Tokio. Ingenieros japoneses trabajaban por la noche para restaurar la red principal de energía en la planta nuclear de Fukushima dañada tras un sismo, con el fin de empezar a bombear el agua necesaria para enfriar las varillas de combustible y evitar una catástrofe.

Las autoridades no dijeron cuándo podrán terminar de instalar un cable de electricidad de 1,5 kilómetros, pero indicaron que las tareas se detendrán el viernes por la mañana para permitir que helicópteros militares y camiones de bomberos vuelvan a rociar la planta de Daiichi, a 240 kilómetros al norte de Tokio.

"Los trabajos preparatorios hasta ahora no han progresado al ritmo que esperábamos", dijo un ejecutivo del operador de la planta, Tokyo Electric Power Co (TEPCO), en una rueda de prensa, añadiendo que una ola de frío estaba dificultando los esfuerzos.

Las autoridades estadounidenses expresaron su alarma por la radiación en la planta, dañada por cuatro explosiones desde el sismo de magnitud 9 y el tsunami posterior.

Yukiya Amano, jefe de la Agencia Internacional de Energía Atómica con sede en Viena, tenía previsto llegar a su país natal el viernes junto a un equipo internacional de expertos, luego de quejarse por la falta de información sobre la crisis ante las autoridades japonesas.

Aunque Tepco logre poner en marcha la energía, no está claro si funcionarán las bombas debido a que pudieron ser afectadas por el desastre natural o las subsiguientes explosiones.

El trabajo ha sido lento debido a la constante necesidad de monitorear los niveles de radiación para proteger a los trabajadores.

Los funcionarios estadounidenses se esforzaron por no criticar al gobierno japonés, pero las medidas de Washington indican recelo hacia su estrecho aliado por la peligrosidad del peor accidente nuclear en el mundo desde el desastre de Chernóbil en 1986.

La máxima autoridad nuclear de Estados Unidos dijo que la piscina de refrigeración para las varillas de combustible gastado en el reactor 4 podría haber quedado seca y otra tiene filtraciones.

Gregory Jaczko, director de la Comisión Nuclear Regulatoria, dijo en una comisión parlamentaria que los niveles de radiación en torno a la piscina de refrigeración son extremadamente altos, lo que supone un riesgo mortal para los trabajadores que aún están en la planta, gravemente afectada por el terremoto de hace una semana.

"Sería muy difícil para los trabajadores de emergencia llegar a los reactores. Las dosis que podrían experimentar serían dosis potencialmente mortales en un periodo de tiempo corto", dijo en Washington