Santiago. “En América Latina no se puede hablar de seguridad alimentaria sin hablar de agricultura familiar. Son dos temas que están íntimamente ligados”, señaló José Graziano da Silva, el representante regional de  la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) para América Latina y el Caribe.

Graziano da Silva afirmó que la agricultura familiar permite diversificar la base alimentaria de la población de América Latina y el Caribe, recuperar y valorizar el consumo de productos tradicionales - como la yuca, el frijol, y la papa - e impulsar las economías rurales.

Un estudio de la FAO y el BID del 2007 mostró que la agricultura familiar en Brasil producía el 67 % del fríjol, el 84% de la yuca, el 49% del maíz y el 52% de la leche consumidas en el país. En Colombia, cubría más del 30% de la producción de cultivos anuales, con una participación muy alta en maíz y fríjol. En Ecuador, este sector era responsable por el 64% de la producción de papas, el 85% de la producción de cebollas, y el 70% del maíz.

Sin embargo, como señala la principal publicación de la FAO, el Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional 2011, este sector de la agricultura aún requiere de políticas que aumenten su productividad y mejoren sus condiciones de inserción en los mercados de productos, insumos y financiamiento.

Entre los países que poseen políticas y programas dirigidos a la agricultura familiar se encuentran Argentina, Brasil, Chile, Costa Rica, El Salvador, Paraguay, Uruguay y Bolivia. Además, dos países cuentan con subsecretarías creadas específicamente para apoyar a este tipo de agricultura: Argentina y Brasil.

Una de las experiencias más conocidas es la de Brasil, que apoya el desarrollo de la agricultura familiar mediante una red de programas, entre ellos el de alimentación escolar, basado en una ley que exige que al menos el 30% de los recursos destinados a alimentar a los alumnos de colegios públicos se utilicen para comprar productos de la agricultura familiar.

Según la Secretaria de Desarrollo Rural y Agricultura Familiar de Argentina, Carla Campos, “la agricultura de pequeña escala es estratégica en la recuperación económica de nuestra nación debido a su presencia territorial, al abarcar todo el país, y a su diversidad en la capacidad productiva. Es una agricultura que reduce mucho la vulnerabilidad frente a los mercados y a las crisis internacionales.” (ver entrevista completa).

Campos señaló que la agricultura de pequeña escala representa el 75% de la mano de obra rural, a pesar de que ocupa el 17% del área sembrada. “Dependiendo de la región del país, representa desde 16% hasta 85% del valor bruto de la producción agrícola de cada provincia. Es decir, hay provincias en las cuales casi el 90% del valor bruto de su producción depende de la agricultura de pequeña escala”, explicó Campos.

Otro caso destacado es el Programa de Agricultura Familiar de El Salvador, dirigido tanto al productor de subsistencia como a aquel que ya tiene una conexión con el mercado. Al primero lo ayuda con intervenciones paralelas a nivel de hogar y de huerto, y al segundo lo apoya para que fortalezca su competitividad y sus conexiones con el mercado.

Gracias a estas políticas e instituciones se están atacando problemas estructurales que enfrenta el sector, tales como el acceso a los mercados, crédito, seguros y a la asistencia técnica.

Estas experiencias fueron analizadas durante el I Taller de Expertos sobre Agricultura Familiar, organizado por la FAO, a través de la Iniciativa América Latina y Caribe sin Hambre, que tuvo lugar entre el 3 y 4 de noviembre en Santiago de Chile.