Santa Cruz, una de las regiones con mayor dinámica económica en Latinoamérica –según el ránking de ciudades de AméricaEconomía–, se constituyó en las décadas 80 y 90 en el polo del desarrollo agroindustrial y pecuario de Bolivia y sede de las principales empresas petroleras privadas que operaron y aún operan en el país. Su desarrollo ha creado un contrapeso al departamento de La Paz, que contrasta con Santa Cruz porque es la sede del gobierno central, y tiene una economía estructurada mayoritariamente por servicios y minería de larga tradición.
En la década del 90, la economía cruceña creció a un promedio del 5,5%, llegando a tener un notable pico del 13% anual en 1998,  superando a la mayoría de regiones de América del Sur, en la misma época. Luego de una desaceleración del crecimiento, posterior a la crisis financiera mundial de 1999, el Departamento recuperó un crecimiento promedio de 3,4% hasta el 2010 y entre el 2011 y 2013 su crecimiento promedio subió al 7%. En 2013, mientras que la economía boliviana creció 6,8%, Santa Cruz creció 7,1%, con una economía que representa cerca del 28% del PIB nacional.
Sus exportaciones alcanzaron en 2013 los US$3.400 millones, de los cuales se estima que el 45% fueron productos no tradicionales, en su mayoría productos agroindustriales. Santa cruz aporta el 70% de los productos agropecuarios del país y exporta el 80% de este volumen de producción.
Su ciudad principal, Santa Cruz de La Sierra, que a mediados del siglo pasado apenas alcanzaba los 45.000 habitantes, en 2015 -según estimaciones del Instituto Nacional de Estadística (INE)-, la población urbana, incluyendo ciudades intermedias,  llegará a los 2 millones de habitantes, mientras que en todo el departamento la marca superará los 3 millones de habitantes.
Los cruceños, se han caracterizado por tener una actitud emprendedora, optimista y pujante. La ciudad ha dado la bienvenida a gente de todas las regiones de Bolivia y de otros países también. Sus colonias menonitas y japonesas se han desarrollado sostenidamente en las últimas décadas, aportando decididamente al crecimiento de la región. Con grandes inversiones en proyectos urbanos y comerciales, la ciudad de Santa Cruz es dinámica y cosmopolita. Sus hoteles y restaurantes reciben permanentemente empresarios, inversionistas y turistas que se sienten atraídos por el clima y estilo de la ciudad. Su identidad se ha fortalecido, son fieles a sus tradiciones y, al mismo tiempo, son progresistas y no escatiman esfuerzos para tener los más modernos productos, tecnologías y servicios a su alcance.
Por otro lado, la economía boliviana está entre las primeras de mayor crecimiento en Latinoamérica. En 2013, Bolivia creció en el orden de 6,8%. Y aunque la Cepal ha estimado un crecimiento del 5,5% para el 2014, el Ministro de Economía ya anunció que esta expansión superará sin dificultad el 5,7%.
El crecimiento de los últimos años, tiene base en la exportación de gas natural de petróleo al Brasil y Argentina, que para el 2013 representó aproximadamente el 55% del valor total de las exportaciones. Bolivia tiene una trayectoria importante en materia de hidrocarburos en la región. Actualmente los yacimientos de gas natural son el principal recurso generador de divisas del Estado y, según las reservas certificadas por la estatal YPFB, se proyecta que ese flujo estaría asegurado para los próximos doce años. Gracias a los precios internacionales y a los contratos de suministro directo a sus países vecinos, Brasil y Argentina, la renta petrolera alcanzó en 2013 los US$5.500 millones y se estima que para fin de este año se supere los US$6.000 millones.
La dependencia en la explotación de recursos naturales no renovables, precios fluctuantes de commodities Internacionales, la inflación, y la amenaza de escasez de productos alimenticios; previsible por la tendencia al crecimiento de la población urbana y la incorporación de más de un millón de habitantes que antes estaban ubicados por debajo de la línea de pobreza, son mensajes de alerta bien conocidos tanto en el sector público como privado.
Potenciar el desarrollo de la región de Santa Cruz, incrementando la producción de alimentos al nivel que se plantea para el 2025, podría traer equilibrio al modelo económico nacional, muy dependiente de procesos extractivos, y además, traer sustentabilidad para una creciente población, no sólo dentro del país sino de toda la región en Sud América.
Desde el año 2010, el gobierno y las instituciones del sector empresarial cruceño iniciaron conversaciones para articular líneas de acción que permitan ampliar el sector productivo agroindustrial en el modelo económico del gobierno. En julio de 2013, el proceso de articulación consolidó una meta interesante a nivel nacional para el sector agropecuario: Incrementar la producción de alimentos de 15 millones de toneladas que se producen actualmente a 45 millones en 2025. Santa Cruz, el Departamento que produce más del 70% de alimentos en el país, tiene el reto puesto por delante.
AméricaEconomía quiso conocer mejor qué opinan, sobre esta meta, las principales instituciones del sector privado vinculadas al tema. Para ello organizó un conversatorio con los presidentes de la Federación de Empresarios Privados de Santa Cruz (Fepsc), la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO), la Cámara de Industria, Comercio, Servicios y Turismo de Santa Cruz (CAINCO) y la Cámara de Exportadores de Santa Cruz (Cadex). Las exposiciones se caracterizaron por la visión de unidad y por el trabajo en equipo que han logrado estas instituciones para el desarrollo del Departamento.

