Houston. El ex financista Allen Stanford fue encontrado culpable de conspiración y fraude por liderar una esquema Ponzi de US$7.000 millones que dejó decenas de víctimas en América Latina, lo que podría hacerlo pasar casi 20 años tras las rejas.

El fallo fue una victoria para el gobierno estadounidense, que cerró el imperio financiero de Stanford en febrero del 2009, pero que por años permitió que ese imperio funcionara en el aire.

El de Stanford es el mayor fraude financiero desde el incomparable fraude de Bernard Madoff.

Stanford, de 61 años, fue hallado culpable de 13 de 14 cargos criminales, incluyendo fraude, conspiración y obstrucción de una investigación de la Comisión de Valores estadounidense.

Sin embargo, el veredicto podría terminar siendo sólo un triunfo moral para las sus víctimas, la mayoría de las cuales no ha recuperado nada de su dinero.

La fortuna de Stanford se valoró alguna vez en más de US$2.000 millones.

Durante el juicio, que duró seis semanas, los fiscales explicaron cómo Stanford reiteradamente vaciaba el banco que poseía en Antigua, Stanford International Bank, usándolo como su "cajero automático personal".

El financista compró un castillo en Florida para una de sus novias. Tenía un yate en el Caribe y financió un premio de US$20 millones para un torneo internacional de cricket.

El testigo principal del gobierno, el ex asesor de Stanford James Davis, testificó que él y Stanford falsificaron documentos e inventaron reportes financieros para tranquilizar a sus inversionistas y engañar a los reguladores.

Canalizaron millones de dólares desde Stanford International Bank a una cuenta secreta en un banco suizo que Stanford destinó a su uso personal, según el testimonio de Davis.

Davis, de 63 años, se ha declarado culpable de tres cargos criminales.

Los abogados de Stanford presentaron a su cliente como un visionario que no estaba involucrado en las actividades diarias de su compañía.

Culparon a Davis por todos los fraudes y dijeron que el negocio de Stanford era viable hasta que, en febrero del 2009, el gobierno cerró Stanford Financial Group, en Houston.

Sin dinero, Stanford fue declarado indigente por la corte y su defensa fue pagada con fondos públicos.