La muestra de que la situación del sistema eléctrico nacional es aún vulnerable y deficiente es el amplio margen de pérdida que se registra, y que en los actuales momentos ronda 40% de la energía que se genera a diario, aseguró el ingeniero y ex director de la extinta Oficina de Operación del Sistema Interconectado (Opsis), Miguel Lara, en un foro sobre el sector eléctrico venezolano.

Lara sostiene que este factor es evidencia de que las inversiones requeridas no han sido materializadas.

Lo que se pierde de energía eléctrica no se factura, por lo que se muestra con claridad que en términos financieros el sector no puede ser autónomo. "Razón esta que mantiene al Ejecutivo nacional impulsando una mejor y mayor recaudación, para cubrir al menos la nómina de la corporación", aseguran expertos.

Las pérdidas de energía se producen por diversas razones: robo, conexiones ilegales, fraude por alteración de los medidores, falta de medidores, tarifas planas que suelen no ser fiscalizadas, entre otras.

Lara señala que los niveles aceptables de pérdidas oscilan entre 11% y 13% en cualquier sistema, sin embargo, el venezolano hace tiempo se alejó de este estándar. En 1998, cuando asumió la administración el presidente, Hugo Chávez, los niveles giraban en torno a 23%, que lejos de contraerse, crecieron.

Para evitar el aumento de las pérdidas, debió intensificarse la instalación de medidores.

"Pero han pasado 12 años desde que se visualizó la necesidad de hacerlo, y nada ha ocurrido. En principio se habló de dos millones", sostuvo el analista.

Para los expertos en materia eléctrica, la instalación de medidores es una buena forma de controlar el consumo, al tiempo que cada quien asume sus niveles de demanda, los cuales debe pagar.

Si a este panorama se añade que solo se cobra 50% de lo que se factura, con solo mejorar la pequeña infraestructura y la distribución, es posible alcanzar niveles importantes de ingresos, dijo Lara.

Equilibrio crítico. El balance entre la oferta y la demanda de energía eléctrica en el país presenta un equilibrio precario. La vulnerabilidad en materia de generación, transmisión y distribución es una realidad en los actuales momentos, de acuerdo con lo que señala Lara.

En la actualidad, 33% de la capacidad instalada de generación no está disponible, lo que ha desembocado en que la oferta o electricidad disponible se ubique en 17.000 megavatios, mientras que la ciudadanía está demandando 16.755 megavatios.

Esto, muy a pesar de que la capacidad instalada nominal del país es de 24.838 megavatios.

Dentro de los rangos bajos aceptables de utilización de capacidad instalada de generación se estima que 80% es razonable. "Si es menos de eso, ya te enfrentas a un sistema con vulnerabilidades", destacó Lara.

Este encuentro entre oferta y demanda es peligroso, toda vez que el margen de maniobra para enfrentar contingencias es inexistente, explica el analista.

Las interrupciones eléctricas mayores a los 100 megavatios han mostrado un avance vertiginoso y preocupante.

El experto sostiene que nunca antes se habían alcanzado los topes actuales, donde las interrupciones de energía en el sistema han llegado a 339 megavatios (en 2009) y 337 megavatios (en 2010).

Lara señala que cuando en el año 2000 se produjeron interrupciones por encima de 55 megavatios había una enorme luz de alarma.