 

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-¿Cuál es la situación actual del departamento de Santa Cruz?

-Gabriel Dabdoub: Santa Cruz, según su Plan de Uso de Suelo, tiene 3 millones de hectáreas de tierra de alta calidad para cultivos intensivos, 6 millones para cultivos extensivos, y 3 millones aptas para ganadería donde se crían un hato ganadero con 3 millones de animales, la gran mayoría cebuinos de alta calidad genética. En estas tierras se produce el 75% de los alimentos que consume el país, la totalidad de las exportaciones de origen agrícola (aceites, azúcar, alcohol y carne), con excepción de la quinua.

En Santa Cruz está instalado el centro agroindustrial más vigoroso del país, con media docena de ingenios cañeros, plantas procesadoras de lácteos, industrias aceiteras, frigoríficos de pollos y bovinos.

En el tema de los recursos naturales renovables, los bosques con maderas de alto valor comercial y los ríos con capacidad de generación de energía, son también una riqueza muy grande. Además, algunos de los principales campos petroleros de Bolivia están en este Departamento y producen el 37% del petróleo y del gas del país. También está en nuestra región El Mutún, uno de los yacimientos de hierro más grandes del mundo (aún sin explotar).

El desarrollo en la agroindustria, y servicios financieros y comerciales, ha permitido contar con recursos humanos en todos estos campos, con experiencia y capacidad.

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-¿Cuál es la situación actual de la industria en Santa Cruz?

-Luis Barbery: La industria participa de manera importante en el PIB regional con 18%. Está centrada principalmente en agroindustria y producción de alimentos. Creemos que existe un potencial muy grande para la actividad empresarial. Tenemos una vocación altamente productiva y exportadora. Podemos incursionar en la producción de alimentos en forma agresiva, queremos garantizar el suministro de alimentos al país y para la exportación.

Sabemos que para para el año 2025 seremos más de 14 millones de bolivianos y produciremos 25 millones de toneladas para el mercado boliviano. Vamos a exportar diez veces lo que se exporta ahora, pasaremos de dos a 21 millones de toneladas de alimentos para la exportación. Estas cifras son las bases de la propuesta que elaboramos con la CAO y la FEPSC, y que presentamos al gobierno y fueron aceptadas. Son cifras factibles de lograr.

La industria crecerá normalmente, pero está la necesidad de adecuar la logística industrial que acompañe el crecimiento de la industria. Carreteras, vías férreas, puertos y sistemas de almacenamiento. El tema del puerto Busch es una necesidad comprobada, una necesidad de tener soberanía en el destino de los productos, una salida propia al Atlántico. También hay estudios para que se construya un corredor ferroviario entre Puerto Suárez y el Puerto de Ilo en el Perú, lo que crearía un corredor bioceánico que ayudaría mucho con la logística y las exportaciones.

