Santiago. Dos proyectos de la FAO están estimulando la agricultura familiar en las zonas altoandinas de Perú, Bolivia y Ecuador y en Centroamérica, Belice y Panamá mediante el apoyo a la producción, acceso y uso de semillas de calidad.

“La falta de acceso físico y económico a semillas de calidad es una de las principales causas de los bajos rendimientos de los cultivos alimenticios de los agricultores familiares. Estos proyectos contribuirán a que semillas de calidad sean accesibles por ellos”, señaló el representante regional de la FAO para América Latina y el Caribe, José Graziano da Silva.

El proyecto de Centroamérica se implementa desde marzo de 2010 en Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá, y busca aumentar la disponibilidad de semilla de calidad y certificada y permitir una mayor producción y productividad de granos básicos en los países.

A fines de julio se ha dado inicio a un proyecto similar en las zonas altoandinas de Perú, Bolivia y Ecuador, que buscará generar un incremento del rendimiento y la producción de tubérculos y granos básicos con la producción de semillas de calidad de especies nativas.

En total ambos proyectos beneficiarán a más de 266 000 familias de pequeños agricultores, que accederán a semillas de buena calidad que contribuirán a aumentar su seguridad alimentaria y sus ingresos económicos. Asimismo, se busca lograr la reducción de vulnerabilidad ambiental y la sostenibilidad de los sistemas de producción, a través del trabajo coordinado con las instancias gubernamentales pertinentes.

“Estos proyectos reconocen las características propias de los sistemas de producción de la agricultura familiar campesina, para fortalecer la generación y uso de semillas de calidad, sobre todo de especies nativas, y facilitando a los agricultores su disponibilidad a un precio asequible”, agregó Graziano.

Ambas iniciativas son financiadas por el Fondo España-FAO para América Latina y el Caribe con una inversión comprometida de aproximadamente 17 millones de dólares. La inversión permitirá elevar la producción y disponibilidad de alimentos en los países, incrementar los ingresos de los productores, y disponer de semillas de reserva para casos de emergencia.

Apoyos concretos. Los granos básicos como el maíz, frijol, arroz y sorgo constituyen la base productiva, económica y alimentaria de las familias campesinas de Centroamérica. Sin embargo, esos agricultores suelen manejar sistemas productivos agrícolas de alto riesgo y vulnerabilidad.

Ambos proyectos beneficiarán a más de 266 000 familias de pequeños agricultores que aumentarán su seguridad alimentaria y sus ingresos económicos.

“La escasa disponibilidad de semillas de calidad de variedades mejoradas de polinización libre y el limitado acceso que los campesinos tienen a ellas se encuentran entre las principales restricciones para aumentar la productividad y la rentabilidad de los cultivos de granos básicos en la región centroamericana”, explicó Luis Lobo, Oficial Técnico del Fondo España-FAO para América latina y el Caribe.

En Centroamérica, la FAO está trabajando con 1.088 organizaciones campesinas y comunidades agrícolas, que agrupan aproximadamente a 261 292 familias, y 19 redes de pequeños y medianos productores de semillas, las cuales están recibiendo capacitación en la cadena productiva de semilla y la autogestión empresarial.

Agricultura familiar. En las zonas altoandinas el proyecto apoyará la producción de semillas de calidad de papa, maíz, frijol, quinua y habas, que son los productos base de la seguridad alimentaria de la población andina y una fuente importante de ingresos para los productores locales.

“Estos cultivos de alto consumo tanto en áreas rurales como urbanas son producidos mayormente por pequeños productores de zonas pobres del altiplano. El uso de semillas de calidad es muy bajo, por lo tanto los rendimientos históricos también son muy bajos”, explicó Lobo.

El proyecto trabajará con más de cinco mil pequeños agricultores en los tres países, que serán capacitados en el uso y fomento de semillas de calidad en sus respectivas comunidades. Además, se trabajará con pequeñas empresas y organizaciones de semilleros, para insertarlas en cadenas productivas y capacitarlas en autogestión empresarial de especies nativas.

También está contemplada la puesta en funcionamiento de bancos locales estratégicos de semillas que constituyan una reserva para casos de emergencia en Bolivia, y acciones con instituciones públicas y privadas dedicadas a la producción y uso de semillas, que buscan facilitar los encadenamientos y procesos relacionados con el fomento y apoyo a la producción, conservación, almacenamiento, comercialización y uso adecuado de semilla de calidad.

“El fortalecimiento de los sistemas de semillas en estas zonas es esencial para la seguridad alimentaria y constituyen además una plataforma para el desarrollo de un sector agrario nuevo y moderno que contribuya eficazmente a la economía nacional”, concluyó Lobo.

Los proyectos de producción de semillas de calidad se articulan con otros proyectos de FAO, caso de los Programas Especiales de Seguridad Alimentaria (PESA) en Centroamérica, el programa regional para reforzar los impactos de las políticas públicas en la erradicación del hambre y la desnutrición crónica infantil, ambos con financiamiento español, y proyecto de fortalecimiento de la seguridad alimentaria indígena en Ecuador y Perú financiado por la cooperación neozelandesa.