Luego que la Reserva Federal realizara la tercera relajación cuantitativa, el mercado se estabilizó y creo ciertas barreras para manejar el temor ante la actual crisis. Así con la medida de la Fed se impulsó el precio de las materias primas a niveles propios del inicio de un ciclo de expansión económica, aspecto que podría mantenerse, más allá de los primeros indicios de su existencia.

Si las alzas que se generan por el el exceso de liquidez tienden a ser de corta duración cuando no los acompaña un aumento del crecimiento, el grupo de los metales básicos – gran beneficiario del QE3 junto con el oro— se ve particularmente vulnerable.

Lo anterior sucede especialmente desde que el Banco Mundial rebajó la previsión del PIB anual de China, el mayor consumidor de metales del mundo, como consecuencia de la débil demanda interna y las exportaciones.

El repunte del 15%-20% apreciado por estos activos desde principios de agosto mantiene viva la creencia de que el mercado alcanzó un punto de inflexión. Sin embargo, de acuerdo a un gran número de expertos, el repunte de los metales industriales del último mes acabará debilitándose a menos que los fundamentales mejoren de forma significativa, algo que el mercado da por hecho que empezará pronto.

De cualquier forma, el principal problema para la mayoría de los metales es que la oferta supera con creces la demanda, hasta el punto de que la reciente recuperación de los precios podría ser contraproducente, si por ello se ralentizan los recortes de producción señala Mónica Coronatti.

En algunos metales como el zinc, el aluminio y el níquel, los precios fueron tan bajos durante tanto tiempo que llevó a las empresas mineras con mayores costos a bajar tasas de producción, aunque no lo suficiente como para eliminar por completo el exceso de suministros.

Hasta la fecha, el consumo de metales en las principales economías del mundo se ha mantenido sorprendentemente bien, destacando la demanda de aluminio debido al fuerte consumo en los Estados Unidos apoyado en la demanda de transportes.

El plomo pasa por una situación similar en los EE.UU. y China, donde la demanda de baterías ayudó a contrarrestar la debilidad que han enfrentado estos commodities en varias industrias.

Fundamentalmente, del gigante asiático dependerá que la demanda se reactive lo suficiente desde los niveles actuales para empezar a contraer los excedentes de metales básicos. En ese sentido, los expertos de Barclays destacan que ‘sería un error asumir de manera generalizada que la demanda es igual de débil en todas partes. Los últimos datos revelan un panorama mixto, con algunos sectores tales como aires acondicionados claramente debilitados, y otros como las baterías de plomo muy fuertes. Algunos sectores como transportes y cables eléctricos empiezan a dar señales de recuperación’.

Por lo general, las expectativas de crecimiento son tan débiles que cualquier mejora tomaría al mercado por sorpresa, algo percibido por Barclays como ‘riesgo alcista’ para metales como el cobre, el estaño y el plomo, cuyos balances, dependiendo de la demanda, podrían ser definidos en superávit o déficit.

Sin embargo, en el caso del aluminio el superávit es tan grande, que incluso es poco probable que el repunte de la demanda tuviera mucho impacto, por lo que el banco británico ha rebajado el precio promedio para cuarto trimestre a 1,950 dólares/tonelada frente a 2,150 dólares/tonelada de la previsión anterior.