Wilfredo Rojo: Si Santa Cruz es el motor del desarrollo de Bolivia, es porque por los años 60 rompió el molde. El país desde sus inicios, basó su economía en modelos extractivos. Nosotros nos dedicamos a producir con una lógica fundamental: Producir para nosotros, pero también para los demás. Nos hemos desarrollado bajo el concepto de mutualismo con una fuerte institucionalidad.

Actualmente dependemos mucho de los hidrocarburos. La industrialización en Bolivia ha decrecido en términos relativos. Necesitamos dar un salto. Necesitamos que el Estado nos acompañe en el proceso de industrializar la región. Cómo ningún otro Departamento, tenemos cinco ciudades intermedias, y necesitamos potenciarlas, para poder desarrollar su logística y poder movilizar su producción.

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-¿Cuál es la situación actual en términos de infraestructura, transporte y logística en Santa Cruz? Sabemos que Bolivia está entre los últimos países de desarrollo en la región en lo que se refiere a infraestructuras.

-Wilfredo Rojo: Santa Cruz y Bolivia están en pañales en lo que se refiere a infraestructura. Necesitamos tener una logística integrada. Qué hacemos si tenemos carreteras, pero no accedemos a los puertos. Tampoco tenemos integración con los sistemas de transporte de Chile, Argentina y Perú. Se necesitarían construir por lo menos siete puertos secos en Bolivia para ayudarnos con el manejo de carga y la transferencia de remolques, algo que es sencillo y que facilitaría mucho el trabajo. Nuestras carreteras no aguantan la carga de transporte y actualmente nuestros precios en logística rondan los US$130 por tonelada, lo que reduce nuestro nivel de competitividad

Viendo las cifras que se plantean al 2025, donde se estima que debería haber 21 millones de toneladas para exportación, vemos que es necesario encarar la logística como un tema de primer nivel. El año pasado sólo en soya, se produjeron casi 13 millones de toneladas. La infraestructura de los puertos chilenos no abastecía para nuestros requerimientos. Pensamos que con la voluntad de Brasil y la de Argentina, sin hacer grandes inversiones, podríamos tener el Canal Tamengo, navegable por lo menos nueve meses al año, por donde se sacan entre uno a 1,3 millones de toneladas y se ingresa gasolina y diesel (canal natural-artificial de 11 kilómetros que conecta los puertos de Puerto Suárez, Puerto Aguirre y Puerto Quijarro con el río Paraguay). Hoy, se lo hace en condiciones precarias y a voluntad de las pequeñas inversiones privadas. Por otro lado, Puerto Busch que conecta directamente con el río Paraguay, es demasiado importante y necesitamos desarrollar una infraestructura adecuada para la logística de exportación.

Además, la poca eficiencia del sistema aduanero en la liberación de la carga que se transporta por camiones, ha tornado muy lento todo el proceso. Debido a la cantidad de regulaciones que tiene el Estado y su tendencia a la centralización, ha habido casos en que la liberación se ha hecho en 17 días, ocasionando serios problemas, inclusive el retorno de los camiones. Para poder exportar, requerimos 21 días para lograrlo, lo que nos disminuye competitividad a nivel internacional.

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-¿Cuál es la situación actual del agro? ¿Qué nos puede decir sobre la seguridad jurídica para la tenencia de tierra y el financiamiento productivo?

-Julio Roda: Hemos venido trabajando en varios temas. La seguridad jurídica, es el que más tiempo nos ha tomado. La titulación de tierras sigue siendo un proceso muy lento. Hay casos de propiedades que ya tienen papeles, pero vuelven al proceso porque se les encuentran algún vicio, estos casos van al Tribunal Agroambiental, tenemos 154 propiedades en esa etapa. La filtración de información genera avasallamientos de grupos vandálicos con la complicidad de algunos funcionarios públicos. Es complicado para el productor comenzar a pelear con avasalladores. Pese a que se ha hecho una ley que ha ayudado en el problema, los avasallamientos desincentivan, y el propietario no invierte y no hace mejoras en el campo. Si bien el presidente y el vicepresidente piden el crecimiento de la frontera agrícola, de la producción y del aumento en el rendimiento; tenemos estos problemas que frenan la inversión.

