“Su objetivo es proteger a los consumidores, pero en realidad exacerban los desequilibrios presupuestarios, desplazando partidas prioritarias del gasto público y deprimiendo la inversión privada, especialmente en el sector de la energía”, afirmó el FMI.

Según el informe elaborado por el organismo internacional de crédito, estas subvenciones destinadas a bajar el precio de la energía tuvieron un costo de US$1.9 billones en el 2011, en un 40% de los casos en los países desarrollados.

Para el Fondo estas ayudas benefician a los hogares más ricos, que reciben las mismas reducciones que los más pobres, lo cual exacerba “las desigualdades”.

Los tres países que más dinero dedicaron en el 2011 a los subsidios energéticos fueron EE. UU. con US$502 mil millones, China con US$279 mil millones y Rusia con US$116 mil millones.

El organismo internacional agregó a los afectos adversos de estas políticas sus consecuencias medioambientales, ya que alientan la “reducción de los recursos naturales” y distorsionan las políticas productivas.

Desde este punto de vista, su eliminación podría llevar a un declive de cerca del 13% en la emisión de CO2 y generaría positivos efectos de contagio al reducir la demanda energética global.