Santiago. Responder ante desastres naturales y prevenir sus efectos es una labor que tendrá cada vez mayor importancia para América Latina y el Caribe, dado el contexto global de cambio climático, que puede aumentar y volver más violentos los eventos climáticos extremos.

Este mes comenzarán las labores de un proyecto destinado a dar apoyo a los países de la Comunidad del Caribe (Caricom) para reducir el riesgo y enfrentar de mejor manera los desastres y emergencias naturales.

El proyecto será ejecutado por la Agencia de Emergencia para el Manejo de Desastres del Caribe (Cdema, por sus siglas en inglés) con apoyo técnico de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Se enmarca en un acuerdo entre Caricom y el gobierno de Brasil, país que invertirá US US$560.000 en el proyecto.

“La recuperación de la agricultura es clave tras el impacto de un desastre natural, y requiere de planes y apoyos bien pensados para los pequeños agricultores, que pueden sufrir enormes pérdidas y que no tienen la misma capacidad de respuesta que los productores comerciales”, señaló Alan Bojanic, Oficial a Cargo de la Oficina Regional de la FAO para América Latina y el Caribe.

Anticipar los efectos. El proyecto trabajará apoyando la reducción de riesgos para el sector agrícola, entregando recursos a los países más afectados por el huracán Thomas en 2010: Belice, Santa Lucía y San Vicente y las Granadinas. También incluye labores de monitoreo y prevención de la sequía, además de apoyar iniciativas de seguro agrícola como una forma de reducir las pérdidas.

“En vez de reaccionar, tenemos que anticipar los efectos de eventos climáticos en el ganado, en los sistemas productivos agrícolas, y en los pequeños agricultores y pescadores”, explicó Jeremy Collymore, Director Ejecutivo de Cdema, quien agregó que se debe capacitar a los pequeños productores para que integren nociones de manejo de riesgo, y puedan acceder a sistemas de seguros para minimizar las pérdidas.


El proyecto dará asistencia técnica para el desarrollo de la iniciativa de “escuelas vivas” en Anquila, Barbados, Belice, San Kitts-Nevis, Santa Lucia y San Vicente y las Granadinas. Estas escuelas serán preparadas para servir como albergues comunitarios en caso de eventos climáticos extremos, con el refuerzo de su infraestructura y de sus comunicaciones, además de contar con cisternas de agua y reservas de emergencia de alimentos.

Ellas también funcionarán como escuelas rurales modelo, que entregarán capacitación en huertos de vegetales, producción de alimentos y manejo de agua, y en la prevención y respuesta a desastres.

“Debemos considerar la creación de bancos de semillas, materiales de re-siembra y medidas de bajo costo para recuperar sus infraestructuras y hogares. Esas medidas pueden realmente hacer una diferencia en minimizar las pérdidas y el sufrimiento tras una catástrofe,” señaló Collymore.