En el tema de financiamiento, hemos conseguido con el gobierno, y las instituciones que están presentes aquí, un gran logro. El 20% de la cartera de créditos ahora son para el sector agropecuario. Esto ha sido muy importante, se ha hecho un trabajo muy sólido con la ASFI (Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero) y se les demostró que necesitábamos crédito para poder introducir tecnología y ampliar la frontera agrícola. Sin embargo, tenemos un grave problema con el sector ganadero, porque la Función Económica Social (FES) es de dos años en créditos y el ciclo productivo del animal es de cuatro años. Esto hace que la entidad financiera rechace la propiedad como garantía y busque un inmueble urbano del mismo productor. Esto perjudica a pequeños productores y quedan limitados en el sistema financiero. que solamente tienen la capacidad de hipotecar su maquinaria, y esto, porque se logró una nueva normativa que articulamos con el mismo gobierno. Lo que implicó un trabajo muy interesante con la Aduana para legalizar la maquinaria que está en el campo, y así el productor tener acceso a créditos, pero no para temas de desmonte, siembra directa, silos o maquinaria para almacenamiento de granos.

El saneamiento de tierras, enfrentar los avasallamientos y el crédito para el sector, son avances importantes para el crecimiento agropecuario. Pero también hay avances en otros temas como, por ejemplo, el abastecimiento de diésel. Antes teníamos muchos problemas y la escasez era permanente. Hoy es un asunto solucionado.

Sin embargo, hay algunos temas que son un escollo para el productor. Uno de estos temas es la liberación de la producción excedentaria para exportación en momentos oportunos. Tenemos lentitud en las exportaciones y se pierden mercados. Esto nos pasa con el arroz, con el azúcar y también con la soya. En el tema de la carne, este año fue complicado. Hoy existe mucha carne, se sacrificaron muchos animales y hay 10 mil toneladas métricas para exportar, a pesar de que se hizo un trabajo muy serio con la Ministra de Desarrollo Productivo  para conseguir mercados para la carne en China, Perú, Colombia y otros países, el gobierno nos amenaza reiterativamente con cerrarnos la exportación. Ese tipo de acciones son difíciles de entender por la gente de afuera, que piensa que el mercado boliviano no es seguro. Todo esto ocasiona que a pesar de que haya acceso a créditos para comprar semovientes, los productores no lo hacen por temor. El 2015 va a faltar carne por las inundaciones, eso es algo que ya se ha explicado a los gobernantes. Sólo se podría resolver si se compran animales preñados, pero nadie se anima a sacar los créditos por los motivos que ya mencioné. No están todas las normas claras, y eso nos hace sacar un poco el pie del acelerador.

-¿Cuáles son las cifras para Santa Cruz ,si a nivel de país se ha planteado un crecimiento de 45 millones de toneladas de alimentos para el 2025? ¿Cómo se puede llegar a estas metas durante éste periodo de tiempo?

-Gabriel Dabdoub: Son casi cuatro años que venimos impulsando desde la Federación un proceso de articulación público-privado basado en la construcción de confianza entre sus actores. Es fundamental resaltar el optimismo y el trabajo de  articulación para construir un país con potencialidades enormes. Como resultado, el desafío que compartimos con el gobierno nacional es el de incrementar la superficie cultivable en un millón de hectáreas por año. Nos sentimos orgullosos de haber aportado, con una mirada hacia el futuro, propuestas medibles para el crecimiento del país.

Las cifras que hemos podido definir están registradas en documentos que se generaron en eventos que se llevaron a cabo con el sector público. Quiero hacer referencias a dos de ellos para que se entienda mejor:

En el evento “Más Inversión Más Empleo”, que se realizó en julio 2013, señalamos que hasta el 2025 es posible pasar de las actuales 15 millones de toneladas de alimentos a 45 millones con una inversión privada de 13.000 millones en producción agropecuaria y en agroindustria.

Para completar este planteamiento, en diciembre 2013 realizamos el encuentro “Infraestructura para la Inversión”. El tema era sencillo de abordar. Sí triplicamos nuestra producción de alimentos, ¿cómo almacenamos y cómo transportamos 24 millones de toneladas para los mercados nacionales y 21 millones de toneladas a los mercados internacionales? Constatamos que es necesaria una inversión aproximada de US$46.000 millones en sistemas de generación y transporte de energía eléctrica, carreteras, ferrocarriles, aeropuertos, vías fluviales, almacenamiento, cadenas de frío, en suma, un cambio de fondo en la logística que acompañe el crecimiento productivo.

