cerca de US$ 20.000. “Llegamos a un acuerdo que incluye capacitación y apoyo para el torneo de robótica escolar”, dice Marco Aguilera, encargado tecnológico de la dirección de educación municipal de Chillán.
Una parte importante de la estrategia de Lego Education son las competencias de robótica escolar a nivel local e internacional, llamadas First Lego League, donde los niños deben responder a un desafío usando los robots Mindstorm de la marca. Pero en Chillán tienen su propia versión, que reúne a las veinte escuelas que tienen estos kits. “Fuimos una de las primeras comunas en Chile que implementó un proyecto así a gran escala. En 2008 compramos 60 kits de robótica”, dice Marco Aguilera.

Carlos Fuentes fue uno de los participantes en el V Torneo de robótica escolar de Chillán que se realizó el año pasado. “Confeccioné dos autos con paneles solares”, explica el estudiante orgulloso de su invento. Su escuela ganó el segundo lugar.
Además de dar la posibilidad a niños de escasos recursos de acceder a equipos de alta tecnología –dice Aguilera–, el contacto con estos robots escolares “en lo pedagógico apoya el desarrollo de las habilidades científicas, aprenden conceptos de matemática, física, cálculo y geometría, y habilidades blandas, como el trabajo en equipo, la tolerancia al fracaso, por ejemplo”. Lo que apreciamos –dice– “es que estos niños toman amor a la ciencia y se fortalece la vocación por carreras científicas”.

Aumentar el interés de los estudiantes por la ingeniería, que ha disminuido en favor de una mayor inclinación hacia las humanidades, es otro foco de interés de Lego Education, según Sánchez. “Las últimas generaciones de chicos tienen miedo a las ingenierías por el tema de las matemáticas, de la física, no quieren tener que ver números. Entonces desde que parten en la escuela Lego Education les dice: la matemática, la ciencia, la ingeniería pueden ser divertidas si las aprendes haciendo con tus propias manos”, explica.

Y puede ser divertida porque es un juguete querido. “El niño no ve otra cosa que los ladrillos que asocia al Lego City o Duplo, por ejemplo; entonces con este distractor desviamos la mente del niño y la abrimos a estos conocimientos”, dice el ejecutivo.

En 2015 la escuela Arturo Mutizábal de Chillán y otros 10.000 colegios y 200.000 alumnos en América Latina experimentan el aprendizaje con el poder potenciado del ladrillo, impacto que Lego Education espera duplicar y triplicar en los próximos años.

Adicionar un componente tecnológico al famoso y amado ladrillo a través de softwares para sus robots –de la mano del gigante Intel– parece haber sido clave en la sobrevivencia y éxito de un juguete que nació en 1932, creado por una empresa familiar en un pequeño pueblo de Dinamarca llamado Billund, donde todavía se encuentra su sede. De ladrillos reales, por ahora.