Nuestra meta es lograr una inversión público-privada a nivel nacional de US$59.000 millones hasta el 2025, de los cuales US$35.000 millones deberían ser inversión pública y US$24.000 millones deberían ser inversión privada.

Es necesario ver la coyuntura. Hay una esperanza y un compromiso del sector privado para poner el hombro al país. Lo más importante es lograr la transformación del perfil productivo boliviano, pasar de ser un país extractivo a un país productivo. Para ello hay que dar atención a aspectos pequeños, respuestas eficientes a problemas cotidianos de la producción y de los productores; la necesidad de superar la burocracia y mejorar la eficiencia de las instituciones públicas y como dijo el Papa Francisco: “no debemos tener límite para lo grande, pero hay concentrarse en lo pequeño”.

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-¿Qué infraestructura debería estar lista en 2025? ¿Qué servicios de transporte y logística deberían estar funcionando?

-Wilfredo Rojo: La posición geográfica de Santa Cruz es privilegiada. En el corto plazo, podríamos abastecer a 20 millones de habitantes, sólo con ser el eje comercial y abastecedor de ciudades cercanas, incluyendo las que están en la Argentina y Brasil. Somos de las ciudades más prósperas como se puede ver en el mismo ránking de ciudades de AméricaEconomía, en el que ocupamos un lugar entre las 50 más importantes.

Para ello necesitamos desarrollar algunas infraestructuras físicas, servicios logísticos y facilitaciones al comercio exterior que agilicen las exportaciones. Por citar algunos, se podría crear un corredor azul de energía, conectando el norte de Argentina, Santa Cruz y Puerto Suarez en la región fronteriza con Brasil, con hidrovías, pasos fronterizos y estableciendo aduanas binacionales. Además, es muy importante construir un puerto multipropósito en Puerto Busch (ubicado en el extremo suroeste y frontera con Brasil), que costaría US$500 millones, mucho menos que lo que costaría un puerto en Ilo, Perú. También un puerto en Rosario, Argentina, lograr el corredor ferroviario oriente-occidente (tren bioceánico) y restablecer las conexiones ferroviarias con Argentina y Brasil, que es un tema más de voluntad política. Desarrollar el hub aeroportuario en Viru Viru, que debería costar alrededor de US$200 millones. Otro gran proyecto que está ubicado en Santa Cruz, es el proyecto hidroeléctrico de Rosita, que cuesta US$1.500 millones. No es sólo un proyecto de energía eléctrica, sino que a través del mismo se lograría dar riego a 650 mil hectáreas, uno de los suelos más ricos que pueden existir.  

-¿Cuáles serían las condiciones para triplicar la producción de alimentos en el 2025 en Santa Cruz?

-Julio Roda: Les agradezco por el concepto y visión que tienen de Santa Cruz, que es el mismo que siempre hemos tratado de mostrar al país. Es importante señalar que no somos regionalistas. Todas las leyes que se han trabajado con el gobierno no son con una visión regional, sino nacional. El 36% de la población económicamente activa del país depende de la actividad agropecuaria.

Podemos decir que las acciones que promovemos van en beneficio del 75% de lo que comemos los bolivianos. Sólo nos falta cumplir con los compromisos en trigo. Es un cultivo muy riesgoso, por que no tenemos la variedad adecuada, las pérdidas son muy grandes, y tiene que ver con tecnología de semillas y las variaciones climáticas. El productor prefiere sembrar sorgo para, por lo menos, salir empatado. En el 2010 hubo un incentivo financiero de parte del gobierno, y ese año se logró el récord de siembra de trigo y posiblemente este año tengamos algo similar.

Para llegar al 2025 con esos índices que se analizaron y que nosotros creemos que podemos hacerlo, aunque ya estamos un poco rezagados, necesitamos entrar con la biotecnología. Un ejemplo para considerar es el del algodón. Santa Cruz sembraba 70 mil hectáreas de algodón, con un nivel de producción que no tenemos en este momento. Los que tenemos 50 años, podemos acordarnos que hubo un año con sobreproducción y para poder cosechar, tuvimos que ir a los colegios a buscar ayuda porque no había mano de obra en todo el país. Hoy, sólo tenemos 1.800 hectáreas de un cultivo que es espectacular, con muy buenos rendimientos en tierras del Chaco cruceño. Pero ahora que producimos poco algodón, ni siquiera las empresas del gobierno lo compran, por un aspecto relativo a la fibra. Y al mismo tiempo nos prohíben el ingreso de semillas transgénicas para mejorarla y ser competitivos y eficientes.

En el tema del maíz, ahora que vamos a entrar al Mercosur, fuimos a visitar la provincia de Salta, con tierras mucho más pobres que las nuestras, con climas mucho más severos que los nuestros, y ellos con riego sacan diez toneladas por hectárea de grano. Nosotros acá, apenas sacamos cuatro y festejamos. Entonces ¿Cómo se va a poder competir con productores de los países vecinos que usan tecnologías que los hacen ser eficientes? El 2013 fue un año muy complicado y tuvimos que fumigar 6 veces por los gusanos. Absolutamente en desventaja en relación a los países vecinos. Son cosas que tenemos que ir trabajando con el gobierno. Se ha hablado en todas las reuniones la necesidad de usar biotecnología. Si bien ya tenemos eventos biotecnológicos en soya necesitamos otros para poder seguir ese crecimiento. Sólo por dar un ejemplo, Paraguay, que es muy similar a Santa Cruz, produce alimentos para 60 millones de personas con ayuda de la biotecnología y por la alianza que existe entre el sector privado y el gobierno. Nos preocupa y desmotiva no tener esa herramienta a disposición de forma clara y legal, para poder también traer la tecnología que es adecuada para la región.

Para poder llegar al millón de hectáreas por año, tenemos que solucionar los problemas que mencioné anteriormente, pero también se necesita celeridad en procesos de desmonte y poder ampliar la frontera agrícola. Esa época dura sólo seis meses, empieza ahora y dura hasta final de año. Es muy difícil de explicarlo y que se entienda como un proceso. Además, necesitamos celeridad en el tema de titulación, si bien hemos avanzado en el tema con INRA (Autoridad de Reforma Agraria), Santa Cruz es la región con más tierras sin documentación, que se necesitan para poder obtener créditos. Se ha avanzado mucho con los niveles más altos del gobierno nacional, pero los niveles medios no acompañan esa necesidad de acelerar los pasos y trámites. Hemos desaprovechado momentos espectaculares de precios internacionales por este motivo. Estamos trabajando, pero hay que poner mayor atención a estos temas, y necesitamos trabajar con gente que realmente sepa de genética y biotecnología.

-¿Cuáles serían las metas que se plantearían al Departamento para llegar al objetivo del 2025?

-Gabriel Dabdoub: Para la visión que tenemos para el 2025, las cifras que hemos analizado y evaluado son: alcanzar una superficie de cultivos industriales de 6 millones de hectáreas anuales, en tanto que para el resto de los cultivos (fruta y hortalizas), el Departamento debería alcanzar los 2 millones de hectáreas. Se tendrían que tener cultivos industriales por el orden de los 30 millones de toneladas y se debería producir hortalizas, tubérculos, forrajes y frutas en el orden de los 7 millones de toneladas. Se debería producir también 550 mil toneladas de carne bovina, 3 millones de toneladas de carne de pollo, 12.500 millones de huevos y un millón de toneladas de leche. Los bosques bajo manejo sustentable, deberían alcanzar las 25 millones de hectáreas, bosques que deben producir madera y materia prima para la industria de muebles.

Para esta misma visión, en el 2025, el PIB nacional debería ser superior a los US$75.000 millones y el aporte de Santa Cruz al PIB debería alcanzar los US$25.000 millones. El 75% de este, debería ser en productos renovables y agroindustria, y el restante 25%, en hidrocarburos y minería.

Sabemos que los países sudamericanos tienen una oportunidad por las condiciones que se han dado en el mundo. Creo que el potencial es enorme para la región, y Bolivia y Santa Cruz no son la excepción. Visualizando el año 2025, la población de Bolivia, siguiendo la proyección del INE, será superior a los 15 millones de habitantes y Santa Cruz tendrá casi 4 millones, de los cuales 3,2 millones habitarán en el área urbana y 800 mil en el área rural. En la denominada área metropolitana de Santa Cruz, que incluye las ciudades intermedias colindantes de Warnes, Montero, La Guardia, Porongo, Cotoca y el Torno, se concentrarán casi 3 millones de personas, convirtiéndose en la zona de mayor concentración de habitantes de Bolivia, en una superficie que estará en alrededor de las 100 mil hectáreas, donde se ubicarán dos grandes parques industriales y el corazón de la agroindustria boliviana.

-¿Cómo se ve la inversión extranjera para el desarrollo agropecuario de SCZ?

-Julio Roda: Creemos que Bolivia en su totalidad tiene mucho potencial. Somos un país joven y en crecimiento. Los que estamos en esta mesa sabemos que es así, y para ser explicito, doy el ejemplo de la ciudad de Santa Cruz. Hace 50 años esta ciudad no tenía una sola calle asfaltada, todas eran de tierra. El crecimiento que ha tenido es impresionante. Creemos que hay espacios para crecer y mucho. Tenemos empresarios de punta, no como pensaba el Gobierno, que faltaban empresarios de alto nivel. Cuando tuvimos la visita del embajador del Japón y de China pudimos mostrarles que hay productores agrícolas que usan tecnología satelital, sin tractoristas y que siembran 12.000 hectáreas en dos días, todo en forma computarizada. Los tractores ya tienen computadoras que hacen la siembra, la fumigación y el fertilizado del suelo, que se hace en función de un mapeo satelital del suelo y que permite determinar qué minerales le hace falta para una siembra efectiva. Esto muestra que realmente se invierte en tecnología. La semana pasada tuvimos una feria patrocinada por John Deer, una de las empresas más grandes del mundo en maquinaria agrícola, y el gerente de la marca para Latinoamérica se sorprendió al ver que los productores, de todos los niveles, apuntan a las nuevas tecnologías. Durante la feria se ofreció un descuento del 40% en todas las máquinas y repuestos; y se llegó a los US$4 millones en ventas en un solo día.

Todo esto demuestra que hay condiciones y es difícil pensar, que con los niveles de ingreso que tenemos los bolivianos, podamos alimentarnos de los países vecinos. Es indispensable que nosotros produzcamos nuestro propio alimento. Nuestras instituciones se han puesto a trabajar en el tema y hemos hecho los planteamientos al Presidente para definir metas hacia el 2025 para lograr el crecimiento que debemos tener en conjunto, como país. Pero creo que lo fundamental, para tener un crecimiento e inversión extranjera, es tener las reglas claras. Los inversionistas que han venido y que están desde hace muchos años, más otros que han llegado recientemente, están con miedo de invertir en Bolivia porque no hay seguridad en las reglas para inversiones de extranjeros. Hay inversionistas, como los menonitas y japoneses, con hijos nacidos acá, que todavía tratamos como extranjeros por sus formas de vestir o de vivir y tienen limitaciones en muchas cosas. Son gente sana que ha venido a trabajar, a invertir y a aportar. En esto estamos errados. Si vemos en otros países, por ejemplo Brasil, el caso es distinto. El japonés o hijo de japonés que ha nacido en Brasil es brasilero y es tratado como tal. También tenemos que reconocer que en los últimos cinco años han ingresado extranjeros que han traído muchas mejoras, sobre todo en rendimientos, en siembra directa con maquinaria, haciendo un mejor uso del suelo, con surcos mejor hechos y mejores distancias entre plantas, trayendo mejores resultados. Lo mismo con nuevos productos como el caso de la Chía. La cantidad de Chía que estamos produciendo y que ahora vamos a exportar, es algo que jamás se pensó se podía hacer en este año. Todos estos son ejemplos de los beneficios que nos traen las personas de afuera. Nos traen su conocimiento, su tecnología y su experiencia; y nosotros los bolivianos lo aprovechamos. Por todo esto creo que debemos trabajar con el gobierno para poner las normas claras para la inversión extranjera. Tenemos espacio y mucha tierra disponible para la parte agrícola.